jueves, 6 de octubre de 2011

Perfidia

Cuando abres los ojos, ves el sol y por primera vez dices: hoy no quiero levantarme. Cuando lloras mirándote al espejo, lloras en la ducha y lloras al almuerzo. Cuando dejas esa ira atrás y sólo queda ese tonto pensamiento de "quizás no vale la pena vivir". Cuando extrañas a personas que tienes a 20 minutos de distancia. Cuando sientes que ya nadie se ocupa de ti, aunque quizás no sea así. Cuando lloras escuchando canciones felices, canciones tristes, instrumentales. Cuando lloras viendo fotos, gente, vídeos.  Cuando no te interesa verte bien. Cuando estás todo el día en pijama sin ganas de salir. Cuando aquel nudo en la garganta no te permite hablar. Cuando tu único medio de comunicación es un computador. Cuando tienes miedo de expresar cómo te sientes porque quizás te hagan sentir peor. Cuando tienes todos los malestares de un resfrío, pero estás más sana que nunca. Cuando a la única persona que ves es a tu familia en un portaretrato. Cuando las lágrimas caen peor que lluvia en Cartagena, y ya no sabes qué hacer para detenerlas. Cuando escuchas y escuchas canciones que lo único que hacen es torturarte.  Cuando truenas tus dedos, y sientes que tus huesos no resistirán 50 años más. Cuando no reconoces tu reflejo, y vez a alguien con una mirada triste y extraviada. Cuando te sientes perdida y ya no sabes qué camino tomar, pues ya los tomaste todos y ninguno te llevó a nada bueno. Cuando recuerdas el dolor pasado, y éste se suma a tu dolor presente; y todos juntos hacen un dolor casi mortal. Cuando sólo desearías caminar bajo la lluvia, escuchando algo que te ayude a despejarte; pero no puedes, porque ya es primavera y la felicidad debe florecer. Cuando te sientes cagada, hundida, sumergida. Cuando sabes que estás decepcionando a quienes más odiarías decepcionar. Cuando te sientes estúpida de llorar tanto, de pasar siempre por lo mismo mes a mes.  Cuando simplemente desearías arrancar todo sentimiento y quedarte neutra por un tiempo. Cuando no exiges nada más, simplemente que alguien te ayude a calmar este dolor, porque ya es bastante obvio que sola no puedes. Cuando no lo pides, pero necesitas que alguien te llame; así sea la vecina de la esquina, sólo necesitas oír la voz consoladora de alguien, de alguien que quiera ser tu ángel salvador por unos cuantos minutos. Cuando sientes que Dios te ha abandonado, aunque sabes que Él sigue igual de presente que nunca. Cuando te sangra la nariz y te enfermas de la garganta de tanto llorar. Cuando quieres comerte un litro de helado de chocolate, y a la vez no quieres comer nada. Cuando sabes que quizás no pudiste encontrar el modo de hacer feliz a alguien. Cuando piensas que eres inútil, y que quizás fracases en todo lo que te propongas. Cuando se te olvidan las metas y propósitos que tenías en tu vida. Cuando dejas de pensar que hay personas que te aman, porque sólo quieres que alguien te lo demuestre. Cuando te demuestran amor, pero tus lágrimas no te dejan ver. Cuando escuchas canciones como "El amor de mi vida - Camilo Sesto", y te sientes idiota y patética, y a la vez triste porque sigues sola tecleando. Cuando ves a aquellos peluches que te acompañaron durante esas noches de llantos, pero te sientes incapaz de tomarlos y abrazarlos, porque sabes que pronto te derrumbarás más de lo que ya estás, y quizás nadie logre unir tus piezas. Cuando lloras y se te irrita la nariz y te arden los ojos, pero no puedes parar. Cuando a pesar del tiempo aún se siente el dolor del olvido, el dolor de la muerte, el dolor de la perfidia. Cuando desearías llorar por una fiesta cancelada, y no por una depresión anticipada. Cuando ya no puedes más. Cuando nadie te regala rosas. Cuando nadie te abraza. Cuando nadie te dice que te quiere. Cuando nadie te escribe cartas. Cuando nadie te busca. Cuando nadie te llama. Cuando nadie te visita. Cuando no sabes si alguien te extraña. Cuando necesitas una amiga, un novio, una madre y una abuela, pero a duras penas te tienes a ti misma. Cuando entiendes que alguien se cansará de ti, y aceptas que es lo que tarde o temprano pasará; pero ésta eres tú y hierba mala nunca muere. Cuando suena música clásica y te sientes inmensamente triste. Cuando ves tu guitarra igual de abandonada que tú. Cuando los problemas parecen evaporarse, pero aún te siguen doliendo. Cuando todos piensan que estás bien, cuando en realidad tu alma se está desintegrando. Cuando ves objetos especiales y te da miedo tocarlos. Cuando te sientes incapaz de abrir tu Biblia...
Cuando todo parece ir bien, pero tú te vienes abajo. Es cuando más necesito sobreponerme, es cuando más necesito de alguien porque me he tragado mi orgullo y he podido admitir que sola simplemente no puedo.
Cuando mi NickName es Perfidia y nadie logra entender por qué. Es cuando mi alma se tortura y se oscurece; y yo simplemente necesito ver una luz que me diga que todo volverá a ser como antes, o quizás mejor.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mil palabras de dolor y arrepentimiento.

Y aún me parece como si fuera ayer cuando sonreía sin motivo, hacía amigos sin interés y vivía el momento sin esperar un futuro. Aún me parece ayer cuando no vivía de problemas ni de recuerdos, sino vivía de mis barbies y mis cuentos.
Recuerdo que pensaba que la luna era mi amiga, puesto a que me acompañaba a donde quiera que vaya. Era tan inocente, tan tierna, tan pura, tan sin pecado alguno…

Y hoy, quince años después de haber vivido, veo aquella pared gigante que me separa del mundo y de los que amo, o alguna vez dije amar. Aquel  “Muro de Berlín” que mantiene distante de quienes más necesitan sentirme… Siempre fui una especie no identificada de ser humano, de esas personas de buenos sentimientos y malos actos, de esas hermosas basuras, de esas bellezas vomitivas. De esas, de esas que jamás pensaste conocer y te encantó, pero de las que quizás te arrepentirías de haber conocido.

Quizás hoy pude abrir los ojos después de quince años de mirar sin ver. Y me pude dar cuenta de que quizás mis padres jamás vuelvan a ser mis padres, de que un matrimonio unido por la Dios lo separó el hombre y de que ambos hicieron sus vidas nuevamente, sin pensar en mí y en mi dolor. He podido ver que ya no soy aquella niña que no hace nada y consigue cosas, aquella a la que le compran cosas caras y le conceden sus amables peticiones; porque me convertí en caprichosa y malcriada.  He comprendido que ya no me regalarán miles de juguetes en Navidad, y que quizás muchas personas ya no quieran saber nada de mí, porque ya crecí. Qué curioso, ¿no? Mientras más pequeña eres más te quieren. Y entonces creces, y se olvidan de ti y tú te olvidas de ellos, y jamás exististe, porque ya no eres más la “gordita curiosa”, ahora eres un prospecto de mujer con un cuerpo ni obeso ni anoréxico. Ahora veo que yo no soy el centro del universo, pero cómo me encantaría que corrieran a verme cuando lloro, como cuando tenía meses de nacida; cómo me encantaría que celebraran una sonrisa e hicieran fiesta de una oración bien elaborada. Pero he crecido y ya a nadie parece importarle las pequeñas cosas que hago, ya nadie parece hacer grandes mis pequeñeces. Nadie excepto él, y es a él a quien trato peor que a nadie. Ya nadie me prepara comidas especiales para mí, ya nadie hace helado de lúcuma sólo para mí, ya nadie me prepara desayunos especiales, ya nadie me abraza y me toca los cachetes (cosa que siempre odié), ya a nadie le parezco buena niña, ya nadie tiene un buen concepto de mí.

¿Por qué? ¿Por qué tuve que crecer? ¿Por qué tengo que luchar día a día conmigo misma? ¿Por qué deseo tanto ser mejor persona, si al final nadie me querrá como antes? ¿Por qué intento superarme y superar aquellos vacíos del pasado, si a fin de cuentas es un vacío que nadie podrá llenar porque no debe ser llenado? ¿Por qué espero que sólo una persona me saque de este foso en el que estoy metida tan profundo, si yo no hago el menor intento por subir si quiera una grada de la escalera que me tienden? ¿Por qué extraño tanto a mis mejores amigas, si siempre me he considerado una persona solitaria? ¿Por qué necesito tanto amor? ¿Por qué?

La noche se va profundizando y mis pensamientos se van agilizando y mis dedos no responden a la misma velocidad de mi cerebro, por ende no llego a coordinar palabras ni frases completas, por ende me he vuelto vidente y predigo que este texto será un poco complejo y fácil de entender.
No quiero que mi historia se pierda en un blog, o en un cuaderno, o en un libro, o en una simple historia contada por personas que no saben. No quiero que mi historia deje de ser una historia; porque eso de que todos tienen una historia que contar es mentira, porque mi historia es distina, porque soy diferente, porque soy especial… Especial a mi manera.
Y tengo miedo, porque siento que con esta rabia que manejo mi vida se irá volviendo común, que mi vida se volverá como la de aquellos mundanos que no conocen nada, ni a Dios, ni al amor de verdad, ni a una amistad de verdad; y son seres mediocres. Porque sí, siento que hay muy pocas personas especiales en el planeta, y que conozco a la mayoría.

Sé que con mi comportamiento poco a poco iré alejando a muchas personas. Mi propia madre me lo ha dicho. Pero también sé que con mi carisma, naturalidad y transparencia acercaré o volveré a acercar a muchas otras. Soy como una goma de borrar: la parte roja (y la más grande) borra bien, pero la parte azul borra mal y deja mancha. Es así, por una parte puedo robar sonrisas y provocar buenos sentimientos, pero por otra puedo herir.
Peor aún es que al madurar, me he vuelto más consciente de mis acciones. Aquello me ha hecho darme cuenta en el preciso instante en el que hablo mal, hiero o mato con mis palabras. Y me doy cuenta, pero simplemente no he madurado lo suficiente como para dejar de ser impulsiva. Me dejo llevar por mi ira y tristeza. Porque es tristeza convertida en ira. Porque jamás aprendí a hablar el idioma del entendimiento.
Desprecio personas que no conozco, miro mal a transeúntes y conductores. Me estoy volviendo un ser despreciable.

Esta no soy yo. Esta no es la Francesca que tiene Fe, la Francesca que sonríe y que llora, pero que no odia a nadie. Esta no es la Francesca que odia su figura pero intenta mejorar, la Francesca que tiene ganas de vivir un futuro especial y único, la Francesca que sabe que tiene un don especial. Estoy perdida y no encuentro mi camino a casa.