sábado, 5 de marzo de 2011

Si, madrugadas como esas...

Noches como estas, madrugadas como ninguna. Madrugadas despierta mientras que puede observar un hilo de viento que recorre por la avenida nada transitada para ser principal… Bueno, qué se puede esperar si son un cuarto para las tres de la mañana.
De esas madrugadas en las que tan sólo te gustaría un cigarrillo y una copa de vino tinto, tal vez. Madrugadas en las que esperas que te digan algo lindo, pero no piensas si quiera en buscarlo. De aquellas en las que piensas que todo llegará como tenga que llegar…
De esas madrugadas en las que sabes que incluso las almas en pena sentirán nostalgia por ti, y que esta vez no serás tú el que sienta nostalgia por ellas. De esas en las que no le tienes miedo a que llegue las tres de la mañana, porque simplemente peor sentimiento que la soledad no hay, porque ninguna clase de ser paranormal te hará sentir peor de lo que ya te sientes… sí, de esas madrugadas.
Esas madrugadas en las que te gustaría un whisky, considerando que toda tu vida odiaste el whisky. Esas en las que besarías a ese hombre si tan sólo te dijera que no estás sola, que te necesita tanto como tú lo necesitas a él. De esas en las que a pesar de necesitar a alguien no necesitas a nadie y necesitas a todos a la vez… de esas contradictorias en las que ni tu pequeño computador puede entender.
Esas madrugadas que bien o mal, jamás olvidarás, porque no se repiten tan a menudo. De esas que disfrutas a pesar del dolor, en esas en las que te vuelves masoquista y te encanta ese nudo en la garganta, esa presión en el pecho que casi te quita el aliento, esa angustia… sí, de esas madrugadas.
Cuando el cielo está azul oscuro, pero como eres pesimista lo vez negro. Esas en las que los minutos parecen horas, y las horas no se sienten llegar… de esas en las que te gustaría escribir eternamente, esas en las que escribes horas de horas y cuando logras darte cuenta, apenas pasaron quince minutos. De esas madrugadas en las que el tiempo te engaña, como engaña a todo el mundo, como engaña la vida. La vida… la vida…
De esas madrugadas en las que no te importa la vida, porque tú no existes, porque eres superior, porque eres inferior, porque no eres nada ni nadie, porque eres un objeto.
Sí, de esas madrugadas en vela, en espera de ese te quiero que jamás llegará, de ese abrazó que jamás te darán, de esas palabras que jamás pronunciaran… de esas madrugadas en las que la gente no deja de no ser adivina, de esas madrugadas en las que la única que cambia eres tú, en las que la hipersensible te vuelves tú, en las que sientes el alma fría aun y estén a treinta grados… sí, de esas madrugadas.
Madrugadas que… bien o mal, ameritan un mal despertar.