miércoles, 21 de abril de 2010

Digamos versatilidad

Nada malo pasará hoy, hoy será un gran día, hoy sonreiré, hoy todos me querrán, hoy sacaré buenas notas, hoy participaré en clase. Y al salir de casa, ¡oh, sorpresa! la calle mojada y llena de neblina hicieron postergar sus deseos de ser alguien normal. Sólo por hoy, se venía repitiendo desde que inició el invierno. Llegó temprano, como siempre. Ahí estaban aquellos chicos mayores que ella, pero menores en madurez, según quisiera pensar. Un día común y corriente, con clases aburridas, con profesores exigentes... Nada más divertido que eso: exigencia y competencia. Sí, claro, como si ella fuese una mente brillante. No, no lo es, no merece estar sentada junto a los más inteligentes. Pero, seamos sinceros, hay que esforzarse para triunfar. ¿Quién michi quiere triunfrar con este frio del demonio? Pero, como siempre, deja de atender la clase y comienza a navegar en su mundillo de aburrición. Ya no está aburrida, ahí está el chico más lindo y tierno que ha conocido. Abre los ojos nuevamente. Ahí está su amiga: la que tiene cintura pequeña, la que es feliz todo el día, la que es divertida, la que lo conoce más. ¿Por qué ella no puede ser así? No, no puede entrar envidia en ese pequeño corazoncito. Ella tiene que amarla, porque su amiga es muy buena amiga. No puede enojarse por un chico. Pero si hace un par de días le gustaba otro chico, y no el 'más lindo y tierno', y hace unas semanas le gustaba el 'más alto y fiel'. Podría llamársele versatilidad, por no decir... Prefiero no mencionarlo. Lo único cierto aquí es que ella simplemente tenía un vacío inmenso de amor que pretendía, creía, simulaba llenarlo con miles de gustos imposibles. Pero tal vez la tercera sería la vencida. No, él nunca se fijaría en ella. Y ella siempre estaría enamorada de aquel pequeño chico grande de las tardes de julio del 09.
FIN

martes, 20 de abril de 2010

Otoño que parece invierno.

Hoy hace frío después de muchos meses. Hoy siento que es un día como esos, en los que como en tiempos pasados, pretendía ser feliz, y al llegar a la soledad todo se derrumbaba. Mis manos se congelan, aún siento como si estuviese en el 2009, que desesperación. Es como si pensara todavía que tengo que cambiarme e ir al gimnasio, y que mañana tendré clases en ese mismo colegio. Pero no, ya no estoy ahí, no quiero recordar, NO QUIERO.... Y siento como si a las cuatro hubiésemos quedado en vernos, como si él fuese a tocar el intercomunicador y yo decir '¿Quién?', y él responder '¿Hola?'. Pero es imposible, jamás pasará de nuevo, jamás se repetirá la historia. Jamás volverá aquella tormentosa pero hermosa historia. ¿Qué? ¿Estás loca? ¿Quieres volver a todo el drama de antes? Hoy sí quiero, hoy quiero volver a verlo, volver a ella, volver a no estar... Mis pies están helados, sin embargo no uso pantalón, sigo con aquel vestido de algodón. Simple, verde, y muy pijama. Supongo que ni siquiera escribir bien puedo ya. Y es que lo extraño, extraño mi ignorancia, mis ganas de autodestrucción. Necesito no saber que nunca me quisieron, necesito volver a ilusionarme. ¿Por qué rompieron el cristal de mi vida? Ahora no tengo a dónde ir. Y la Biblia no me ayudará en estos momentos, porque simplemente necesito recordar y sentirme mal recordando. No, no necesito un psicólogo, necesito mi vida anterior. Quiero dormir, soñar, al menos recordar y trasportarme a aquella época, no hace mucho. Recordar es volver a vivir, como dice la canción. Qué más da. No da más. Es un corazón que late mejor que antes. Es un cerebro que quiere menos, o quizás más, que antes. Me duele el estómago, hace mucho frio. No, no quiero ir a Paracas, no quiero que se vaya a Trujillo. Todo era lindo hasta que la soledad volvió a entrar. Vuelve el papel de pisada. Tengo frío, así que tengo derecho a volver a vivir. Recordar...

jueves, 8 de abril de 2010

Vacío y huelga.


Dicen que la realidad no existe si no es observada. Supongo que esta es la razón por la cual la realidad en la que yo vivo no existe: porque nadie la observa. Pero yo la observo, ¿o sea que existe en mí? Eso sería lo más "razonable" en este mundo de locos. Y no sé en dónde leí que los lugares vacíos tienen un ambiente especial. Sin ser egocéntrica: ¿será eso lo que los demás ven en mí? ¿Es por eso que piensan que soy "especial"? Claro, ¿por qué otra cosa sería? Porque estoy vacía -Con una excepción grande: God- Pero vacía finalmente. Porque el vacío que siento es humano, sentimental, imposible de ocupar. Porque este vacío que me hace especial, me hace tan poco especial a la vez. Porque no tiene motivo, porque no tiene sentido. Nada tiene sentido, es un mundo irreal, porque no es observado. Y que esté claro que este vacío no tiene significado. ¿Qué imagen se pasa por la mente cuando lees la palabra "VACÍO"? A mí se me viene algo negro, tal vez un tunel, todo negro, hueco, sin fondo, sin inicio, sin final. Así es como uno llega a sentirse. Ni mitad lleno, ni mitad vacío. La sociedad vive empujándonos, presionándonos, obligándonos a avanzar. Y no digo que esté mal, pero ¿en qué momento tendremos tiempo para nosotros mismos? ¿Antes de dormir? ¿Por qué uno no puede tomarse un día para meditar? ¿Alguna razón más?Basta de presiones, basta de juicios, basta de cosas que te atrofian el alma. Supongo que estoy en huelga, una huelga de unas cuantas horas, porque mañana tendré que levantarme nuevamente a hacer lo que una persona tiene que hacer. A hacer lo que la sociedad me obliga a hacer. A darle dinero a mis profesores, a quitarle dinero a mis padres. Y pensar que en unos años este rol se acabará. <> Le dije un día a una nueva compañera de vida. <<¿Y por qué no dejas que llenen ese vacío?>> Me dijo mi compañera querida. Y es que ese vacío no lo puede llenar una persona, ese vacío no lo puede llenar Dios, ese vacío está diseñado para ser lo que es: vacío y punto. Pero mi boca siempre pronuncia palabras que no pueden ser debidamente escuchadas. Sólo aseguraría que no estoy en proceso de destrucción. Soy una especia de ser "biodegradable", que con el tiempo se va desvaneciendo, hasta desaparecer. Metafóricamente, espero. Tan sólo déjame ver algo más que un rostro, una sonrisa tal vez falsa, quiero ver un alma, un espacio vacío que no se pueda llenar. ¿O soy la única? No importa, los chicos aman a las chicas felices. Las chicas aman a los chicos felices. Moriré soltera, o me casaré con algún despistado que se guíe ciegamente de mi ser "especial" que en realidad quiere decir vacío. La mujer de hoy vive esclava de su físico. Yo no, por eso soy "especial" y no "linda". Ahora lo entiendo todo. Finalmente llegué a un punto en el cual ya nada importa, tan sólo las personas reales, las personas casi normales con las que me rodeo. Y me gustaría dejar en claro que no necesito sentirme mal para escribir. Supongo. Y también me gustaría esclarecer el hecho de mi huelga: estoy en huelga de personas normales. ¡Aléjense bichos normales! ¡Déjenme ser un ser vacíamente especial! Y ojalá llegue algún día a ser una realidad ante los ojos de la gente desprevenida.

lunes, 5 de abril de 2010

Encontrémonos en la esquina...

- Tengo que contarte mil cosas Andrea, pero se me hace muy difícil por correo.
- Yo también, hay tantas cosas que suceden en este colegio...
- Necesito un abrazo.
- Yo te lo daré Fabiola.
- Eres mi mejor amiga, lo sabes, ¿no?
- Y tú la mía, lo eres desde antes que te conozca.
Así, una tarde poco calurosa de Abril, nuevamente, Fabiola extrañaba a muerte a Andrea. Y viceversa. No podían vivir sin hablar al menos una vez al día, era ya una cuestión de dependencia y amor. ¿Quién dice que no se puede amar a un amigo? Lo escuché hace algunos días, y sigo pensando que no es cierto. Y como un profe dijo: El amor no es un sentimiento, es una decisión. Y Fabiola decidió amar a Andrea igual que a sí misma. Porque en el fondo eran una sola.
- ¿Encontrémonos en la esquina?
- Dime cuándo y la hora e intentaré estar ahí.
¿Por qué tenían que vivir en países diferentes? ¿Por qué la vida aleja a las personas que más amas? Porque tal vez así aprecias más, amas más, necesitas más. Aunque ya todo tiene un límite.
Qué lindo sería salir y pararme en la esquina de siempre, y verte llegar ahí, con tu pelo corto y liso, y ¿por qué no? con Martinoni. Se me hace día a día más difícil estar aquí, rodeada de gente menos artificial, pero nadie es como tú. Sólo contigo no acabaría mal.
Así que aquella tarde Fabiola y Andrea decidieron encontrarse en la esquina de sus casas respectivamente, una en Perú y ora en Chile. Y pasaron la tarde juntas, conversando, recordando, riendo y soñando. Porque juntas la vida era una hermosa ensoñación...