domingo, 28 de febrero de 2010

Caer...

Ahí iba yo en aquella oscura y fría tarde de verano. Caminaba a paso lento, a pesar de que todos iban en exceso rápido. Con un cigarrillo en mano y música en mi cabeza, procuraba no pensar en por qué tenía que ser así. ¿Por qué? Clásica pregunta, clásica respuesta: No sé. ¿Y por qué era necesario de fumar para poder pensar? Porque siempre fue mi clásica excusa, a pesar de que jamás me gustó el sabor de ese cigarrillo Marlboro Rojo. Sin embargo ahí estaba yo, tan presentemente ida como nunca antes, y no me importaba. Quería pensar, pero a estas alturas ¿ya para qué? Si siempre fui así, y posiblemente siempre lo sea. Y no podía admitir, ni siquiera aceptar, que yo siempre fui la causante de mis propios disgustos, siempre intenté auto sabotearme y auto lastimarme adrede. Entonces si ya lo sabía todo, ¿qué hacía en esa fríamente calurosa noche de enero ahí? Hacer el intento de comprender por qué no podía amar plenamente era obviamente estúpido, pues jamás habría respuesta que pudiese convencerme. Y me minimizaba, cada pazo que daba, era un paso en el que me hacía más pequeña, más diminuta, más insignificante. Y la gente me miraba, y supongo que en sus poco perturbadas mentes se preguntarían qué pensaba esa tan poco agraciada muchacha, y por qué tenía los ojos llenos de lágrimas. Y lo recuerdo vagamente, tan nublado como no es un día de verano. Sí, había terminado nuevamente una relación poco duradera. ¿Por qué era así? ¿Por qué lo soy? No entendía por qué me dolía tanto, si sinceramente yo fui la que propuso el rompimiento. Tal vez no nací para una relación de pareja, tal vez era y soy muy joven para entenderlo. Jamás más de dos meses, jamás. Y caía de un precipicio sin fondo alguno, y seguía cayendo, y jamás tocaba fondo. Jamás iba a morir, iba a seguir siempre en esa angustia de si algún día llegará el suelo firme y podré estrellarme finalmente. Caer y jamás levantarme, porque no sé volar, jamás supe. Y ahí estaba yo nuevamente, llegando a un lugar desconocido, con el cigarrillo a punto de apagarse... Pero ahí seguía, aspirando profundamente cada angustia, cada nostalgia y cada ternura que provocaban mis sentidos...

lunes, 22 de febrero de 2010

Dos años han pasado ya...

Recuerdos que nadie nunca jamás podrá sacar de mi mente, porque fuiste más que un familiar, más que un padre y más que un abuelo. Fuiste y sigues siendo alguien muy especial en mi vida. Y por más que ya no estés entre nosotros, seguirás ocupando el lugar que siempre ocupaste en mi corazón. Te amo con todo el alma papito de mi vida. Dicen que los abuelos suelen dar más amor que los propios padres, y éste fue mi caso. No me importa ser cursi, sólo me importa que tal vez, donde sea que estés, puedas leer esto y saber lo mucho que te extraño y te necesito. Sé que estás mejor ahora, que no sufrirás más, y eso me deja mucho más tranquila. Han pasado dos años, pero aún lo siento vigente en mi pecho y en mi ser, te quiero tanto. No me sale palabra alguna, tal vez no esté inspirada en este momento. Son tantos los escritos que te he dedicado, y tan pocos los que he hecho públicos. Pero tu sabes que te amo, y que no es necesario que los demás lo sepan, porque tú y yo lo sabemos bien. Eres una memoria, un recuerdo, una hermosa vivencia que jamás quiero olvidar. Dos años... Pero te quiero igual.

sábado, 20 de febrero de 2010

Última Parada: Empezando a Vivir

1. ¿Qué pasa con ella?
Ése día salió el sol. Era primavera desde hace ya un mes, pero recién comenzaban a brotar flores de árboles semi-calvos. Cinthia pensó que era un día diferente.
De pronto, todo eran niños. Todos en la calle eran hijos, con sus mamis de la mano, corriendo solitos; aunque también eran viejitos, con sus mamis detrás de ellos, invisibles, pero presentes. Era una procesión de familia. Cinthia estaba solita, mirando ése sábado familiar por la ventana…
Se siente bien, pero sola. A veces la soledad es una buena compañía, siempre y cuando no sea una soledad solitaria. Cinthia no puede acostumbrarse al hecho de estar sola.
Ése sábado de octubre con suerte todo cambiará, o todo quedará igual, pero peor no se podrá poner… ¿Segura? Tal vez, nunca se sabe en la vida de Cinthia. Justo cuando está segurísima de que todo será de una cierta manera, de repente todo se vuelve al revés, todo se voltea.
Su papá nunca llamó. Su mamá había salido con su novio a quién sabe dónde, seguramente regresarían tarde. Así que decidió ir al gimnasio, total, no tenía nada que perder, excepto algunas calorías consumidas hace 6 días.
Había decidido hacía unas dos semanas, que no volvería al gimnasio, porque le daba mucha flojera y nunca bajaba de peso. También había decidido dejar de comer hasta estar en el peso que quería. Estaba ayunando desde el domingo y se sentía bien, con un kilo menos, aunque por ratos un poco mareada, pero no importaba, bajaría de peso. Claramente estaba obsesionada con su peso, pero era algo normal en chicas de su edad. 15% de chicas jóvenes tienen tendencia a desarrollar algún tipo de trastorno de la alimentación. Cinthia decía que no era anoréxica. Nunca lo sería, por el simple hecho de que nunca dejaría de pensar en comida. Pesaba 69kg, medía 1.66. Tenía sobrepeso. También parecía de 17 años. Qué más da.
Caminaba al ‘Energym’ de Miraflores, a unas 12 cuadras de su casa: si hacía ejercicio tenía que ser completo, no tenía que tomar un carro hasta allá si podía caminar y ahorrar a la misma vez. Llegó 17 minutos después: eran las 10:53am. Decidió meterse en la clase de danza árabe. Allí dentro, eran puras viejas ¿Qué hacían mujeres de 40 años para arriba en una clase de danza árabe? ¿Qué acaso no les daba vergüenza? Entre todas esas señoras, había un señor, un maricón de unos 30 años. Cinthia sintió unas ganas de reírse, sólo sonrió. La profesora llegó puntualísima, a las 11 en punto. Era flaca, pero se le salían los rollitos por el pantalón de gimnasia, tenía estrías en la espalda y un piercing en el ombligo que combinaba con su ropa. Tenía un bonito corte de pelo.
La clase comenzó, algunas tías estaban sin zapatos. Cinthia no se los sacó, no porque no quisiera, si no porque no se había cortado las uñas de los pies y tenía miedo de que sus medias o sus zapatillas olieran mal. Todas las señoras (incluido el gay) tenían esas cosas en las caderas para bailar danza árabe, ésas que suenan, que hacen parecer que mueves algo, pero que en realidad no mueves ni mierda. Sonó la música. Estiramiento. Cinthia estaba con ropa muy floja, la próxima vez que fuera a esa clase, iría con algo más pegado, total, los sábados no iban chicos cueros. A mover las caderas. La profesora se reía, Cinthia no sabía si se reía porque le gustaba como bailaban o porque se estaba burlando de cómo bailaba ella. Siempre era así de paranoica, muchas veces estaba en lo cierto. Comenzaba a sudar; nadie más sudaba, qué vergüenza. Se le puso negra la vista por dos segundos, luego estuvo como mareada, así que paró por medio minuto, tomó agua y volvió a bailar. A diferencia de todas las veces que iba al gym, ése día no estaba roja tirando a morada, estaba algo pálida y tenía muchísimas ganas de vomitar. Aún así no le importó, total, estaba sudando, estaba quemando calorías, estaba adelgazando. La profesora se puso de rodillas, todas la siguieron, excepto dos señoras que se quedaron paradas, Cinthia sintió ganas de reírse una vez más. La profesora bailaba genial, se movía excelente, menos mal que los chicos del cole de Cinthia no estaban ahí, ya hubieran comenzado a hacer comentarios obscenos. La profe se tiraba para atrás, llegaba al suelo. Cinthia no llegaba tan atrás, pero llegaba más atrás que las otras viejas.La clase terminó, todas se quedaron conversando. Cinthia se fue, no conocía a nadie y quería llegar rápido a su casa para bañarse, encender el computador y ver si alguna de sus amigas virtuales había subido una nueva dieta.
Caminaba de regreso por una camino diferente, por el más largo y transitado. Terminaba pardo y cruzaba para la Arequipa. Cambió el semáforo a verde. Hoy no era su día. Mientras estaba ahí parada esperando a que volviera a cambiar el semáforo, vio que se le acercó un chico, algo indeciso y algo simpático, por qué no.
- Disculpa, te veía caminar y como eres una chica tan hermosa, quería pedirte un favor. – dijo el chico- Soy de la UTP, mira mi carnet, sólo que en la foto estaba más gordo.
- ¿Plata? No tengo plata – dijo ella tratando de librarse, estaba comenzando a asustarse.
- No, no, no es plata. Mira, te voy a contar la historia. Lo que pasa es que a mí me gustaba una chica, muy bonita, pero no tanto como tú claro. A esta chica yo la ayudé con matemáticas y con muchos otros cursos para ingresar a la universidad, fuimos novios en ese tiempo. Una vez que ingresó, me dejó y ahora está con un chico todo alto y musculoso –Hizo señas con las manos e hizo un gesto con la boca que a Cinthia le pareció totalmente desagradable, parecía un chancho flaco- Y me rompió el corazón. Justamente ahorita ella está con el chico y sus amigas, y te quería pedir de favor que me acompañaras aquí no más hasta el parque Kennedy y que me vieran contigo, nada más, como tú eres tan hermosa…
- Ah… Sorry, es que no es mi ruta, sorry – Cinthia estaba súper nerviosa, asustada, le sudaban las manos, quería correr y ya estaba a punto de irse.
- No, no, por favor, solamente acompáñame aquí a la esquina de McDonald’s, ellas están comiendo ahí, sólo quiero que me vean contigo. No te preocupes, ahí hay guachimanes, policías, hay todo, no te preocupes, como te veo un poco nerviosa…
- Bueno… Aquí nomás ¿Ok?
- Sí, sí, sólo tienes que hacer como que te despides y de ahí ya te vas a donde te tengas que ir.
- Bueno… - Comenzaron a caminar, era aproximadamente media cuadra, la cual se hizo eterna e insufrible.
- Y dime, estás en la universidad o algo.
- En el colegio – Estaba en shock, a las justas podía hablar, quería irse pero no podía, le sudaban las manos frío.
- Ah ya, y estás en cuarto o en quinto me imagino
- Estoy en tercero
- Entonces debes tener 14 o 15 años ¿No?
- Sí, 15 – Había mentido, tenía 13 cortos años.
- Ah, ¿Y no tienes dificultades en algunas materias? Porque yo sé mucho, ya estoy en quinto ciclo de la universidad.
- No, estoy bien en todo – Ya se habían parado en la esquina de McDonald’s, ella mirando para la pista, él para dentro.
- Y dime, ¿Cómo te llamas?
- Cinthia…
- Cinthia, qué bonito nombre. Oye Cinthia, como veo, vienes de hacer ejercicios, del gimnasio.
- Ajá…
- Ah sabes, el mejor ejercicios para mantenerte tu cuerpo en forma – ‘mantenerte tu cuerpo’ Dios, éste era un bajado del cerro, Cinthia lo comprobó – es con una escoba, en tu casa, ponerte a barrer; – comenzó a hacer como si barriera con una escoba imaginaria, qué vergüenza – y al barrer ejercitas brazos y todo. No estoy diciendo que lo necesites, estás muy bien así, pero yo te digo nada más. -¿Qué habría estado pensando al decirle eso a una chica que recién conoce? ¿Qué pensaría la gente? Cinthia gritaba interiormente ¡Trágame tierra!- Bueno mira, ya pasaron, eran ellas, no te distes cuenta –‘Distes’, que serrano, aprende a hablar pues hijito.
- Ya
- Ya Cinthia, gracias, por ayudarme, ¿Te puedo decir un poema?
- Bueno…
Qué serrano era éste, ¿Qué hacía ella aún ahí? El chico le estaba diciendo un poema, que ella no escuchaba, miraba de un lado a otro, queriéndose ir. Las chicas habían cruzado como llegando del parque Kennedy, ¿No que estaban en McDonald’s? Y de todo lo que él le decía, lo único que pudo escuchar fue algo como ‘tus aretes color rosa’ y ‘tus ojos caramelo’…
- Gracias Cinthia por ayudarme y por escucharme, te doy mi Messenger, por cualquier cosa. – rompió un pedazo de hoja de su cuaderno y empezó a escribir, se lo dio. Se llamaba Terry. - ¿Tú tienes Messenger?
- Sí, yo te agrego.
- Si, gracias Cinthia.
- Chau – estaba ya para irse, cuando él extendió la mano, a ella le seguían sudando las manos, así que rechazó la mano, hizo un chau con la mano – Chaup.
Se fue caminando rápido, al cruzar, prácticamente corrió. ¿En verdad quería que las chicas lo vieran con ella o solamente quería conocer chicas? ¿Realmente pensó que lo iba a agregar? Cinthia pensaba mil cosas mientras caminaba excesivamente rápido. Faltaba poco para la 1pm, su papá no la había llamado hasta ahora, qué aburrido iba a ser su día.
Su vida consistía en despertarse de lunes a domingo a las 6am, así no lo quisiera, se despertaba siempre igual; en ir al colegio de lunes a viernes, atender en clase, hablar mal de las personas con sus amigas, hablar mal de sus amigas con sus amigos, jugar, reír, fingir; los sábados se suponía que salía con su papá todo el día, y en las noches la devolvía a su casa en Miraflores cuando tenía alguna fiesta, o si no en Pueblo Libre, donde su abuelita materna. Los domingos generalmente tomaba desayuno con su abuelita, almorzaba con ella y su mamá y regresaba a su casa, para un nuevo lunes de chismes, juegos, trabajos bien hechos y actuaciones perfectas por su parte.
Tenía sólo 13 y sentía que toda su vida era una mentira, no tenía amigas reales, ni un enamorado perfecto, ni una mamá genial. Tal vez pedía mucho, pero así no pidiera nada, no lo tenía de todas formas. No tenía ni una sola amiga en la cual confiar: esas que te apoyan siempre, que lloran contigo, así sea sin lágrimas, sabes que está triste por ti, que la pone mal que tú estés mal; esas que te dicen sin malicia que te ves mal, y que te ayudan a verte mejor incluso que ellas mismas; esas que te cuentan las cosas como son, esas a las que no necesitas contarle todo para demostrar que son amigas, porque están en un punto en el que eso es lo de menos, en el que saben que ser amigas no significa siempre compartir secretos; esas que te dicen justo lo que quieres escuchar cuando estás mal; esas con las que puedes besarte sin que te llamen lesbiana; esas con las que puedes bañarte… De ésas no tenía ni una, ni la mitad, ni la cuarta parte: tenía miles de falsas amigas, de tontas superficiales, de personas normales. Es cierto que a veces ser normal resulta mejor que ser diferente. A veces ser diferente es mucho mejor que ser normal. Nada es perfecto.
De pequeña le decían que era especial, que era hermosa. Al crecer se dio cuenta de que sólo la habían sobrealimentado de mentiras y de comida. No era especial, era diferente; no era hermosa, era horrorosa. Tal vez no sea tan fea, ni tan diferente. Cinthia era triste, bonita, gordita y solita.

Llegó a su casa y se metió al baño de frente. Cuando quedó completamente desnuda, se quedó viéndose al espejo por minutos… Qué mal estaba ¿Por qué se había descuidado tanto? ¿Por qué su mamá nunca le dijo que parara de comer? Sí lo había hecho y no hizo caso, ¿Entonces por qué no la obligó a hacer una dieta súper estricta? Porque siempre que hacía dieta, ella se compraba helados, dulces, gaseosas en la tienda y tragaba compulsivamente. Se quedó pensando en por qué nadie la quería, en por qué peleaba tanto con su mamá. Comenzó a llorar compulsivamente y casi se cae de espaldas, estaba mareada. Así que de una vez se metió a la ducha, a seguir llorando dentro.Cuando salió se puso un jean negro apretado, un polo negro y una polera verde. Prendió el computador y mientras se iniciaba, se fue a la cocina: habían galletas de vainilla, de naranja, integrales de fibra e integrales de miel, mandarinas, manzanas, pan, gaseosa, yogurt, leche light, agua helada, limones y verduras en general. Agarró una taza con agua, la calentó y se hizo un café sin azúcar. Mientras buscaba las dietas, hablaba con sus amigas, veía fotos… Se aburrió, no tenía nadie especial con quien hablar, todos eran esos felices individuos que piensan que uno está mal cuando se pelea con su mamá, y que no puedes estar mal de la nada, que todo tiene que tener una razón… Aquí una buena razón mis queridísimos: Porque me da la puta gana de estar mal y listo, ¿Alguna objeción?Se echó a dormir… El timbre la despertó.
- Quien… - contestó por el intercomunicador media dormida.
- Soy Andrés, abre.
Andrés era su mejor amigo del colegio, aunque ya no tanto, desde que estaba con la perra de 2° de secundaria. De Andrés, Cinthia nunca esperaba nada, sabía que él nunca iba a cambiar, que la quería a su modo y que le jodía que ella esté mal, así que cuando lo estaba, simplemente se alejaba y le hablaba cuando se le había pasado ¿Un gran amigo cierto?
- ¿Qué hacías? – le dijo Andrés mirándola de pies a cabeza.
- Siéntate. – se sentaron, él en un sofá y ella en el otro, completamente alejados – Estaba durmiendo… ¿Qué hora es?
- Las seis… Hay que salir.
- Milagro que no estás con la polillona…
- No le digas así. Es que iba a salir con sus amigas.
- Para mí que está tirando en el cine con su hermano.
- Seguramente. Habla, un cache, aquí no más, rapidito.
- Vete a la mierda.
- Vamos a buscar a Rafael y a Renzo.
- Ya, ya…
Salieron. Rafael estaba en 2° de secundaria y Renzo en 4°, pero en otro colegio.
Al estar juntos todos, fueron al parque. Sonó el celular de Andrés, era su enamorada que le decía para salir. Al final quedaron en que Alexia (su enamorada) y una amiga de ella iban a ir donde ellos, para hacer algo así como una cita triple.
Se demoraron poco más de una hora en llegar. Caminaban lento, regias, flacas, perfectas. A Rafael se le paró la pinga al ver a la amiga de Alexia, que se llamaba Cristina. Comenzaron a fumar, a conversar, a reírse. Cinthia se sentía más desubicada que nunca. Al final Andrés se quitó con Alexia a quién sabe dónde, y Rafael se fue con Cristina a cachar a su casa. Quedaron Renzo y Cinthia solos.
- Oe Cinthia, ése pantalón te saca un culazo…
- Cállate…
Se sentaron en una banca y se pusieron a conversar de cosas sin importancia. Renzo abrazó a Cinthia. Se besaron. Se volvieron a besar. Se besaron y se besaron mil veces más. Cinthia tenía que irse, su mamá llegaba a las 10 y eran más de las 9, Renzo la acompañó. Mientras caminaban, paraban de rato en rato para besarse, él la ponía delante, la cogía por la cadera y hacía que ella le tocara con la mano ahí abajo, encima del pantalón…. Estaba durito. Llegaron finalmente y se despidieron con un beso con lengua, Cinthia comenzó a besar un poco más rápido.
- Tranquila flaca – dijo él. Cinthia se avergonzó
- Que fue
- Yo te estoy besando todo suavecito y tú como que quieres otra cosa – Cinthia se sintió una perra.
- Qué sentido tiene besar con lengua si besas rápido… Aprende a besar
- Ya, tranquila.
Se volvieron a besar y Cinthia entró a su casa.

Pasaron 3 días, en los que Cinthia sólo se había comido algunos chicles sin azúcar y el jugo de un limón una mañana. Estaba pesando 67.8, una maravilla para ella, su panza de rata había desaparecido y sólo quedaba una barriga un poco grasosa, pero no hinchada. Sin embargo, se sentía cada día peor, no hablaba con su mamá desde el sábado en la noche, que tuvieron una pelea.
Resulta que cuando llegó ése sábado a su casa, su mamá estaba ahí, esperándola. Le preguntó dónde estaba, y ella le dijo que había salido con Andrés. Pasa que le habían dicho a su mamá que la habían visto fumando en el parque con unos chicos. ¿Por qué la gente es tan mala? ¡Consíganse una vida! Cinthia lo aceptó y le sacó en cara que ella también fumaba, que qué ejemplo le daba. La pelea duró más de una hora, con gritos y golpes. Su mamá le dijo que no era su mamá y Cinthia le dijo que era una puta y se rió a carcajadas, le pegaron más fuerte.
En ésos días ella no podía explicar su pena, su soledad. Se había alejado de todos en el colegio, ya no podía fingir ¿Qué le pasaba? Sus amigas virtuales le decían que era porque no comía, que era normal que se sintiera así. Tal vez fuera cierto, pero no en ella. Cinthia siempre fue así, bueno no siempre. Sus crisis comenzaron a los 12 años, de la nada. Ése sentimiento de no saber ya para qué seguir, si fin de cuentas, todos tienen el mismo final; la sensación de vacío, de no tener a alguien que te llene por completo; la presión en el pecho; las ganas de desaparecer…Su único sustento era su cuaderno. Hace algunos meses lo escribía todo en su computador, pero le entró un virus y perdió todo lo que tenía. Perdió lo único que la hacía sentir que realmente existía… Ése día intentó suicidarse. Desde entonces sólo escribía en su cuaderno, lo escribía todo. Si alguien veía ése cuaderno, debía morir, o ésa persona, o Cinthia, pero nadie podía saber lo que ella pensaba, sentía, sufría.
Faltaba poco para el quinceañero de Alondra, la fiesta del año, la que Cinthia esperó desde enero. Desde enero también se había prometido bajar de peso, y lo único que hizo fue engordar y engordar, hasta su etapa de mayor peso en julio: 76kg. Después de eso en agosto se metió al gimnasio y bajó a 71, pero nadie lo notó. Tanto esperar, ahora faltaban tres días para el sábado 24 de octubre.
El jueves Cinthia fue a comprar con su mamá el vestido a Magdalena: La situación en casa era crítica, mamá aún pagaba deudas y encima de todo, tenía que hacerse su chequeo anual de cáncer, porque tenía miomas en el estómago… Así que no podían gastar mucho entre vestido, zapatos, peluquería, regalo, etc.
Entraron a una galería que se llamaba ‘Malena’. Comenzaron a buscar vestidos, pero casi todas las tiendas estaban cerradas. Llegaron a una, había varios, con mangas, sin mangas, cortos, largos. Todos estaban feos. Entraron a otra galería, ahí vieron muchos vestidos negros: justo lo que Cinthia quería, algo que disimulara su obesidad. Se probó tres: El primero era muy escotado y le hacía ver demasiado busto; el segundo era muy pegado y se le notaba la barriga y la marca del calzón; el tercero la hacía ver gorda (qué novedad). Al final su mamá decidió por el tercero, Cinthia no tenía opinión. Estaba pálida y sudando. El vestido era lindo, aunque muy largo: en V, amarrado al cuello, negro con una pretina debajo del busto con brillantes plateados y negros, lo demás caía suavemente en A, no apretaba y disimulaba bien. Cinthia odiaba el vestido.
En lo que quedaba del jueves, el viernes y el sábado, Cinthia comenzó a comer compulsivamente. Comía todo lo que encontraba a su paso: cereales, fruta, pollo, pan con queso, jugo, chocolates. Comía sin parar, no tenía fondo, comía y comía. Lloraba. Ya no le importaba nada, comiera o no, no iba a cambiar en nada para la fiesta, iba a estar gorda, con un kilo más, con un kilo menos, se vería igual. Lo que no tomó en cuenta era que comiendo así como lo hacía no iba a subir sólo un kilo. El sábado pesaba 72kg, 5 kilos más.
Como era de esperarse, Cinthia lloró, gritó, se golpeó la cabeza contra la pared más de diez veces. A la noche, se fue a Ripley a comprarse unas sombras de ojos rosa. La chica que vendía dijo que por unas sombras y un delineador la maquillaría para la ocasión. No iban a perder la oportunidad. La chica la maquilló perfecta. Al llegar a su casa se planchó el cabello ella sola: su mamá se negó a gastar más en peluquería. Se vistió y se puso las pantis, no le subían. Estuvo casi 15 minutos tratándose de subir las pantis, se corrieron un poco, inmediatamente agarró un esmalte trasparente y lo pasó por donde se había corrido para que no se siguiera rasgando. Estaba empezando a sudar. Terminó y llenó su cartera: pases, brillo labial, mentitas, celular, kleenex, y su inhalador para el asma, uno nunca sabía. Se puso su chal y una casaquita negra, y se fue con su mamá al Restaurant Oriental, en San Isidro, donde se realizaría la fiesta.
Al llegar salió Andrés a recibirla, saludó a su mamá y entró con Cinthia al local. Se sentaron en una mesa, con una chica más. Todos quedaron mirando a Cinthia. En ese momento pensó que tal vez estaba realmente bonita, o que tal vez todas estaban realmente horrorosas. De una manera u otra, todos los chicos se sentaron en la mesa de Cinthia.



---------------------------------- ¿Está bueno?----------------------------------------------
-------------------------------------------------------------------------------Fran-------------

domingo, 14 de febrero de 2010

Un Paraíso Aparte, cap 12

12. ¿Es Perfecto?

A mí tus ojos me enseñaron a volar,
Y tu boca me dan ganas de besarY tus manos me tocaban,
Me elevaban al espacio
Ya no sé qué pasaba,
Me desconectaba de todo lo que había alrededor,
No sabía que pensar ni qué decirte mi amor,
Te extrañaba desde antes de colgar. – Poyo Segovia.

El mismo día que llegué, en la tarde llamó Lucas. Me preguntó cómo había estado el viaje, hablamos cerca de media hora, o quizás un poco más. Fue muy dulce al llamar el mismo día, incluso quería irme a recoger al aeropuerto, aunque eso fue cuando aun pensaba que tenía 17. Pero en realidad nada había cambiado entre nosotros, justo como lo prometió. Era perfecto para mí, sentía que estábamos destinados a unirnos, a en algún momento ser enamorados reales, con besos y abrazos. Recuerdo que un día de esos soñé con mi primera vez, era con él en una cama con sábanas azules. Y todo era perfecto, yo tenía el cuerpo perfecto, al hombre perfecto, en el momento perfecto, ¿qué más podía pedir? Pero sólo fue un sueño, sueño que mil veces quise volver a soñar, pero que nunca más se repitió.

Y así pasaban los días en mi vida, con mensajes lindos de Lucas, llamadas a las once de la noche, te quieros y te amos. De verdad sentía que él me quería, que se preocupaba por mí. Y yo estaba muy confiada en nosotros, Ariana había terminado definitivamente con Lucas, y él me había dicho que la había dejado de amar estando con ella, entonces tenía el camino libre. Tenía un camino libre de Ariana, aunque ella aún lo llamara por teléfono, sabía que a él le jodía, me lo demostraba. Él se encargaba de demostrarme día a día con sus mensajes de texto, lo mucho que me quería. Me hacía estar más dispuesta a bajar de peso, a verme bien para él y sólo para él. El verano estaba pasando, todo había pasado perfecto: bien con Andrea, bien con Lucas, bien con mamá, no había otra cosa que pudiese pedir. Todo estaba en orden, aunque un principio de anorexia amenazaba con arruinar mi estado emocional grave y casi irremediablemente.

viernes, 5 de febrero de 2010

'Lo que perdì...'

Sé que he perdido muchas cosas: mi orgullo, mi dignidad, mi respeto, mis buenos escritos, mis palabras inocentes, entre otras muchas cosas más. Sé que he perdido a muchas personas, y no porque hayan fallecido, las perdí de mi vida, y no las puedo encontrar. Perdí porque yo quise, porque la rabia se apodera de mí, y me dejo pisotear. He perdido a aquel que creí ser mi primer amor, lo perdí y nunca pude darme cuenta si de verdad fue el que ahora considero el primer amor. Perdí algo que nunca tuve. Perdí el amor a la vida; pero ella también me perdió, se olvidó de mí. Tengo tantas ganas de ser otra persona, de no recaer en todo aquello que he vivido. Pero esta soy yo, cambiante e inconstante. Lloro ahora, aunque sé que por la mañana estaré de buen humor. La noche es mía, no tengo que impresionar a nadie, tengo que ser yo, humana y por lo tanto sensible. ¿Dime quién estará ahora? Sé que todos estarán. Porque mi mundo falso se redujo, y ahora puedo estar segura de que sólo tengo conmigo a aquellos que quiero, y sé que me quieren sinceramente. Y como dije, lamentablemente en el camino he perdido a algunas personas que sí quería en mi vida. No hay nada que pueda hacer. La vida, como todos dicen, continúa. No siento ganas de desaparecer de la faz de la tierra, pero tampoco siento ganas de sonreír. Claro, eso se puede solucionar con un par de citas más con la psicóloga. Pero, ¿sabes algo? No quiero que se solucione. Me gusta esto: ser feliz por todo un día, y en la noche poder pensar, sacar todo aquello que llevo dentro sin molestar e incomodar a nadie. Todos ganamos, así no me guardaré nada, no tendré nada con lo cual poder explotar y cometer errores nuevamente. Graves errores. Sigo en una hermosísima e incómoda confusión. Aún me falta mucho por recorrer, muchas personas plásticas por conocer, y muchos corazones por ganar. No pienso huir de mi pasado, de mis recuerdos, de mis canciones especiales. Esta soy yo, esta fui y esta puedo volver a ser sólo si yo quiero. Pero demostré fortaleza, y la puedo seguir demostrando porque quiero y puedo. Soy fuerte por más débil que me vea. Las letras antiguas ya no causan más efectos en mí, más que recuerdos. Sí, aún recuerdo cómo pensaba y por qué. Aún lo entiendo, pero no lo comparto. He perdido mis ganas de vivir, y aún no las recupero. Pero he ganado nuevamente la batalla. Me libré nuevamente de lo que pudo ser una triste despedida. Después de todo, también perdí mis ganas de morir…

Cuando es como deberìa ser

No pretendo dar lecciones de vida. Por el simple hecho que yo no sé vivir. ¿Quién sabe? El punto es que no me canso de no llegar a un punto fijo; sin embargo me aburre dar siempre pasos en falso. Pero, quién sabe, quizás las cosas sucedan como tengan que suceder. Supongo que siempre tendré a alguien a mi lado, así sean pocos. Pero, aun así, volver a mis tiempos de anonimato, volver a mi invisibilidad absoluta, volver simplemente, me asusta en cierta forma. Y ahora la soledad está aquí, y la siento como compañera, como amiga. La soledad y yo somos una sola. Muchos me consideran como amiga. ¿Se habrán puesto acaso a pensar en lo que es la amistad? Puedo con orgullo decir que amigos tengo menos de tres, y verdaderos amigos, bueno, de esos sí tengo tres. Y si sumamos, ¿con qué me quedo si no hay casi nadie aquí? Y ahí surge la soledad absoluta, los pensamientos absurdos y no tanto, el verdadero encuentro conmigo misma, con lo que verdaderamente soy. Pero como dije, nunca me quedo sola por mucho tiempo, como la mayoría de las personas. El punto es, sencillamente y para mí, que nunca debo acostumbrarme a nada, porque simplemente, las cosas siempre cambian sobre mí y en mí. La vida tiene tantos colores, y tantos matices de grises que resultan imposibles de contar. ¿Cuántos matices de colores vives en un solo día? Y como dijo el gran Andrés Calamaro: ‘La vida es una cárcel con las puertas abiertas’. ¿Qué estoy esperando para huir de esa fría, húmeda y espeluznante celda? ¿Una salvación divina? ¿Qué tanto me costaría abrir la puerta? Mi marca personal: inseguridad y necesidad de protección. Pero el paquete vino completo, mi mamá no podía elegir: bonita, inteligente, pero que no tenga tendencia a la depresión y no sea rebelde y dependiente, por favor. No, claro que no. Las cosas son tal cual como deben ser, sin más ni menos. Sin más alegrías, sin menos tristezas y con mucha, pero no demasiada, soledad. Esta es mi vida, y finalmente, yo decido. Y decido hacer lo que yo quiera hacer.