sábado, 7 de mayo de 2011

Te odio

Todas esas veces en las que te llamé llorando, todas aquellas en las que lloré en tus brazos, no se comparan a todas esas en las que lloré por ti, en las que estoy llorando hoy. Llorando de rabia, llorando de abstinencia, llorando de desesperación.
Me estoy muriendo, me estoy pudriendo por dentro, estoy tocando fondo.
Con esas fuerzas con las que te amaba días atrás, te odio hoy, con esa misma intensidad, con esas mismas ganas de morirme de aquel sentimiento, con esas mismas ganas de no hacerte ningún daño. Porque el daño siempre me lo hacen a mí, porque no quiero nada, no quiero nada más que una habitación, la misma habitación que me ha visto llorar desde pequeña, la misma donde pasé década y media intentando descubrir qué mierda significaba vivir.
Me duele el alma, me duele el cuerpo, y más honestamente: me duele odiarte, sabiendo que en el fondo te amo.
Me enoja haber confiado, me enoja haberlo dejado todo por ti, y que hoy por hoy hayas llegado a ser la única persona en la que podía confiar, con la que podía contar. Me enoja más pensar que ahora no tengo a nadie, no tengo a nadie en este maldito país, no tengo quién me dé un abrazo en este momento, mientras lloro desconsoladamente escribiendo esto. No tengo a nadie, ni siquiera te tengo a ti.
Sé que no tengo razón, sé que soy inmadura. Pero esta inmadura te ama con todo su corazón, y a la misma vez te odia. Odia esa falta de iniciativa, esa falta de percepción, esa falta de anormalidad.
Quiero abandonarlo todo, quiero darme cuenta de que si decido seguir, no es por ti, si no por mí misma. Quiero amarme a mí misma.