martes, 12 de julio de 2011

2.155


Desde que pude conocer el significado del amor, pude conocer el significado de la vida, mi propósito, más allá de los encargos que Dios tenía pendientes para mí. Desde que conocí a aquel hombre de mis no sueños, a aquel que nunca esperé ni soñé, supe que con él te tendría. Y como siempre, ojo de loca no se equivoca. Soy lo máximo...


- Cariño, no me viene el mes.
- ¡¿En serio?! Es una gran noticia. - Dijo él con un inevitable brillo en los ojos.
- Sí, pero no se si quiera tenerlo...
- Pero... solecito... - Oh Dios, siempre odié cuando me decía "solecito" con esa mirada de gatito de Shrek.
- Soledad, amor, y no...
- ¿En serio?
- Na, mentira, ayer me vino.
- Eres mala. 


Juegos así hacían que dejáramos de tomarnos tan en serio aquellas cosas, y que, por ende, él dejara de confiar en mí. Mis noticias de embarazo fueron perdiendo credibilidad. Y eso, que comenzaron a mis 15 años, y conforme fueron pasando los años, ese brillo en sus ojos se convirtió en una cara sarcástica y en unas palabras cortantes como "Si, Sole, claro".
Yo no me veía como madre, primero estaba mi carrera, mi boda por la iglesia, más títulos, más dinero, más todo, menos una bebé.
Y fue en mi cumpleaños número 26, cuando Gabriel me habló del tema prohibido, una vez más.
Él era completamente distinto a mí, lo es  y lo seguirá siendo. Tal vez sea por eso mismo que lo amo tanto, porque jamás me da la razón, porque jamás me aburro de lo mismo.
Yo no quería oírlo, así que entre lo que procesó mi mente, fue algo como "Tenemos doce años juntos, claro, sin contar aquella..." y dejé de oír, porque llegaba el momento, como siempre, en el que pedía disculpas y yo lo abrazaba. Luego oí "hemos disfrutado de tantos años juntos... y es hora, ¿no crees solcito?"... Está bien Gabo, no me vas a convencer. 
De adolescente pensaba que ser madre sería hermoso. Era de esas típicas que se paraban frente a una vitrina de tiendas de bebés, a imaginarse a sus criaturas con aquel vestido, o con aquella corbatita michi. Yo siempre pensé que mis hijos serían como yo, con mis ojos, con mi cabello, con mi tono de piel, tal vez con la contextura del padre, con su firmeza y su personalidad extrovertida, y no con mi timidez.


Fue dos meses después de mi cumpleaños, que decidí tomar la decisión de mi vida, y dejé de tomar los anticonceptivos. ¿Cómo decirle? No me creería. 
- Gordo, te llegó algo.
- Ábrelo porfa.
- Ay no, que pereza.
Su rostro fue épico al ver las ecografías de mi primer mes de embarazo. Sí, obvio, no se veía más que una manchita en forma de maní. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y, para qué, a mi también. Creo que a penas y podía darme cuenta de la gran noticia: mi vida iba a cambiar para siempre...
Tantas cosas había pasado, y había tomado la decisión correcta. Estaba con el hombre adecuado. Y aún después de todo lo ocurrido en mi vida, aún creía que todo iba a salir bien, porque de una u otra manera, aquellos que se fueron siempre encontraron la forma de regresar, como dijo alguna vez Abigail. Y es que como siempre, lo que Dios tenía deparado para mí, siempre fue eso: para mí.
Entonces me sudaban las manos y lloraba a escondidas. Lloraba de alegría y de miedo, y de desconocimiento total.
Fueron las semanas más agitadas de nuestra relación, como cuando Gabo tenía que levantarse en la madrugada para buscarme helado de menta, o porque no podía dormir por las patadas de mi niña. Ah sí, iba a ser una niña. Como cuando su madre y la mía comenzaron a discutir por quién la cuidaría mientras yo trabajara, o como cuando comenzaron las presiones por ponerles los nombres de familiares antiguos. Pero no, yo desde siempre supe que Bianca se llamaría así, tal cual, Bianca. Y bueno, las madres tenemos más derecho que los padres cuando de nombres hablamos. Así que ni discutir por eso.


Entonces llegó la amenaza de parto a la semana 30. Tal cual mi madre. Siempre tuve esa sensación de que yo era la versión exagerada de la vida de mi madre, siempre temí que me pasara lo mismo que a ella. Y hasta ahora lo temo, aunque en menor medida, porque tal vez, yo encontré a la persona adecuada y me di cuenta. Pero en ese momento, yo lo único que podía hacer era pedirle a Dios que todo saliera bien, que mi Bianca fuese lo que todos estos años Gabriel esperó: nuestra primera hija.
A las 34+0 semanas di a luz por cesárea. Bianca había nacido sin respiración,  debido a que llevaba el cordón umbilical atravesado (apgnar 5/7). Era hermosa. Era una miniatura morada y sin respiración, pero hermosa. Yo no hacía nada más que mirar con los ojos vidriosos, mientras que Gabo hacía el intento por ser, por esta vez, más fuerte que yo. Sí, le tuvieron que aplicar Reanimación Tipo IV (intubación orotraqueal) durante poco más de una hora. Mi primera bebé, mi única hija, debía haber supuesto desde un principio que un fruto de Gabriel y yo no sería tan fácil. Que siempre lo bueno se complica... Ya después continuó con la mascarilla. 
Una hermosura es lo que era Bianca, con 2.155kg, una verdadera hermosura. Y es que yo no sabía si reír o llorar: ESTABA VIVA. Pero bueno, tuvo que quedarse internada por 15 días más, 7 días en cuidados intensivos y 8 en cuidados intermedios.
Y no dejaba de agradecerle al Cielo,a  la vida, a Gabriel,  y a todo el mundo. Porque mi vida había cambiado. Jamás creí llorar de tanta alegría. Y es que esa miniatura, esa cosita chiquitita y de piel casi translúcida y de llanto débil, esa hermosura, había salido de mí, había sido el regalo más hermoso del amor más intenso y verdadero. Jamás pude explicarlo, jamás pude darme cuenta de que mi nombre ya no iba conmigo. Jamás me volví a sentir sola, jamás de los jamases.


Tan mágico verla, tan pequeñita, tan hermosa. Tan inexplicablemente hermoso. Simplemente eso: hermoso.
Y me era increíble ver a Gabriel llorar todos los días, preocupado a mil porciento por la salud de nuestra Bianca.
Fueron pasando los días y finalmente pudimos llevarla a casa. Gracias a nuestro trabajo, habíamos logrado una agradable casa en San Isidro, alejada del ruido, pero cerca a todo. Habíamos construido lo que siempre soñé para Bianca: un hogar estable y cómodo, donde jamás le faltara nada.
A veces, antes de pensar siquiera en embarazarme, tenía ese miedo de que tal vez Gabriel le prestara más atención a la bebé que a mí. Ahora, me llena de ternura y de alivio ver que él la ama quizás tanto como yo, que nos compartimos las labores, que hacemos todo juntos, y que esto nos hizo pasar a un nivel más avanzado, nos hizo solidificar aún más nuestras vidas y nuestra relación. Una Bendición más.
Bianca tiene mis ojos, socializa mejor de lo que yo hacía de pequeña, tiene mi tono de cabello y los bucles poco definidos de su padre, tiene mi tono de piel y los labios de él. Es simplemente hermosa.
Te amo Bianca, te amo con todo mi existir.
Soledad.



-Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia-

sábado, 9 de julio de 2011

Imágenes, recuerdos...

Apenas y hoy pude darme cuenta de la realidad: se acabó. Apenas y hoy puedo darme contra aquel muro de la realidad, el cuál dice con letras gigantes que aquella hermosa ensoñación de ocho meses ya terminó, y que ahora debo seguir mi camino natural.
Me es difícil escribir sobre esto, ¿sabes? Por dos cosas: la primera, porque aún me da una pena tremenda que ya no vaya más, porque simplemente él entró en mi mundo, lo dejé entrar sin precaución alguna, lo dejé entrar hasta en mis más íntimos y oscuros secretos, como este blog y algunos más, y me da pena aún. La segunda, por orgullo y por razón. Estoy inmensamente dolida, pero sigo con mi vida como si nada hubiese pasado; porque simplemente no me voy a derrotar tan fácil, y menos por una persona que tal vez, no quiso seguir luchando.
Es difícil reconocer que ya no hay más de él, ni lo habrá, cuando sigo estando rodeada de él... Sí, bueno, todo guardado. Cartas guardadas, collar guardado, ropa guardada... aún no puedo guardar esos recuerdos, esas imágenes.
Como por ejemplo, cuando firmó mi puerta y la llenó de sus letras y de sus chistes sarcásticos. O cuando cogió aquel sombrero y me bailó en medio de la madrugada. O como cuando me dijo que mis almohadas olían a mí, y hoy no pude dejar de olerlas, aunque no sean las mismas de aquella vez. O tal vez cuando me llevé toda su ropa y la lavé, y me quedé con un short para arreglarlo, cosa que nunca hice...
¿Salir? Como el primer día de novios, que fuimos a aquel centro comercial, y en aquella vista al mar, nos abrazamos sin pensarlo y nos alegramos tanto de estar juntos. O como cuando comíamos interminables cantidades, o como cuando se nos redujo el estómago y comíamos como pajaritos. O como cuando lo acompañé a la grabación del primer videoclip de su banda, y tomé las fotos de los detrás de cámaras y los ayudé a maquillarse. O como cuando él me acompañó al cementerio a visitar al primer hombre en mi vida, mi abuelo. O como cuando me tiró al pasto y me llenó de cosquillas y besitos. O como pasamos mi cumpleaños sin batería en el celular, y tuvimos que preguntarle a alguien la hora para que él finalmente me pudiese decir: Feliz cumpleaños y abrazarme. O como cuando cumplimos medio año, y fue el momento más romántico y hermoso de nuestras vidas. O como bastó mirarnos para saber cuánto nos amábamos, y se nos llenaron los ojos de lágrimas. O como cuando me pidió que no lo dejara, e hicimos la promesa de jamás dejarnos, y de que si esto algún día acababa, sería cuando uno de nosotros se hubiese vuelto polvo. O como cuando hace una semana exactamente, me pidió que me casara con él, casi con lágrimas en los ojos...

Yo lo amaba, y lamentablemente, él también a mí. Pero supongo que simplemente el amor no fue suficiente. Supongo, tal vez como dijo él, nuestra relación ya iba en caída. ¿Entonces por qué yo quise seguir luchando por aquel amor, aún estando lastimada? ¿Por qué no me di mi lugar? ¿Por qué? Porque el amor te vuelve idiota. Pero ¿para qué seguir insistiendo? Ya se acabó. "No quise terminar, pero lo tengo que aceptar. Tu ausencia ya puso en llanto mi corazón con el recuerdo que tuvimos tu y yo. Pasarán los días y tu voz quedará en cada rincón y esos susurros cuando hacíamos el amor. Difícil de pensar que ya nunca volverás, tus alas volarán y en otro Cielo sufrirán. Y la verdad es que me siento solo, pues nunca te podré olvidar. Y la verdad es que me siento libre, aunque las noches sean de soledad. Y la verdad es que te llevo adentro, pues tú ocupaste un lugar..."
¿Cómo pasó? ¿Cómo fue que todo se fue a la mierda? Fácil: por Internet. "Sí, ya lo presentía. Sí, lo predije y sucedió... Si tal vez yo hubiera sido dulce y mucho menos frágil, si tu hubieras sido, amor, más tierno y no tan volátil. Dejaste de quererme, dejé de enamorarte. Queriendo ser fuerte, dejé de buscarte. Y fuimos cobardes, tontos los dos. Se desintegra el amor. Tú con tu indiferencia. Yo, fue mi edad, mi inmadurez..."
Y una daga directa al corazón cuando me dijo que JiiF había muerto la noche anterior. Y tan patético el hecho de que sea cierto, tal vez. ¿Murió? Un tanto cómico, haberlo dejado morir. Y otra daga más al decirte que tenía que pensar, y me desconecté, e ipso facto me llamó mi amiga, preguntándome por qué él había cambiado su situación sentimental de "engaged" a "single"... Y me destruí, me destruí por un momento, para luego sacar cartas, intentar leerlas y no poder, y guardarlas; para tapar aquel "Feliz cumpleaños mi Fran, te amo", para guardar en una cajita aquel collar, con aquel dije de corazón que por detrás decía "JiiF".
Prepararme dos tazas de café, y pensar. Luego volverme a conectar y eliminar cada foto, cada álbum... cada "eliminar" era un sinónimo de "daga"...
Y sin darme cuenta, se reproduce nuestra canción, aquella que le cantaba casi todos los días. "Love - Nat King Cole"... Pero nunca más le volveré a cantar esa canción a nadie, nunca más, porque él me terminó definitivamente, ¿recuerdan?
Y me da risa por otra parte, por cómo tuvo la inmadurez de terminar algo tan lindo por Internet. ¡Internet! Jajaja, Internet es un medio tan frío... y me terminó por ahí. Ay Dios.


Pero bueno, simplemente queda recordar, porque fue bueno mientras duró. Pero no duró más que ocho meses y una semana, nada más que eso.
Jamás pensé decirlo, pero que decepción. Qué decepción de que él piense que sólo puede enfocarse en una cosa, cuando siempre hay tiempo para todo... Qué decepción que yo no haya, tal vez, sabido apreciar los intentos de él por mejorar, por minúsculos que fueran. Qué decepción que él no notara mi cambio. Qué decepción que él me haya terminado por Internet. Qué decepción que le haya insistido por no terminar. Qué decepción que se haya dado por vencido. Qué decepción de que ya no seamos nada, ni siquiera amigos...


Morning sickness. Ya estoy bien nuevamente y lista para seguir viviendo. Porque ahora simplemente quedan imágenes y recuerdos.

Esta canción me hizo llorar esta mañana


Ésta me hizo reír.

Y me sorprendo a mí misma, pero estoy muy bien..