miércoles, 7 de diciembre de 2011

Prohibido

Ahí estaban nuevamente, aquellos amantes perdidos, aquellos desafiantes de las leyes del orden y del espacio, aquellos ahora desconocidos... En aquella habitación, sin saber bien si deberían besarse o simplemente dormir, pues estar ahí era una simple coincidencia, o algo parecido. Ivan sabía que no debía hacerlo, sabía que quizás, si la besaba, podría arruinar lo poco o lo mucho que les quedaba... Arruinar esa eternidad, tan sólo con un beso...


Y se moría por besarla, por volver a besar aquellos rosados labios que fueron suyos alguna vez; pero que ahora estaban completamente denegados.
¿Y ella? Ella lo adoraba, lo adoraba aún así no pudiese acercarse a más de 10 centímetros, porque sabía que la tentación sería muy grande...



- Eres tan hermosa Cassie, tan hermosa...
- Te amo


Se acercó a 5 centímetros de ella, y sintió que perdía la respiración. 


- Siento que no puedo respirar, eres prohibida.
- No me beses, hagamos las cosas bien.


Sin embargo, Cassie sabía bien lo que debía hacer. Porque lo sentía, sabía que no era el momento, sabía que aunque se muriese de ganas de besarlo, no debía. ¿Por qué? Una respuesta sin fundamento que jamás podré dar. No ahora.
Se abrazaron tan fuerte, con tanto amor, con tanta alegría de al menos tener la dicha de estar juntos nuevamente. Se amaban, se amaban como muy pocas parejas de esta vida. Amor verdadero, de esos que no muchos encuentran.


- Te amo tanto Cass, te amo más que a nada en esta vida.
- Te amo muchísimo... - dijo con una lágrima escapando de sus enormes ojos miel.
- Cásate conmigo, por favor, cásate conmigo.
- Una y mil veces mi amor...


Fue entonces que finalmente ambos sintieron que tenían aquel permiso, digamos "divino", de poder besarse, de poder amarse plenamente.
Se miraron fijamente, con los ojos resplandecientes, que casi podrían haber iluminado la oscura habitación. Y rozaron suavemente sus labios, en besos lentos y delicados, que con el pasar de los segundos fueron tomando una extraña forma apasionada, que dejaba a relucir su tristeza, amor, y lo mucho que se habían extrañado desde la última vez que pudieron estar juntos.


Era tan inexplicable cómo hacía tan sólo unos meses ellos habían tenido la plenitud de amarse, la libertad de caminar tomados de la mano y dormir juntos sin remordimiento alguno, y que esta noche, lo único los atara era un amor "prohibido"...
Los besos aumentaron, y con ellos la temperatura de sus cuerpos. El deseo surgió como el sol en un tierno amanecer de verano. Y sin timidez alguna él la despojó de su blusa roja, roja como la sangre que aún hacía latir a ese par de corazones.


Se prolongaron los besos y aquellas caricias sobre las prendas aún puestas, sin remordimiento alguno. Aquellos cortos y suaves gemidos de deseo, aquellos que ocultaban vagamente las enormes ganas que tenían de poseerse el uno del otro nuevamente, como en los viejos tiempos.


Iván comenzó a recorrer sus grandes manos por el cuello de Cassie, bajando por sus suaves pechos, acariciando su dulce estómago, y finalmente aterrizando en aquel monte de venus, tan suyo antes, tan suyo esta noche. Desabrochó los dos botones de su ajustado jean, mientras que con la otra mano tocaba y besaba sus senos. Y pudo descubrir aquella ropa interior roja, que le pareció adorable, y no dudó en sumergir su mano dentro de ella. Un siseo se escuchó, le encantó sentir aquella humedad que tanto había anhelado en esos días, y con el amor más grande del mundo, comenzó a acariciar esa flor prohibida como la manzana de Adán y Eva.


Ella, mientras tanto, iba acariciando el suave abdomen de su hermoso amante, y con sus uñas haciendo que se le pusiera la piel de gallina, causando esa sensación de estremecimiento total, de deseo, de descontrol. Lentamente bajó su cremallera, bajando su ropa interior hasta encontrar aquel monumento que reiteradas veces la había hecho temblar. Y cuando finalmente su sedosa mano logró posarse, él se estremeció, soltando un gemido tan masculino como ninguno.


Continuaron tocándose durante largo rato, entre palabras entrecortadas como "me encantas" y "te amo", la ternura fue apagándose, y siendo reemplazada por morbo y agresividad, sin dejar de lado el inmenso amor que aumentaba con cada gota que expedían sus cuerpos.
Poco a poco fueron quedando completamente desnudos, observando, él, los hermosos pechos de aquella mujer que nuevamente volvía a ser suya. "Lámeme toda" susurró ella. Ivan, sin pensarlo dos veces, tomó su pequeña oreja y lentamente, fue llenando su cuerpo de esa deliciosa saliva que él tenía.  Lamiendo sus pezones, sin dejar de tocar su flor, él se embargaba de deseo y excitación. Bajó suavemente, jugó un momento con el arete que ella llevaba en el ombligo, y finalmente reposó, tal cual su mano, en aquella rosada rosa...
Gemidos que lo único que hacían era deleitar los oídos de Ivan, sintiendo una felicidad inmensa por poder volver a complacer a esa hermosa mujer de cabellos castaños. 


Degustó su sabor nuevamente. Y volvió a sentir que podría quedarse allí toda la madrugada. Amaba ese exquisito brebaje, dulce sin empalagar, tan delicioso como ella misma.
Y bruscamente introdujo un dedo, haciéndola retorcerse de placer. Y con el otro dedo, comenzó a acariciar aquel pequeño agujero, haciendo así, que Cassie tomara una almohada y se tapara el rostro; y no por vergüenza, sino para atenuar así aquellos alaridos que estaba por soltar. 
Hasta que no aguantó más, y con la voz temblorosa, le pidió que entrase. Obedeció al instante, ansioso por volver a formar parte de ella.


Lentamente, fue ingresando por aquel húmedo túnel, que todo este tiempo, ella había guardado para él. Y al mismo tiempo, gimieron de satisfacción, de placer, y por qué no, de amor y felicidad.
Y esos movimientos suaves y lentos, fueron tomando intensidad y rapidez. Se volvían locos, eran uno solo y disfrutaban de la misma manera, como pocos amantes logran hacer. Y a movimientos sincronizados, se fueron elevando entre las más hermosas nubes del deseo y del morbo, de la pasión y el éxtasis, de la saliva y el sudor. Escuchando las hermosas melodías de sus voces, de sus susurros, uniéndose en cuerpo y alma una vez más, disfrutando al máximo aquella madrugada.


Rápido, rápido, fuerte y rápido. Sentir cómo entraba y salía era algo que a ambos les quemaba completamente el cerebro, superaba totalmente expectativas y pensamientos. Pues hasta lo más sucio era superado en esa cama, en esa noche, en esa soga imaginaria que los envolvía y no les permitía volver a separarse. 
Una fuerte explosión de sensaciones, hizo que ambos se separaran bruscamente, y él pudiese soltar todo lo que llevaba dentro; y por su lado, ella también. Sonrieron pícaramente, con los ojos más enamorados del mundo y se besaron profunda y tiernamente. 


Sin pensarlo dos veces, los besos nuevamente fueron incrementando en pasión, una pasión insaciable. Volvieron a ser uno. Ella bailándole encima, en esas danzas que lo envolvían y lo llevaban a otro mundo, estrujando y meneando, volando ambos por los cielos de la excitación. Amándose, acariciando sus cuerpos. Besos. Besos de ternura, caricias en el rostro, miradas enamoradas. Media hora más y ya estaba a punto de amanecer. Nuevamente concluyeron su danza felices, viendo cómo la luz empezaba a entrar por las cortinas... Habían hecho el amor hasta el amanecer, como en los viejos tiempos. Y abrazados, cerraron sus ojos y soñaron juntos. Y en dos deseos, lo único que pudieron pedir es que se les concediera esa oportunidad nuevamente. Pero que esta vez, pudiesen ser libres de amarse, no sólo en una habitación de hotel.


Y no fue hasta la mañana siguiente que la conciencia les recordó lo que habían hecho. Ninguno estaba atado a otra persona, ninguno estaba siéndole infiel a nadie. Tan sólo a una promesa.
Sin darse cuenta, por una noche de amor intenso estaban perdiendo aquella última oportunidad.
No importó, no debieron amarse esa noche, pero nada, absolutamente nada les quitaría el amor vivido aquella madrugada.
Salieron de la mano, soñando lo que nunca más volvería. Y al despedirse, supieron que ya todo había acabado, y que tal vez, nunca volverían a ser uno solo.


"Las lágrimas más amargas que se derramarán sobre nuestra tumba serán las de las palabras no dichas y las de las obras inacabadas." - Harriet Beecher Stowe (1811 - 1869)





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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Incoherente

En una cápsula invisible, se encerraba día a día con su memoria convertible, en un lugar calmado y ansioso de respuestas. Buscaba encontrarse con sí misma y con ese demonio que acechaba su conciencia día a día, con ese fantasma que la obligaba a lastimarse, con esas voces del recuerdo, con esas voces del futuro, con esa conciencia inexistente y ese remordimiento incesable.
La de la mirada perdida y la sonrisa fingida se encontraba una vez más esperando a aquel amor que suele traer la primavera no habida, a ese florecimiento que jamás traerá el otoño, a ese calor que jamás le brindaría el invierno, a ese abrigo que jamás un verano le podría causar.
Una historia de amor jamás contada, una tristeza nacida antes que ella misma, un vacío que no es vacío. Absoluto silencio.
Convirtiéndose en un animal sigiloso se arrastraba por los bosques de las avenidas y analizaba a los ratones de tuberías, comiendo mariposas y vomitando cucarachas, trepaba por los árboles de los edificios y lloraba en las montañas de las azoteas. Lágrimas de cocodrilo, tan reales como ninguna.
Pensando en el futuro del pasado, en el presente del futuro y en el pasado del presente. Divagando entre dejar de ser o continuar no siendo. Orando al Dios no habido por un sentimiento incondicional y un abrazo fraternal. Nadando en la profundidad de las piletas se encontraba ella recogiendo monedas de oro que jamás podría cambiar. Maldiciendo a los maldecidos y bendiciendo a los bendecidos, retorciéndose entre crucifijos y pentagramas, luchando contra ángeles y demonios, contra sí misma y contra ella. Seduciendo a sus deseos y a su conciencia, mujer de una sola pareja.
Entre melodías silenciosas y silencios ruidosos, volaba en los cielos de la Iglesia con alas de papel prendidas en fuego, con lanzas de agua y mangueras se cemento.
Se movilizaba en incoherencias y en soledades, en remordimientos y pensamientos que jamás podría coordinar. Y moría en la sala de partos y renacía en el cementerio. 
Incoherente la bella dama regresaba con el peor reflejo, completamente abandonada en una casa de paja y una cama de oro, a dormir con los ojos abiertos y pensar en voz alta en lo deprimentemente feliz de su día, que en realidad había sido un año. Con lágrimas de sangre y heridas de lágrimas, durmió eternamente la incoherente niña de colores gris.

jueves, 6 de octubre de 2011

Perfidia

Cuando abres los ojos, ves el sol y por primera vez dices: hoy no quiero levantarme. Cuando lloras mirándote al espejo, lloras en la ducha y lloras al almuerzo. Cuando dejas esa ira atrás y sólo queda ese tonto pensamiento de "quizás no vale la pena vivir". Cuando extrañas a personas que tienes a 20 minutos de distancia. Cuando sientes que ya nadie se ocupa de ti, aunque quizás no sea así. Cuando lloras escuchando canciones felices, canciones tristes, instrumentales. Cuando lloras viendo fotos, gente, vídeos.  Cuando no te interesa verte bien. Cuando estás todo el día en pijama sin ganas de salir. Cuando aquel nudo en la garganta no te permite hablar. Cuando tu único medio de comunicación es un computador. Cuando tienes miedo de expresar cómo te sientes porque quizás te hagan sentir peor. Cuando tienes todos los malestares de un resfrío, pero estás más sana que nunca. Cuando a la única persona que ves es a tu familia en un portaretrato. Cuando las lágrimas caen peor que lluvia en Cartagena, y ya no sabes qué hacer para detenerlas. Cuando escuchas y escuchas canciones que lo único que hacen es torturarte.  Cuando truenas tus dedos, y sientes que tus huesos no resistirán 50 años más. Cuando no reconoces tu reflejo, y vez a alguien con una mirada triste y extraviada. Cuando te sientes perdida y ya no sabes qué camino tomar, pues ya los tomaste todos y ninguno te llevó a nada bueno. Cuando recuerdas el dolor pasado, y éste se suma a tu dolor presente; y todos juntos hacen un dolor casi mortal. Cuando sólo desearías caminar bajo la lluvia, escuchando algo que te ayude a despejarte; pero no puedes, porque ya es primavera y la felicidad debe florecer. Cuando te sientes cagada, hundida, sumergida. Cuando sabes que estás decepcionando a quienes más odiarías decepcionar. Cuando te sientes estúpida de llorar tanto, de pasar siempre por lo mismo mes a mes.  Cuando simplemente desearías arrancar todo sentimiento y quedarte neutra por un tiempo. Cuando no exiges nada más, simplemente que alguien te ayude a calmar este dolor, porque ya es bastante obvio que sola no puedes. Cuando no lo pides, pero necesitas que alguien te llame; así sea la vecina de la esquina, sólo necesitas oír la voz consoladora de alguien, de alguien que quiera ser tu ángel salvador por unos cuantos minutos. Cuando sientes que Dios te ha abandonado, aunque sabes que Él sigue igual de presente que nunca. Cuando te sangra la nariz y te enfermas de la garganta de tanto llorar. Cuando quieres comerte un litro de helado de chocolate, y a la vez no quieres comer nada. Cuando sabes que quizás no pudiste encontrar el modo de hacer feliz a alguien. Cuando piensas que eres inútil, y que quizás fracases en todo lo que te propongas. Cuando se te olvidan las metas y propósitos que tenías en tu vida. Cuando dejas de pensar que hay personas que te aman, porque sólo quieres que alguien te lo demuestre. Cuando te demuestran amor, pero tus lágrimas no te dejan ver. Cuando escuchas canciones como "El amor de mi vida - Camilo Sesto", y te sientes idiota y patética, y a la vez triste porque sigues sola tecleando. Cuando ves a aquellos peluches que te acompañaron durante esas noches de llantos, pero te sientes incapaz de tomarlos y abrazarlos, porque sabes que pronto te derrumbarás más de lo que ya estás, y quizás nadie logre unir tus piezas. Cuando lloras y se te irrita la nariz y te arden los ojos, pero no puedes parar. Cuando a pesar del tiempo aún se siente el dolor del olvido, el dolor de la muerte, el dolor de la perfidia. Cuando desearías llorar por una fiesta cancelada, y no por una depresión anticipada. Cuando ya no puedes más. Cuando nadie te regala rosas. Cuando nadie te abraza. Cuando nadie te dice que te quiere. Cuando nadie te escribe cartas. Cuando nadie te busca. Cuando nadie te llama. Cuando nadie te visita. Cuando no sabes si alguien te extraña. Cuando necesitas una amiga, un novio, una madre y una abuela, pero a duras penas te tienes a ti misma. Cuando entiendes que alguien se cansará de ti, y aceptas que es lo que tarde o temprano pasará; pero ésta eres tú y hierba mala nunca muere. Cuando suena música clásica y te sientes inmensamente triste. Cuando ves tu guitarra igual de abandonada que tú. Cuando los problemas parecen evaporarse, pero aún te siguen doliendo. Cuando todos piensan que estás bien, cuando en realidad tu alma se está desintegrando. Cuando ves objetos especiales y te da miedo tocarlos. Cuando te sientes incapaz de abrir tu Biblia...
Cuando todo parece ir bien, pero tú te vienes abajo. Es cuando más necesito sobreponerme, es cuando más necesito de alguien porque me he tragado mi orgullo y he podido admitir que sola simplemente no puedo.
Cuando mi NickName es Perfidia y nadie logra entender por qué. Es cuando mi alma se tortura y se oscurece; y yo simplemente necesito ver una luz que me diga que todo volverá a ser como antes, o quizás mejor.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mil palabras de dolor y arrepentimiento.

Y aún me parece como si fuera ayer cuando sonreía sin motivo, hacía amigos sin interés y vivía el momento sin esperar un futuro. Aún me parece ayer cuando no vivía de problemas ni de recuerdos, sino vivía de mis barbies y mis cuentos.
Recuerdo que pensaba que la luna era mi amiga, puesto a que me acompañaba a donde quiera que vaya. Era tan inocente, tan tierna, tan pura, tan sin pecado alguno…

Y hoy, quince años después de haber vivido, veo aquella pared gigante que me separa del mundo y de los que amo, o alguna vez dije amar. Aquel  “Muro de Berlín” que mantiene distante de quienes más necesitan sentirme… Siempre fui una especie no identificada de ser humano, de esas personas de buenos sentimientos y malos actos, de esas hermosas basuras, de esas bellezas vomitivas. De esas, de esas que jamás pensaste conocer y te encantó, pero de las que quizás te arrepentirías de haber conocido.

Quizás hoy pude abrir los ojos después de quince años de mirar sin ver. Y me pude dar cuenta de que quizás mis padres jamás vuelvan a ser mis padres, de que un matrimonio unido por la Dios lo separó el hombre y de que ambos hicieron sus vidas nuevamente, sin pensar en mí y en mi dolor. He podido ver que ya no soy aquella niña que no hace nada y consigue cosas, aquella a la que le compran cosas caras y le conceden sus amables peticiones; porque me convertí en caprichosa y malcriada.  He comprendido que ya no me regalarán miles de juguetes en Navidad, y que quizás muchas personas ya no quieran saber nada de mí, porque ya crecí. Qué curioso, ¿no? Mientras más pequeña eres más te quieren. Y entonces creces, y se olvidan de ti y tú te olvidas de ellos, y jamás exististe, porque ya no eres más la “gordita curiosa”, ahora eres un prospecto de mujer con un cuerpo ni obeso ni anoréxico. Ahora veo que yo no soy el centro del universo, pero cómo me encantaría que corrieran a verme cuando lloro, como cuando tenía meses de nacida; cómo me encantaría que celebraran una sonrisa e hicieran fiesta de una oración bien elaborada. Pero he crecido y ya a nadie parece importarle las pequeñas cosas que hago, ya nadie parece hacer grandes mis pequeñeces. Nadie excepto él, y es a él a quien trato peor que a nadie. Ya nadie me prepara comidas especiales para mí, ya nadie hace helado de lúcuma sólo para mí, ya nadie me prepara desayunos especiales, ya nadie me abraza y me toca los cachetes (cosa que siempre odié), ya a nadie le parezco buena niña, ya nadie tiene un buen concepto de mí.

¿Por qué? ¿Por qué tuve que crecer? ¿Por qué tengo que luchar día a día conmigo misma? ¿Por qué deseo tanto ser mejor persona, si al final nadie me querrá como antes? ¿Por qué intento superarme y superar aquellos vacíos del pasado, si a fin de cuentas es un vacío que nadie podrá llenar porque no debe ser llenado? ¿Por qué espero que sólo una persona me saque de este foso en el que estoy metida tan profundo, si yo no hago el menor intento por subir si quiera una grada de la escalera que me tienden? ¿Por qué extraño tanto a mis mejores amigas, si siempre me he considerado una persona solitaria? ¿Por qué necesito tanto amor? ¿Por qué?

La noche se va profundizando y mis pensamientos se van agilizando y mis dedos no responden a la misma velocidad de mi cerebro, por ende no llego a coordinar palabras ni frases completas, por ende me he vuelto vidente y predigo que este texto será un poco complejo y fácil de entender.
No quiero que mi historia se pierda en un blog, o en un cuaderno, o en un libro, o en una simple historia contada por personas que no saben. No quiero que mi historia deje de ser una historia; porque eso de que todos tienen una historia que contar es mentira, porque mi historia es distina, porque soy diferente, porque soy especial… Especial a mi manera.
Y tengo miedo, porque siento que con esta rabia que manejo mi vida se irá volviendo común, que mi vida se volverá como la de aquellos mundanos que no conocen nada, ni a Dios, ni al amor de verdad, ni a una amistad de verdad; y son seres mediocres. Porque sí, siento que hay muy pocas personas especiales en el planeta, y que conozco a la mayoría.

Sé que con mi comportamiento poco a poco iré alejando a muchas personas. Mi propia madre me lo ha dicho. Pero también sé que con mi carisma, naturalidad y transparencia acercaré o volveré a acercar a muchas otras. Soy como una goma de borrar: la parte roja (y la más grande) borra bien, pero la parte azul borra mal y deja mancha. Es así, por una parte puedo robar sonrisas y provocar buenos sentimientos, pero por otra puedo herir.
Peor aún es que al madurar, me he vuelto más consciente de mis acciones. Aquello me ha hecho darme cuenta en el preciso instante en el que hablo mal, hiero o mato con mis palabras. Y me doy cuenta, pero simplemente no he madurado lo suficiente como para dejar de ser impulsiva. Me dejo llevar por mi ira y tristeza. Porque es tristeza convertida en ira. Porque jamás aprendí a hablar el idioma del entendimiento.
Desprecio personas que no conozco, miro mal a transeúntes y conductores. Me estoy volviendo un ser despreciable.

Esta no soy yo. Esta no es la Francesca que tiene Fe, la Francesca que sonríe y que llora, pero que no odia a nadie. Esta no es la Francesca que odia su figura pero intenta mejorar, la Francesca que tiene ganas de vivir un futuro especial y único, la Francesca que sabe que tiene un don especial. Estoy perdida y no encuentro mi camino a casa. 

martes, 20 de septiembre de 2011

Reflexión

A veces tengo miedo de escribir algo que no les guste a las personas que amo, porque quizás siento que me dejarán de amar. Soy insegura  e insoportable. Y a pesar de serlo, aún tengo personas a mi lado.
Hoy por ejemplo, no quise escribir sobre algo que sabía que le jodería a más de uno. Entonces se me ocurrió escribir sobre esto mismo: el miedo a decepcionar a los demás.
Es un alto miedo que he cargado conmigo toda mi niñez, pubertad y adolescencia - o lo que queda de ella -.

De pequeña solían compararme con mi prima menor: mírala, ella es delgada, es delicada, casi no habla. Mientras que yo hablaba hasta por las puras, era gordita, tenía unos cuantos modales, pero la delicadeza no era una virtud mía. Y aunque no lo crean,comparar es algo que siempre va a influir en la vida de un niño. 

Hoy mi más grande miedo es quedarme sola, aunque supongo que ya lo estoy. Miedo a decepcionar a mis amigas, a lo que fue y ya no es, a mi familia; básicamente todos reunidos son lo mismo. Tengo miedo de decepcionar a mi familia.
Mi papá me pidió ayer que no lo decepcionara. ¿Cómo no hacerlo papá? Tienes una hija problemática, alguien bonita que se lo cree a medias, alguien que no sabe usar su inteligencia, alguien de buenos sentimientos ocultados tras una capa protectora.
Tengo miedo.
Hoy no quiero decepcionar a nadie, pero sé que inevitablemente en algún momento lo haré. Porque es así, soy imperfecta. ¿Entonces? Entonces supongo que, como ya me han dicho, quienes se queden para siempre serán quienes realmente te amen a pesar de las miles de decepciones que les puedas causar.
Me han decepcionado innumerables veces innumerables de personas, y yo decidí por quién valía la pena seguirlo intentando y por quién no. Así que supongo que será lo mismo de parte de los que amo, ¿verdad?
¿Y qué si se alejan? ¿Y qué si me abandonan? Tengo un miedo intenso a que eso suceda. Inevitablemente ya ha sucedido, y sigue sucediendo. Aún así no estoy sola, pero aún así tengo miedo.
Algo que tengo muy en claro es que a pesar de que sea inevitable decepcionar a las personas, puedo disminuir esas posibilidades, puedo ser yo misma sin dejar de ser aquello que ellos esperan de mí.
Dar un poco más no es mi costumbre, siempre he sido un ser conformista y complejamente simple. Nunca antes se me habría cruzado por la mente disculparme e intentar hacerlo mejor esta vez. Nunca hasta que me enamoré de verdad.
¿Enamorarse de verdad? Sí, incierto y complicado, pero verdadero. ¿Raro no? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
Siempre oí decir que el amor te cambiaba por completo. Yo cambié, el amar a alguien con tal intensidad me hizo mejor persona (imagínate cómo era antes de enamorarme, ¡un desastre!), me hizo valorar más a mis amigos y a mi familia, e incluso a mí misma.
Jamás podré entender qué es lo que pasó. Fue algo extraño, quería sorprenderlo día a día, quería cocinarle, hacer cosas por él, evitarle molestias... quería ser cada parte de su vida.
Sé que me equivoqué, puesto a que todos merecemos nuestro espacio. Pero como dicen muchos ¡el amor no viene con instrucciones! Y no soy perfecta, lo siento.
El punto es que a pesar de mis errores e inmadureces, maduré. Vi la vida desde un nuevo punto de vista, uno que jamás había pensado existiría. Comencé a intentar mejorar en casa, cosa que aún está en camino. Comencé a intentar cumplir más con mis hermanos, cosa que sigue en pie. Comencé a intentar ser agradable, aún sigo intentándolo. Comencé a cambiar para bien, comencé a perder ciertos miedos y a ganar ciertas virtudes.
Siempre, en la corta vida que llevo, fui alguien fría y superficial. Al mismo tiempo era sumamente profunda y meditaba cada dos minutos. Era un balance que me mantenía tibia, inestable, depresiva y voluble.
Hoy me he dado cuenta que he crecido, que ya no soy más aquella niña que llora por una discusión, que ya no soy aquella que sufre por un amor no correspondido, que ya no soy aquella que se deja pisotear por quienes quiere, que ya no soy aquella que deja a sus amigas por su novio, que ya no soy aquella que se enoja si no recibe una llamada, que ya no soy aquella que espera demasiado de los demás. Y aunque he cometido errores irreversibles, sigo aquí queriendo intentarlo de nuevo y no darme por vencida.
Mi temor sigue aquí, ese miedo escalofriante porque te digan: me decepcionas... Pero, ¡dale Fran! La vida está llena de tropiezos y de decepciones, de amistades y de peleas, de relaciones y de rompimientos. Y aquí estoy para seguir aprendiendo, seguir edificando para que de aquí a unos años ya no siga buscando lo que busco hoy, sino que lo tenga firme.
Quizás sea apresurada al hablar, pero sé que tengo amigas para toda la vida. Lo sé porque lo siento, lo sé porque las amo. Y sé que hay amigas que amo hoy, que quizás mañana ya no ame.
También sé que no tengo un mejor amigo, y que probablemente no lo tenga hasta que encuentre alguien lo suficientemente inteligente como para ofrecerme amistad sin enamorarse. 
Aún no sé si encontraré más amigas para toda la vida, puesto a que dicen que las mejores amigas se conocen en la niñez-adolescencia. Tampoco sé si la persona que tanto amé y juré amor eterno será quien me vea despertar cada mañana.
El futuro es tan incierto. Dios nos da los caminos y nosotros escogemos cuál tomar. Y aquí estoy, intentando tomar el mejor camino: el camino a la felicidad.
Hoy ya no tengo tanto miedo de que a alguien quizás no le guste leer esto. Pues sé que quien me quiera estará, quien sienta perderme y no quiera hacerlo luchará por mí. Porque yo soy fuerte, y tú eres fuerte, y las personas que amo son fuertes y valientes, y por eso mismo las amo.
Me siento tan dichosa de a pesar de estar sola no estarlo. Me siento tan dichosa de ser feliz de saber que tengo no un hombro en quién llorar, si no varios. Sí, los cuento con una mano, pero los tengo. 
Estoy feliz, feliz de acabar este escrito como cada otro que escribo siempre: sin saber de qué hablaba en un inicio. Feliz de haberme dado cuenta a lo largo de estas palabras que jamás estaré sola, que el amor no es algo único de pareja, que el amor existe, que amo la vida.
Hoy ha salido sol, y es un hermoso día para volver a empezar de nuevo y ser mejor persona.
¿No te gustó lo que escribí? Tienes todo el derecho a que no te haya gustado, no soy perfecta. Pero no, ya no me molesta.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Inmortal

Hoy tan sólo quisiera pedirte que te quedes, que me acompañes una noche más. Hace frío y estoy sola, sola como siempre, sola como nunca, sola como no lo había estado hace un poco menos de un año. Y aunque por dentro muera de ganas de no perder esta batalla, por dentro sigo muriendo por luchar contra mi lucha, eso mismo, mi lucha misma.
Y en medio de la sobriedad y la embriaguez pensaba en ti, en aquel saludo, pensaba en ti y en tu cabello, en aquellos labios. En ti, como siempre hice, como siempre haré inevitable y tristemente. Es así. 
Después de despedirme de ellas, aquellas nuevas y futuras compañeras de penas y tragos, de melodías y gente... después fue cuando emprendí un camino y tomé un rumbo diferente. Exagero. Tomé el bus con mi última lata de cerveza en mano, aquella que mi madre dice que parece mezclada con agua por lo suave que es.
Caminé y caminé hasta llegar a aquel lugar. Vestida con un sobre todo beige, jeans y converse, caminaba sintiéndome importante por sobre todos los transeúntes. Sí, yo lucía extrañamente hermosa, y sí, llevaba una pena enorme en el alma. Si tan sólo hubiese sabido que esto pasaría... si tan sólo hubiese pensado que todo terminaría de esta manera. Lo hubiese hecho una y otra vez con tal de volver a abrazarte, a besarte, a unirme a ti, a tomar tu mano y pensar que jamás tomaría otra mano nuevamente... Tanto te amé.
Por fin llegué a aquel camino enorme, a aquel bosque con salida en el cual me perdía mil y un días a tu lado. Caminé lentamente, como lo hacen las personas que quieren pensar detenidamente. No, yo quería correr, poder huir de aquel momento en el cual me daba cuenta de que estaba pisando mis huellas y viendo cómo las tuyas se desvanecían en mi imaginación. Y me senté con la lata de cerveza aún en la mano. ¿Por qué? Y maldigo esa pregunta de por vida. Siempre hay un por qué, siempre, mierda, siempre.
Y la puta madre que nos parió a todos, la puta madre, te amo.
Sentada en aquella banca frente a cantidades impares de oscuros y misteriosos árboles. Pensando, pensando y pensando, y con la cabeza extrañamente puesta sobre mis hombros. Carajo, estoy sobreviviendo. La oscuridad no puede vencer. Fue entonces que saqué aquel espejo que llevo en cada cartera, para cerciorarme de que no estoy tan fea como pensaba, y me miré. Me miré directamente a los ojos, sin pensar e que quizás mi delineador estaba un poco imperfecto, o que el rimel se me había corrido un poco. Y por primera vez en mi vida, pude reconocer que jodidamente no me reconocía. Esta vez ya no lo hacía por querer sentirme interesante, esta vez era en serio. No me reconocía. Era quizás como ver una escena desde adentro, como ver a los árboles, tus piernas, tu reflejo, a través del lente de una cámara. Exactamente así, pues sabía - o pensaba - que no estaba mirando con mis mismos ojos. Después pensé en ti de nuevo y tomé un sorbo grande de cerveza.
Cerveza, qué nombre tan poco delicado, qué licor tan común, qué bebida tan extraña para un momento tan irreal como la ebriedad misma. Y no, no estaba ebria.
Tu cuerpo, tu alma. Tú. Yo. Tú y yo. Yo sin ti. En ese momento se me hizo más difícil el poder admitir que éste sábado estaba sola, sentada en una banca donde quizás pude haber estado sentada a tu lado, hablando de lo inexistente y de lo inmortal que era y sería nuestro amor... tomando tu mano... tu mano.
Me levanté dispuesta a salir de aquel parque con complejo de bosque, dispuesta a terminar de recorrer aquel camino por el cual sabía que no volvería a recorrer contigo al menos en ese momento, o quizás para siempre.
Comencé a sentir tiesas mis piernas y a darme cuenta que ya no podía caminar en línea recta. Comencé a sentir frío y a anhelar una cama. Comencé a necesitarte, o mejor dicho, continué necesitándote.
Caminé y caminé, lenta pero apresuradamente, queriendo correr una vez más, pero correr a verte, a buscarte. Y apenas y acabo de recordar que antes de entrar al bosque, te llamé desde un teléfono público, y no esperé a que atendieras. Me pisoteaba y me daba mi lugar, extraña e irónica situación.
Caminé con el corazón en la mano, evitando que éste siguiese influyendo. Carajo, no te necesito corazón de mierda. Asustada y psicoseada, creyendo ver demonios en lugar de personas, fantasmas en lugar de sombras. Y seguí caminando, seguí recordándote y viviéndote en cada segundo que mi mente pudiese procesar. 
Y me senté nuevamente en otra banca, y tomé otro sorbo de cerveza... Y fue la cerveza más amarga que jamás pude beber. El trago más amargo, el momento más triste. No, esta noche no lloré.
No quería seguir bebiendo de aquella cerveza, no quería seguir amargándome metafóricamente la vida, literalmente la boca. Y la tiré a  la tierra, y vi como se iba derramando y cómo la tierra la absorbía. Intenté filosofar, pero honestamente, lo único que pude hacer fue volver a vivir de tu recuerdo.
Seguí  caminando, con la decisión firme de llegar a casa y escribir todo esto. Hasta que llegué al final del camino, al final de aquel inmortal bosque, al final del recorrido de aquella noche, donde te volví a ver sin verte, y sin verte te sentí, y frente a ti te extrañé. Llegué al final, con una angustia que podría haber sido causada por el ron y las cervezas, y aquella última que mi madre decía que era demasiado suave, y que la sentí más amarga que la vida misma.
 Tomé un bocado de aire y me senté en la última banca del camino y pensé en ti. Tu voz, tus melodías, tu arte, tu expresión, tu risa, tu vida. Jamás me había sentido tan feliz de que alguien existiera, y jamás me había sentido tan triste de pensar que ese alguien quizás, y resalto quizás porque no quiero perder la ilusión, no era para mí. Me sentí desdichada y a la vez lo sentí desdichado. Sentí que ese pedacito de vida que se fue contigo, estaba ahí, en ese parque, en ese bosque. Y ahí se quedaría, contigo, con tu recuerdo, con tu existencia. Te adoré en ese momento. Pensé que me daba miedo terminar ese recorrido, pensé que tenía miedo de terminar aquel camino. Entonces metaforicé: este camino es largo y lleno de sentimientos y recuerdos, tal cual como mi relación con él. Si quiero volver a este camino, quizás tenga que dar una vuelta por lugares llenos de gente, lugares peligrosos que tal vez no me gusten. Pero puedo volver. Y tiene algunos atajos, los cuales puedo tomar si sé bien dónde encontrarlos.
Me levanté y salí de aquel parque en dirección a lo que mi madre y yo solemos llamar hogar. Caminando rápidamente por un frío intenso, unas extremas ganas de ir al baño, y una excesiva necesidad de ti.

Hoy siento que necesito agradecer:
*Inmortales - Cementerio Club.
*Quédate - Zen
*No voy a verte más - Líbido
* Ron y cerveza.
*Tú, porque sin ti honestamente que nada sería lo mismo.

Adiós, inmortal amor.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Once años

Fue su regreso al Perú lo que la hizo cambiar por completo su manera de pensar. Había pasado once largos años en Barcelona, haciendo un tenue intento por ganar dinero, gastándose el 80% de su sueldo en cualquier licor que se le presentase en el camino del trabajo al apartamento, y el otro 20% en discos antiguos de música repetida. Nada más porque aún le quedaba la herencia de Francisco, su difunto marido ya hace dos años y medio.
Sí, era cierto que la repentina muerte de el popular Panchito Madera había dejado atónita a más de una, pero por sobre todo, había dejado en la eterna incertidumbre a Giannina.
Es por eso que toda su familia le rogaba día a día, año a año, que regresara a Perú, a empezar una nueva vida. Claro, le rogaban que regresara, después de haberla obligado a irse. Irónico.
Tenía 27 años, aún le quedaba, quizás, mucho por vivir como para maltratar a su hígado de esa manera. Aún le quedaba mucho Europa por recorrer. ¿Y creen que eso le importaba? No, ella estaba ensimismada en su soledad y en oler a vainilla todo el tiempo.
Fue su regreso a Lima lo que la hizo sentir viva de nuevo. Ese húmedo clima, esa escasez de nubes, ese tránsito poco organizado y esos piropos asquerosos en la calle. Aún era hermosa, aún estaba viva.
El matrimonio apresurado con un español de dinero le había cambiado la vida completamente. Ella solía ser una adolescente de clase media alta, divertida, de aquellas que iban de bar en bar cada fin de semana. Pero todo había sido culpa de su padre, de aquel abogado renombrado, que para Giannina era sólo un ser mezquino y miserable, ambicioso de dinero. Pero, después de todo, había encontrado en Francisco un gran compañero, un gran amigo y un gran amante; todo menos un gran amor. Pero algo era algo, y Panchito Madera había sido un gran acompañante durante aquellos 8 años y medio que estuvo vivo. Y, por qué no, dejó una gran herencia que Giannina jamás podría aprender a gastar.

Ni bien pisó las agrietadas veredas del Callao, supo que lo primero que tenía que hacer era llamar a Berenice, esa pelirroja de nombre extraño que fue su compañera de ebriedades y lágrimas alcohólicas durante lo poco de adolescencia que vivió en Perú. Aquella que fue la que invitó el primer porro, y la que le quitó el último allá antes de entrar al Aeropuerto Jorge Chávez. Esa pelirroja tatuada que fue a verla unas quince veces en once años. Esa incondicional hermosura de belleza anglosajona. Ella, la de su primer beso lésbico, y la del último. Porque decidieron que habían nacido para ser amigas, mejores amigas y nada más. Aquella compañera de soledad. Ella, Berenice, como ninguna otra.

Las semanas iban pasando, Giannina no se había sentido tan feliz en once años, podía recordar su pasado, podía volver a vivir.
Sin embargo algo aún acosaba su mente etílicamente alterada: Adrián. ¿Qué habría sido de aquel primer amor? ¿De aquel primer beso? ¿De aquel primer manoseo? Ese niño torpe y rubio de labios agrietados por falta de vitamina C, o por falta de labios de Giannina, quién sabe.
¿Seguiría viviendo en Lince? ¿Estaría soltero? Fue entonces cuando decidió alquilarse un apartamento a dos cuadras de la casa de Berenice, y comenzó su búsqueda. Comenzó en las guías telefónicas, Facebook, correos, etc. No había señal de vida de él.

Una tarde comenzó a recordar cada momento que había pasado con él. Cada beso, cada vaso de cerveza, cada cigarrillo, cada beso... Fueron dos años de besos, fueron muchos años de amistad y coqueteos. Aún resonaba en su cabeza aquella frase que le dijo antes de que se fuera a Barcelona "Te esperaré hasta que sepa que te has vuelto a enamorar". ¿Cómo decirle que nunca estuvo enamorada? ¿Cómo encontrarlo? ¿Cómo? 
Un año y siete meses pasaron desde su llegada, un año de sonrisas y de lágrimas. Pero al fin y al cabo, ya tenía sentimientos, ya había dejado de ser una marioneta del destino por convertirse en un ser humano de verdad, para volver a vivir.
Un jueves, y lo recuerdo bien, estábamos ahí con Berenice en el antiguo bar, algo remodelado, aquel al que íbamos en nuestras épocas quinceañeras. Estábamos bebiendo un whisky en las rocas, como en los antiguos tiempos, cuando logré escuchar que alguien gritaba desesperado: ¡Giannina! ¡Giannina! ¡No te volviste a enamorar! Un rubio colorado, no se sabía si por la emoción o por la ebriedad. 
Me paré sobresaltada y algo mareada por el cambio brusco, el whisky y Adrián. Ya lo estaban sacando del bar por revoltoso, así que le pedí a Berenice que me esperara, tomé mi cartera y salí.
- No te volviste a enamorar, ¿cierto?  - Me dijo con los ojos típicos de un borracho lloroso.
- ¿Me esperaste?
- Sí
- Han pasado once años... No, no me volví a enamorar...


martes, 12 de julio de 2011

2.155


Desde que pude conocer el significado del amor, pude conocer el significado de la vida, mi propósito, más allá de los encargos que Dios tenía pendientes para mí. Desde que conocí a aquel hombre de mis no sueños, a aquel que nunca esperé ni soñé, supe que con él te tendría. Y como siempre, ojo de loca no se equivoca. Soy lo máximo...


- Cariño, no me viene el mes.
- ¡¿En serio?! Es una gran noticia. - Dijo él con un inevitable brillo en los ojos.
- Sí, pero no se si quiera tenerlo...
- Pero... solecito... - Oh Dios, siempre odié cuando me decía "solecito" con esa mirada de gatito de Shrek.
- Soledad, amor, y no...
- ¿En serio?
- Na, mentira, ayer me vino.
- Eres mala. 


Juegos así hacían que dejáramos de tomarnos tan en serio aquellas cosas, y que, por ende, él dejara de confiar en mí. Mis noticias de embarazo fueron perdiendo credibilidad. Y eso, que comenzaron a mis 15 años, y conforme fueron pasando los años, ese brillo en sus ojos se convirtió en una cara sarcástica y en unas palabras cortantes como "Si, Sole, claro".
Yo no me veía como madre, primero estaba mi carrera, mi boda por la iglesia, más títulos, más dinero, más todo, menos una bebé.
Y fue en mi cumpleaños número 26, cuando Gabriel me habló del tema prohibido, una vez más.
Él era completamente distinto a mí, lo es  y lo seguirá siendo. Tal vez sea por eso mismo que lo amo tanto, porque jamás me da la razón, porque jamás me aburro de lo mismo.
Yo no quería oírlo, así que entre lo que procesó mi mente, fue algo como "Tenemos doce años juntos, claro, sin contar aquella..." y dejé de oír, porque llegaba el momento, como siempre, en el que pedía disculpas y yo lo abrazaba. Luego oí "hemos disfrutado de tantos años juntos... y es hora, ¿no crees solcito?"... Está bien Gabo, no me vas a convencer. 
De adolescente pensaba que ser madre sería hermoso. Era de esas típicas que se paraban frente a una vitrina de tiendas de bebés, a imaginarse a sus criaturas con aquel vestido, o con aquella corbatita michi. Yo siempre pensé que mis hijos serían como yo, con mis ojos, con mi cabello, con mi tono de piel, tal vez con la contextura del padre, con su firmeza y su personalidad extrovertida, y no con mi timidez.


Fue dos meses después de mi cumpleaños, que decidí tomar la decisión de mi vida, y dejé de tomar los anticonceptivos. ¿Cómo decirle? No me creería. 
- Gordo, te llegó algo.
- Ábrelo porfa.
- Ay no, que pereza.
Su rostro fue épico al ver las ecografías de mi primer mes de embarazo. Sí, obvio, no se veía más que una manchita en forma de maní. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y, para qué, a mi también. Creo que a penas y podía darme cuenta de la gran noticia: mi vida iba a cambiar para siempre...
Tantas cosas había pasado, y había tomado la decisión correcta. Estaba con el hombre adecuado. Y aún después de todo lo ocurrido en mi vida, aún creía que todo iba a salir bien, porque de una u otra manera, aquellos que se fueron siempre encontraron la forma de regresar, como dijo alguna vez Abigail. Y es que como siempre, lo que Dios tenía deparado para mí, siempre fue eso: para mí.
Entonces me sudaban las manos y lloraba a escondidas. Lloraba de alegría y de miedo, y de desconocimiento total.
Fueron las semanas más agitadas de nuestra relación, como cuando Gabo tenía que levantarse en la madrugada para buscarme helado de menta, o porque no podía dormir por las patadas de mi niña. Ah sí, iba a ser una niña. Como cuando su madre y la mía comenzaron a discutir por quién la cuidaría mientras yo trabajara, o como cuando comenzaron las presiones por ponerles los nombres de familiares antiguos. Pero no, yo desde siempre supe que Bianca se llamaría así, tal cual, Bianca. Y bueno, las madres tenemos más derecho que los padres cuando de nombres hablamos. Así que ni discutir por eso.


Entonces llegó la amenaza de parto a la semana 30. Tal cual mi madre. Siempre tuve esa sensación de que yo era la versión exagerada de la vida de mi madre, siempre temí que me pasara lo mismo que a ella. Y hasta ahora lo temo, aunque en menor medida, porque tal vez, yo encontré a la persona adecuada y me di cuenta. Pero en ese momento, yo lo único que podía hacer era pedirle a Dios que todo saliera bien, que mi Bianca fuese lo que todos estos años Gabriel esperó: nuestra primera hija.
A las 34+0 semanas di a luz por cesárea. Bianca había nacido sin respiración,  debido a que llevaba el cordón umbilical atravesado (apgnar 5/7). Era hermosa. Era una miniatura morada y sin respiración, pero hermosa. Yo no hacía nada más que mirar con los ojos vidriosos, mientras que Gabo hacía el intento por ser, por esta vez, más fuerte que yo. Sí, le tuvieron que aplicar Reanimación Tipo IV (intubación orotraqueal) durante poco más de una hora. Mi primera bebé, mi única hija, debía haber supuesto desde un principio que un fruto de Gabriel y yo no sería tan fácil. Que siempre lo bueno se complica... Ya después continuó con la mascarilla. 
Una hermosura es lo que era Bianca, con 2.155kg, una verdadera hermosura. Y es que yo no sabía si reír o llorar: ESTABA VIVA. Pero bueno, tuvo que quedarse internada por 15 días más, 7 días en cuidados intensivos y 8 en cuidados intermedios.
Y no dejaba de agradecerle al Cielo,a  la vida, a Gabriel,  y a todo el mundo. Porque mi vida había cambiado. Jamás creí llorar de tanta alegría. Y es que esa miniatura, esa cosita chiquitita y de piel casi translúcida y de llanto débil, esa hermosura, había salido de mí, había sido el regalo más hermoso del amor más intenso y verdadero. Jamás pude explicarlo, jamás pude darme cuenta de que mi nombre ya no iba conmigo. Jamás me volví a sentir sola, jamás de los jamases.


Tan mágico verla, tan pequeñita, tan hermosa. Tan inexplicablemente hermoso. Simplemente eso: hermoso.
Y me era increíble ver a Gabriel llorar todos los días, preocupado a mil porciento por la salud de nuestra Bianca.
Fueron pasando los días y finalmente pudimos llevarla a casa. Gracias a nuestro trabajo, habíamos logrado una agradable casa en San Isidro, alejada del ruido, pero cerca a todo. Habíamos construido lo que siempre soñé para Bianca: un hogar estable y cómodo, donde jamás le faltara nada.
A veces, antes de pensar siquiera en embarazarme, tenía ese miedo de que tal vez Gabriel le prestara más atención a la bebé que a mí. Ahora, me llena de ternura y de alivio ver que él la ama quizás tanto como yo, que nos compartimos las labores, que hacemos todo juntos, y que esto nos hizo pasar a un nivel más avanzado, nos hizo solidificar aún más nuestras vidas y nuestra relación. Una Bendición más.
Bianca tiene mis ojos, socializa mejor de lo que yo hacía de pequeña, tiene mi tono de cabello y los bucles poco definidos de su padre, tiene mi tono de piel y los labios de él. Es simplemente hermosa.
Te amo Bianca, te amo con todo mi existir.
Soledad.



-Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia-

sábado, 9 de julio de 2011

Imágenes, recuerdos...

Apenas y hoy pude darme cuenta de la realidad: se acabó. Apenas y hoy puedo darme contra aquel muro de la realidad, el cuál dice con letras gigantes que aquella hermosa ensoñación de ocho meses ya terminó, y que ahora debo seguir mi camino natural.
Me es difícil escribir sobre esto, ¿sabes? Por dos cosas: la primera, porque aún me da una pena tremenda que ya no vaya más, porque simplemente él entró en mi mundo, lo dejé entrar sin precaución alguna, lo dejé entrar hasta en mis más íntimos y oscuros secretos, como este blog y algunos más, y me da pena aún. La segunda, por orgullo y por razón. Estoy inmensamente dolida, pero sigo con mi vida como si nada hubiese pasado; porque simplemente no me voy a derrotar tan fácil, y menos por una persona que tal vez, no quiso seguir luchando.
Es difícil reconocer que ya no hay más de él, ni lo habrá, cuando sigo estando rodeada de él... Sí, bueno, todo guardado. Cartas guardadas, collar guardado, ropa guardada... aún no puedo guardar esos recuerdos, esas imágenes.
Como por ejemplo, cuando firmó mi puerta y la llenó de sus letras y de sus chistes sarcásticos. O cuando cogió aquel sombrero y me bailó en medio de la madrugada. O como cuando me dijo que mis almohadas olían a mí, y hoy no pude dejar de olerlas, aunque no sean las mismas de aquella vez. O tal vez cuando me llevé toda su ropa y la lavé, y me quedé con un short para arreglarlo, cosa que nunca hice...
¿Salir? Como el primer día de novios, que fuimos a aquel centro comercial, y en aquella vista al mar, nos abrazamos sin pensarlo y nos alegramos tanto de estar juntos. O como cuando comíamos interminables cantidades, o como cuando se nos redujo el estómago y comíamos como pajaritos. O como cuando lo acompañé a la grabación del primer videoclip de su banda, y tomé las fotos de los detrás de cámaras y los ayudé a maquillarse. O como cuando él me acompañó al cementerio a visitar al primer hombre en mi vida, mi abuelo. O como cuando me tiró al pasto y me llenó de cosquillas y besitos. O como pasamos mi cumpleaños sin batería en el celular, y tuvimos que preguntarle a alguien la hora para que él finalmente me pudiese decir: Feliz cumpleaños y abrazarme. O como cuando cumplimos medio año, y fue el momento más romántico y hermoso de nuestras vidas. O como bastó mirarnos para saber cuánto nos amábamos, y se nos llenaron los ojos de lágrimas. O como cuando me pidió que no lo dejara, e hicimos la promesa de jamás dejarnos, y de que si esto algún día acababa, sería cuando uno de nosotros se hubiese vuelto polvo. O como cuando hace una semana exactamente, me pidió que me casara con él, casi con lágrimas en los ojos...

Yo lo amaba, y lamentablemente, él también a mí. Pero supongo que simplemente el amor no fue suficiente. Supongo, tal vez como dijo él, nuestra relación ya iba en caída. ¿Entonces por qué yo quise seguir luchando por aquel amor, aún estando lastimada? ¿Por qué no me di mi lugar? ¿Por qué? Porque el amor te vuelve idiota. Pero ¿para qué seguir insistiendo? Ya se acabó. "No quise terminar, pero lo tengo que aceptar. Tu ausencia ya puso en llanto mi corazón con el recuerdo que tuvimos tu y yo. Pasarán los días y tu voz quedará en cada rincón y esos susurros cuando hacíamos el amor. Difícil de pensar que ya nunca volverás, tus alas volarán y en otro Cielo sufrirán. Y la verdad es que me siento solo, pues nunca te podré olvidar. Y la verdad es que me siento libre, aunque las noches sean de soledad. Y la verdad es que te llevo adentro, pues tú ocupaste un lugar..."
¿Cómo pasó? ¿Cómo fue que todo se fue a la mierda? Fácil: por Internet. "Sí, ya lo presentía. Sí, lo predije y sucedió... Si tal vez yo hubiera sido dulce y mucho menos frágil, si tu hubieras sido, amor, más tierno y no tan volátil. Dejaste de quererme, dejé de enamorarte. Queriendo ser fuerte, dejé de buscarte. Y fuimos cobardes, tontos los dos. Se desintegra el amor. Tú con tu indiferencia. Yo, fue mi edad, mi inmadurez..."
Y una daga directa al corazón cuando me dijo que JiiF había muerto la noche anterior. Y tan patético el hecho de que sea cierto, tal vez. ¿Murió? Un tanto cómico, haberlo dejado morir. Y otra daga más al decirte que tenía que pensar, y me desconecté, e ipso facto me llamó mi amiga, preguntándome por qué él había cambiado su situación sentimental de "engaged" a "single"... Y me destruí, me destruí por un momento, para luego sacar cartas, intentar leerlas y no poder, y guardarlas; para tapar aquel "Feliz cumpleaños mi Fran, te amo", para guardar en una cajita aquel collar, con aquel dije de corazón que por detrás decía "JiiF".
Prepararme dos tazas de café, y pensar. Luego volverme a conectar y eliminar cada foto, cada álbum... cada "eliminar" era un sinónimo de "daga"...
Y sin darme cuenta, se reproduce nuestra canción, aquella que le cantaba casi todos los días. "Love - Nat King Cole"... Pero nunca más le volveré a cantar esa canción a nadie, nunca más, porque él me terminó definitivamente, ¿recuerdan?
Y me da risa por otra parte, por cómo tuvo la inmadurez de terminar algo tan lindo por Internet. ¡Internet! Jajaja, Internet es un medio tan frío... y me terminó por ahí. Ay Dios.


Pero bueno, simplemente queda recordar, porque fue bueno mientras duró. Pero no duró más que ocho meses y una semana, nada más que eso.
Jamás pensé decirlo, pero que decepción. Qué decepción de que él piense que sólo puede enfocarse en una cosa, cuando siempre hay tiempo para todo... Qué decepción que yo no haya, tal vez, sabido apreciar los intentos de él por mejorar, por minúsculos que fueran. Qué decepción que él no notara mi cambio. Qué decepción que él me haya terminado por Internet. Qué decepción que le haya insistido por no terminar. Qué decepción que se haya dado por vencido. Qué decepción de que ya no seamos nada, ni siquiera amigos...


Morning sickness. Ya estoy bien nuevamente y lista para seguir viviendo. Porque ahora simplemente quedan imágenes y recuerdos.

Esta canción me hizo llorar esta mañana


Ésta me hizo reír.

Y me sorprendo a mí misma, pero estoy muy bien..

lunes, 20 de junio de 2011

Es jodido


Es jodido cuando amas a alguien y vives de noche en noche llorando, dudando, amando en un silencio tan crudo, tan hiriente. Es jodido, porque sabes que no amas a ninguna persona ni amarás como amas ahora a ese dueño de tus lágrimas, a ese dueño de tus anhelos y suspiros, a ese dueño y único culpable. Es jodido porque tú eres una persona jodida, cuando sueles ser impulsiva y tus reacciones nadie consigue explicárselas…
Triste, es triste. Más aún cuando siempre desesperas y tomas decisiones equivocadas. Desconfías, lloras, confías y vuelves a desconfiar. Porque nadie en este mundo podría haberse merecido tanto tu confianza como esa persona. Pero ¿en qué momento aprenderemos? Que las únicas personas que están y siempre estuvieron, que te defraudarán pero no al punto de querer tirarte de ese abismo por el que caes en cada madrugada… Son tus amigos.
“And I need your lovin’ like the sunshine… Everybody's gotta learn sometime
¿Pero cuándo finalmente aprenderemos? Cuando ya no nos quede nada más que la propia vida, que respirar porque no tienes nada más productivo que hacer. Cuando te hayas encargado de destruir tú tu propia vida. ¿Cuándo será demasiado tarde?
Así somos lo seres humanos, así soy yo.
Es jodido cuando lo único que necesitas es un: sabes que puedes contar conmigo, sabes que te entiendo, sabes que te amo, sabes que eres la única persona la cual amo con todo mi corazón. Pero no, porque yo no sé nada, porque yo no soy la otra persona para enseñarle a reaccionar, si no yo misma puedo enseñarme a reaccionar. Soy una chica jodida, que ya no busca nada más que tranquilidad en su interior. Nada más porque ya poco a poco van destruyendo las memorias y con ellas las esperanzas de seguir viviendo, de seguir adelante.  Porque no soy perfecta, comto errores, soy jodida. Pero siempre esperan algo más de cada uno, siempre se niegan a pensar que no soy perfecta, que también tengo sentimientos, que soy jodida pero tengo un cerebro capaz de producir las suficientes emociones como para dejar todo aquí.
Soy esclava de este amor, esclava de no querer separarme porque simplemente no puedo. De querer y no poder, de ver cómo se aleja ese tren y él está ahí, dentro, quizás amando a otra persona. Quizás esa otra persona no sea yo. Es  malditamente jodido.
Quiero quedarme a tu lado, quiero que me ames y me respetes tal cual lo hago yo. He dejado atrás ese pasado, he cumplido mis promesas. ¿Por qué no hacer eso tú también? ¿Por qué enojarte? ¿Por qué generar desconfianza? La confianza se gana, y lamentablemente he perdido casi todos los miligramos de confianza que me quedaban.
“Guardo il celo e non vedu un’altro colore, solo griggio piombo che mi spegne il sole... La distanza che ci divide fa male anche a me.”
Los días se ponen más oscuros, el invierno no duda en llegar y yo aquí, jodida y metida dentro de una cama con frazadas que no logran calentar esta alma gélida.
Es jodido cuando siempre das el brazo a torcer, porque tal vez amas demasiado. Es jodido querer dejar de enamorarte, ponerle un pare a todo aquello… y no poder.

Todo esto simplemente es jodido.


sábado, 4 de junio de 2011

A mi flaca, felices dicisiete

Flaca, ¿cómo empezar? Bueno: Feliz cumpleaños, mejor amiga. Cómo me gustaría estar ahí, cómo me gustaría abrazarte. Pero en cierta manera, ahí estoy, siempre estoy.

And if I should ever go away
Well then close your eyes and try to feel the way we do today
And than if you can't remember.....


Camy, en estos casi dos años que te conozco, puedo conocerte más de lo que alguna fake de tu salón, y puedo decir a ojos cerrados que eres una maravillosa persona, que eres una de las más nobles que he conocido, que eres aquella por la que arriesgaría muchísimas cosas.
Estoy orgullosa de quién eres hoy, de quién fuiste ayer, y de quién serás mañana. Porque para todo eres única, eres especial; y aunque muchas veces odies eso, yo lo adoro y lo admiro.
Flaca ya tienes 17 años, ¡diecisiete! ¿Te das cuenta de todo lo que haz hecho con sólo diecisiete años? ¿Cuántos cientos de hojas has escrito? Lo gran alumna que eres, lo mucho que las personas te admiran y valoran.

Keep smilin'
Keep shinin'

Knowin' you can always count on me 
for sure
that's what friends are for


In good times
And bad times
I'll be on your side forever more
That's what friends are for


Sé que tal vez no soy la mejor escribiendo cartas de cumpleaños, pero te juro que lo hago de corazón, y con lo gay que soy, casi casi con lágrimas en los ojos.
Camila, eres mi mejor amiga, Ximena y tú siempre siempre van a tener un lugar aquí en mi corazón.
Te extraño Cam, extraño dormir contigo, despertar con cara de zombies, no hablar hasta la tarde, echarnos al lado de la piscina a "broncearnos", porque admitámoslo, nunca llegamos a ser tan bronceadas como J-lo.
Me encantaría estar ahí, desearte feliz cumpleaños y tirarte la torta en el rostro. Pero como te lo dije, de alguna manera estoy ahí. 

¿Te acuerdas cuando fuimos a Cartagena y cantábamos "Cartagena here we come"? ¿O cuando en el auto  cantábamos a Sanz con Daniel? Goooood times. Fueron una de las vacaciones más bonitas para mí, una de las Navidades más únicas. Fuck, quiero abrazarte.
Quiero comer hasta tener ganas de vomitar contigo, y al día siguiente hacer el intento de hacer Dieta; quiero ir a tomar desayuno a McDonalds, quiero ir al C.C.  y ver tiendas de ropa carísima. Quiero escucharte decir: ¿Qué más?... Quiero estar a tu lado.

Sin ir más lejos Camy, FELIZ CUMPLEAÑOS. Eres una maravillosa persona, y sé que llegarás lejos. Espero que la hayas pasado excelente junto a tus amigas, y sé que en un próximo cumpleaños Isa y yo estaremos ahí, jodiéndote la vida. Te amo, ¿manyas?




I will remember you, will you remember me?
Feliz cumpleaños diecisiete, flaca mía.





sábado, 7 de mayo de 2011

Te odio

Todas esas veces en las que te llamé llorando, todas aquellas en las que lloré en tus brazos, no se comparan a todas esas en las que lloré por ti, en las que estoy llorando hoy. Llorando de rabia, llorando de abstinencia, llorando de desesperación.
Me estoy muriendo, me estoy pudriendo por dentro, estoy tocando fondo.
Con esas fuerzas con las que te amaba días atrás, te odio hoy, con esa misma intensidad, con esas mismas ganas de morirme de aquel sentimiento, con esas mismas ganas de no hacerte ningún daño. Porque el daño siempre me lo hacen a mí, porque no quiero nada, no quiero nada más que una habitación, la misma habitación que me ha visto llorar desde pequeña, la misma donde pasé década y media intentando descubrir qué mierda significaba vivir.
Me duele el alma, me duele el cuerpo, y más honestamente: me duele odiarte, sabiendo que en el fondo te amo.
Me enoja haber confiado, me enoja haberlo dejado todo por ti, y que hoy por hoy hayas llegado a ser la única persona en la que podía confiar, con la que podía contar. Me enoja más pensar que ahora no tengo a nadie, no tengo a nadie en este maldito país, no tengo quién me dé un abrazo en este momento, mientras lloro desconsoladamente escribiendo esto. No tengo a nadie, ni siquiera te tengo a ti.
Sé que no tengo razón, sé que soy inmadura. Pero esta inmadura te ama con todo su corazón, y a la misma vez te odia. Odia esa falta de iniciativa, esa falta de percepción, esa falta de anormalidad.
Quiero abandonarlo todo, quiero darme cuenta de que si decido seguir, no es por ti, si no por mí misma. Quiero amarme a mí misma.

miércoles, 27 de abril de 2011

Duele

Hoy no voy a hablar en tercera persona, hoy no voy a fingir que el 70% de mis publicaciones no se tratan de mí. Hoy seré egocéntrica y egoísta... y hablaré de mí, tal cual.


Estoy cansada, cansada de no ser lo que la gente espera. Siempre, pero siempre quieren algo más, más de lo que puedo dar, más de lo que soy. No soy perfecta, y no estoy ni siquiera cerca a serlo. Soy humana, más humana que muchos, con más problemas de los que de verdad existen.
Ya me había olvidado lo que era llorar a diario, lo que era hundirte en tu cama y no querer salir, lo que era no querer ver a nadie, sentir que nada te va bien, que nadie te aprecia, que nadie te toma en serio.
Recién puedo entender por qué mis autolesiones, por qué mis problemas de salud, por qué todo. Porque soy problemática, porque suelo creer que una lágrima es una tormenta, porque caigo con facilidad. No, corrijo: era. Hoy soy un poco más fuerte, pero la caída sigue siendo igual de dura, sólo con una diferencia: ya no es instantánea, ahora es acumulable. "Acumule más puntos Bonus, y podrá canjear una gran caída hacia un poso mil metros bajo tierra".


Ya son varios días así, he juntado todo lo que no lloré en los últimos meses, y ahora no puedo parar. Soy una catarata andante. Todo me daña, todo me duele. Una palabra fría me hace llorar, una carta que no llegó, un abrazo que no se dio. Todo, todo, absolutamente todo.
Me duele la garganta, se me cansa la vista, mis manos se acalambran. Y yo sigo llorando, y pensando en lo injusta que es la gente. Pero la gente no me importa, nunca me importó. Y sigo llorando, pensando en lo injustas que son las personas que amo. En lo poco que les intereso, en las ganas que tengo de mandar todo al carajo, y de desaparecer sola. Sola, sola, completamente sola.
Me duele la garganta de tanto gritar sin hacer ruido, el pecho me va a explotar, y sigo aquí, sin interés de nadie.


No tengo con quién salir un viernes por la tarde. No tengo con quién hacer una pijamada de chicas. No tengo  amigas. No tengo familia. Y tengo un novio al que cada día que pasa siento que le importo menos.
Vivo pendiente de las personas, tratando de darles lo mejor de mí. Vivo y me desvivo por las personas que amo. Pero NADIE, nunca NADIE jamás parece apreciarlo. JAMÁS nadie me retribuye nada, jamás nadie me sorprende, jamás nadie me hace sentir especial con hechos y no con palabras. A nadie le importa, nadie jamás se entera que lloro día tarde y noche.


Me causa gracia la gente que se te acerca justo cuando estás mal, ¿que pretenden? ¿ayudar? ¿y cuando estoy bien, qué? Estoy enojada, dolida, decepcionada... ¿Ninguna novedad no? Todos nos sentimos así, supongo.
A veces me gustaría que me presten un poquito más de atención, tal cual lo hago yo. Que puedan reconocer mi tono de voz, tal cual lo hago yo. Que puedan sacar ideas de mil lugares, tal cual lo hago yo.
Yo sé que las cosas se hacen sin esperar nada a cambio. Pero cansa, ¿sabes? Y más aún: DUELE.