miércoles, 30 de junio de 2010

Fiama

- Podríamos intentarlo, dejar que todo fluya...
- Yo también lo creo. - Dijo Fiama.
Pero Joel no sabía aquello que Fiama sentía por él, o tal vez sí. Porque Fiama no sentía amor, pero estaba a punto, al borde de empezar a enamorarse. Tristemente sabía que jamás sería correspondida por un chico tan guapo y requerido como Joel, y sería peor de aquí a un par de años, cuando se hiciese más famoso de lo que ya era.
- Fiama, con todas las chicas es siempre lo mismo, pero cuando te beso, cuando te siento cerca, es como que hay algo más, algo más que sólo atracción. Los besos no son solo besos, hay cariño, hay aprecio. Te quiero.
¿Si esto no era una declaración de amor, entonces qué era? Pues nada, no era nada, porque Fiama jamás podría descubrir lo que de verdad sentía él por ella. Tal vez era sincero, pero nada podía cambiar eso, porque él siempre estaría con chicas por sexo, bueno siempre y cuando no tenga enamorada. En fin, con Joel nunca se sabe. Y con Fiama, uf, con Fiama menos.
Pasaron los días, entre conversaciones muy poco duraderas e insignificantes, y Fiama llegó al punto de no saber ni querer saber nada, ya estaba cansada de hacerse ilusiones, cuando todavía faltaban unos seis meses  y un poco más para que pudiesen ser algo. De nada servía romperse la cabeza, porque era obvio lo que él hacía: gilear con chicas, coquetear. Sí maldita sea, Joel es un maldito coqueto, guapo, sabe lo que tiene. Tiene un ego sobre los límites de lo alto, y unos labios deliciosos. Ok, no. 
Aquella tarde en aquel parque poco transitado, fue la mejor de todas. No, sin duda hubieron mejores, pero estar a solas, después de tantas cosas sucedidas era simplemente hermoso y mágico. Momentos que jamás regresarán, piensa Fiama.
Mejor no ilusionarse, como le pasó antiguamente con Leo, mejor dejar que todo suceda como debe suceder. Porque como le dijo una gran amiga y compañera de vida, su preciosa Cassandra, "Lo que es tuyo, es tuyo". Y bueno, si es que en caso Joel sea para Fiama, y viceversa, ambos lo sabrán. Sin embargo duele la ilusión, duele la decepción. Y lo peor de todo: nunca aprendes de tus errores.

lunes, 28 de junio de 2010

Jamás encontraré a otra igual

  Una vida buscando ser diferente, buscando que esa soledad inminente me hiciese una persona fuera de lo común, de esas que las ves y dices: Jamás encontraré a otra igual. Siempre viví pensando que ser diferente significaba tener problemas diferentes a los demás, tal vez una soledad excesiva, una manera muy exéntrica de pensar, o tal vez algún trastorno de la personalidad. Y hoy me doy cuenta de mi error. Siempre pensé que ser diferente significaba no ser feliz eternamente, no sonreír a pesar de todo... Pero me equivoqué. Tampoco soy de las personas que sonríen fingiendo que todo está bien, cuando todo está patas arriba. No miento con emociones, no puedo, lo siento. Hoy no soy feliz, pero tampoco soy triste, ¿para qué catalogar un sentimiento? No, simplemente no se puede. Y si quiero ser diferente, puedo jurar que lo soy, al menos el ego es tan alto que quiero creerlo, o quiero hacértelo creer. Y los felices individuos también deben creerse diferentes. Y tal vez simplemente por el hecho de poder escribir, tal vez por ese simple hecho sea diferente. ¿Tan importante es? Sí, sí que lo es. A pesar de todo sigo sin entender quién o qué es lo que soy, qué es lo que me hace especial,  qué es lo que me hace querer ser especial. Sigo tratando de comprender por qué es que tengo amigas tan especiales, amigas diferentes, de esas que las ves y dices: Jamás encontraré a otra igual. Ellas son únicas, no entiendo cómo es que las encontré. Pero a la vez la soledad, maldita soledad, que no me deja en paz. Pero estoy tranquila, estoy tranquila obviando problemas, evitando soluciones, en fin... Volviendo a lo de ser diferente, ¿cuál es la definición de ser diferente? No lo sé, pero sigo esperando ese gran sueño que tengo, esperandolo a él, a esa persona que no existe tal vez... Pero, como escuché en una película, ¿acaso conoces algo que dure siempre? O, por ejemplo, en una de las mejores películas que jamás vi (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), cuando Joel por más que hace que la borre de su mente y de sus recuerdos, no se borra el sentimiento, y ella igual, nunca es lo mismo. Es por esa persona, esa persona a la cual vez y dices: jamás encontraré a otra igual, con ésta pasaré el resto de mi vida. Quisiera creerlo... En fin, no lo sé, creo que no necesito tener un trastorno mental para ser diferente, porque simplemente soy un desastre de la naturaleza y me encanta serlo. Amo a la gente loca, y curiosamente soy un imán para ellas. Al final llegué justo a donde no quería llegar, a hablar de lo que no me encanta hablar (amor), y a terminar incoherentemente, supongo que así soy yo, una persona a la que indudablemente mirarás y NO pensarás: jamás encontraré a otra igual. Paz.

lunes, 7 de junio de 2010

Café

- ¿Café?
- Sí, por favor, bien cargado y con tres cucharadas de cianuro. Gracias.
Todo lo que sube tiene que bajar. Y cuando estás en el punto más alto, en la cima de todo, la caída es más directa, más dolorosa, más trágica. ¿Superar? ¿Superar qué? Si no hay nada que superar, si todo sucede hasta donde tú te lo permites. Pero qué más da, si al final el ser humano siempre busca de una manera u otra su auto destrucción. Porque busca el camino más fácil, la manera menos trabajosa de desaparecer, y tapar ese vacío enorme con tal vez una buena noche de juerga. Estamos perdiendo el sentido de auto conservación, ¿qué hacemos por remediarlo? Nada, porque sinceramente nos encanta vivir así. Bueno, generalizo. El punto es que ya es suficiente de desear mil cucharadas de cianuro en una tasa de café, es suficiente de desear con todas tus fuerzas que éste sea tu último día. Ilusión, decepción, ilusión nuevamente, y saber que después de eso se viene otra decepción. Y así es la mente humana, ya sabe lo que vendrá, pero sigue ahí. Al menos mi mente es así, ¿anormal? ¿Qué es normal? ¿Quién? Sabes lo que viene, pero sigues ahí de pie, frente a un nuevo dolor. Pero no piensas alejarte, porque te gusta, porque ¿quieres sentirte mal? No es justo, ¿no? Pero me cansé de buscar soluciones, dejaré simplemente que todo suceda, a pesar de que todo sea tan predesciblemente tonto como para poder evitarlo. Aunque por otro lado, en alguna parte leí que la resignación es el suicido cotidiano... Creo.