sábado, 11 de septiembre de 2010

Eres mia

Salí de mi casa a las 5:30pm, el camino en bus eran unos quince minutos, llegaría tarde, pero con la seguridad de que él todavía no estaría ahí. Lo conozco, conozco su impuntualidad. Pero, aunque suene raro, me encanta esperarlo, llenarme de nervios, dejar que el viento me despeine un poquito, y que él me vea ahí parada, esperándolo. Esperándolo, como siempre lo hice.
Llegué diez para las seis, esperé un par de minutos con los audífonos puestos, escuchando the nicest thing - Kate Nash, y sí, esa canción siempre me gustó para cuando se trataba de él.
Ni bien terminó la canción, con esa frasesita hermosa I wish that we could see if we could be something, alguien me tomó de la cintura, me dio un beso y me abrazó. Era él, no lo había visto llegar, no le había sonreído al verlo dos metros lejos.
- No te vi llegar - atiné a decirle.
- Entré por atrás - me dijo mirándome de pies a cabeza. Hizo una seña de aprobación - que bonita estás.
Caminamos como siempre, en dirección al parque de siempre. Llegamos a nuestra banca predilecta, pero nos adelantamos un poquito y nos fuimos a otro parque. Nos sentamos y nos pusimos a conversar de él, como de costumbre. Luego me preguntó por mí, por cómo iba la relación con mis padres y hermanos. Mencionó muchas, muchísimas veces el hecho de que ya tenía dieciséis y era una señorita, que me veía muy linda y que amaba mi cabello, mi olor, mis ojos, mis cejas y mis besos.
Nos besamos un largo rato, hasta que comenzó a hacer un frío infernal (sí, suena algo irónico decir infernal cuando hacía frío, en fin). Y no era para menos, estábamos en julio. Nos abrazamos muy fuerte, y me dijo de nuevo, como dos años atrás: "te diría que quiero pasar una noche contigo, pero ya lo hicimos".
Y en mi cabeza no dejaba de sonar la frasesita esa Look, all I know is that you're the nicest thing I've ever seen, and I wish that we could see if we could be something... Yo siempre quise algo con él, y había sobrevivido a la necesidad mortal de hablarle de aquello, de decirle que no quería ser un beso más. Sobreviví por miedo a perderlo, no fui a la guerra por miedo a salir herida. Así no iba a perder nada. Pero Ricardo era una de las cosas más bonitas que me habían pasado, después de Israel, claro está.
- ¿Te dije que estoy viviendo sola? - Le dije.
- ¡Carajo Amber! Te felicito pues...
- No quiero dormir sola esta noche
- Ay Dios Santo - dijo haciendo un sonido que indicaba que mal pensaba todo, pero estaba bien, yo lo dejaba mal pensar siempre.
- ¿Estás libre esta noche?
- Siempre estoy libre para ti
- ¿No irás donde tus amigos?
- No Amber, prefiero una noche contigo. Ellos pueden hacerlo sin mí.
- ¿Qué traes en la mochila?
- Me iba a quedar en la casa de Alonso, entonces traje un lompa un boxer y otro polo.
- Preciso, ¿no?
- El destino, como aquel día en el que no sabía si acercarme a ti o no.
- Lo mejor.
- Me cago de frío Amber.
- ¿Nos vamos?
Nos levantamos y nos quedamos abrazados besándonos unos minutos. Enseguida caminamos de la mano hacia el paradero, donde él siempre me dejaba. Esta vez era diferente, todo sería diferente porque había empezado diferente: no lo esperé mucho, no lo vi llegar, no nos sentamos en la misma banca, y finalmente, no me regresaría sola a casa.
Tomamos un bus que estaba casi vacío, y nos sentamos y nos pegamos mucho para darnos calor. Me levanté y le dije al conductor que bajaba en aquel paradero, Ricardo salió detrás mío. Caminamos tomados de la mano sin decir palabra alguna. Finalmente llegamos a mi pequeño apartamento. Abrí la puerta.
- Bienvenido.
- Wow Amber, qué rico
- Acá dentro no hace frío
Nos sentamos en el sofá a ver televisión, preparé café y serví unas galletitas. Abrazados, terminamos de ver la película, por primera vez. Momentos después fuimos a la cama, estábamos cansados. Yo sabía que no iba a ir más allá, no en nuestra primera noche de invierno juntos. Al menos quería eso.
Me recosté, él entró al baño y salió en "pijamas", el cual constaba de su boxer y un polo. Se tiró encima mío y me susurró al oído: Eres mía.