martes, 3 de enero de 2012

I

I
Se derrumbó bajo el agua la ducha, bajo un chorro de agua helada que no lograba despejar sus ideas. Y lloró, lloró y siguió llorando, intentando evitar sus instintos suicidas, intentando no hacerle caso a esas voces que le susurraban en lenguas extrañas que se corte. Y seguía llorando, vestida y completamente empapada bajo una ducha de agua helada.
Tanto tiempo, tantos días fingiendo estar bien, repitiéndose "ya, todo va a pasar, todo va a estar bien, todo obra para bien, las cosas pasan por algo, tranquila", tantos días de engaños, tantos días de intentar ocultar esas inmensas ganas de desaparecer. Ya sabía, ya sabía desde el primer día que empezó a mentirse, que el día que sucediese algo, por más mínimo que fuera, se destruiría completamente. Ya sabía de antemano que la caída sería profunda, sin embargo decidió estar "bien" por unos cuantos días.
Así es como ahí estaba derrumbada y devastada por un dolor que había cargado tantos días, tantas semanas, tantos meses. En un país que ya no conocía, a pesar de haber vivido ahí toda su vida. Llorando, llorando, gritando porque nadie jamás la volvería a escuchar. Ya no eran gritos, eran alaridos, como si alguien le estuviese abriendo al piel lentamente, como si estuviesen mutilándola, un dolor tan agudo y agresivo que de no ser por su eterna búsqueda, la hubiese matado.
Arrastrándose, salió de la ducha. Sin poder ponerse en pie fue avanzando y dejando mojado el piso del departamento de su madre, que ahora era suyo. Una nota en red social: Adiós mundo. El teléfono que no dejaba de sonar. Se puso en pie, y abrió el cajón suicida y sacó una navaja nueva. Ni se tomó la molestia de desinfectarla.
Y lloró, y lloró, y lloró, tirada en el suelo. No le quedaba nada, porque la vida le había quitado todo. No le quedaba nada porque lo poco que le quedaba de vida, ella lo había destruido. No le quedaba nada porque quizás lo tenía todo.
Deslizó delicadamente la navaja por su brazo, sin lograr que esta lograra cortar. Vaciló. Observó detenidamente ese artefacto. Se lo vendieron en una librería, sin siquiera pensar que sería usado para ver sangre correr, para sentirse viva y poder morir. La gente ignora muchas cosas, se encierra en sus burbujas de normalidad, omite hechos que no le gustan, sólo para vivir engañados. Y al final de sus vidas, se preguntarán, ¿qué tanto he vivido? Y se arrepentirán de no haber sentido al máximo, de haber ignorado a chicas comprando navajas, de no haber ayudado...
Las lágrimas no dejaban de escurrir su colorado rostro, y llegaban al abismo del suelo, goteando por su mentón. Sufría, sufría porque sabía que a pesar de estar muerta, de decirse y llamarse muerta en vida, no estaba muerta. Si estuviese muerta no sufriría, no lloraría, no amaría, no se destruiría tanto. Se moría de sed, sentía la lengua totalmente seca y le costaba tragar saliva. Sentía que el suelo era arena movediza, y que se hundía en las profundidades de un infierno sin fin. Sabía que si se mataba no llegaría al Cielo, que no vería nunca más a las personas que un día amó, y que en algún momento del pasado, también la amaron. ¿Por qué siempre ella intentaba buscar a Dios en esos momentos? La mayoría de chicas suicidas no lo hacen, ni siquiera creen en Él. Pero de todas maneras, lo buscó, le gritó dónde mierda estaba, pero no apareció, no lo encontró, no lo sintió. Y ahí estaba pues, tirada en el suelo con la navaja en la mano derecha, empapada y agitada, llorando como hacía mucho tiempo no lloraba, con esa impotencia de no querer vivir más.
Cuando sus oídos pudieron escuchar, notó 8 llamadas perdidas en el celular y 2 mensajes de texto. Uno de los mensajes de texto decía "Busca a Dios, él nunca te va a fallar", y el segundo decía "Encuentra por quién seguir adelante, vales mucho". Dejó de llorar un segundo al leer los mensajes, eran de dos personas diferentes, personas con las que jamás hablaba. Dejó de llorar y observó el celular como si nunca hubiese visto uno, con una cara de no comprender lo que estaba sucediendo. Se quedó observándolo por un minuto, observando sin mirar realmente. Explotó en llanto, tiró el celular, y se echó en el piso en posición fetal, doliéndole el alma y los huesos, pues había bajado de peso en esa última semana sin comer.
Al verse patética tirada en el suelo, se levantó, y a pasos torpes fue como trompo golpeándose con cada cosa que pasaba, con la navaja en mano, en dirección a su cama. No llegó a subirse, no tenía las fuerzas, así que se sentó con la espalda en las patas de la cama, sin dejar de botar agua por los ojos, que estaban tan hinchados que a penas y podía parpadear bien.
Toser, comenzó a toser y sentía que la bilis se le salía por la boca. Sí, llorar tanto que te dan ganas de vomitar. Vomitó al lado de su cama, porque no tuvo fuerzas de levantarse para llegar al baño. Ácido, amarillo, amargo, verde, triste, rojo, sangre. Lloró más al ver la sangre, al verse tan destruida al lado de esa cama, tan patética y estúpida, porque habiendo tanta gente que lucha por vivir, ella luchaba por morir.
Tiró la navaja tan fuerte que hasta ella misma se asustó del sonido hecho, y dejó de llorar por un momento.
Ella quería morirse, quería morirse porque sentía que no tenía a nadie en esta vida. Se odiaba, odiaba sus pensamientos, sus palabras, sus canciones, su cuerpo, sus gustos, sus actitudes. Odiaba todo de ella. Sentía que había dejado de avanzar, que no servía para nada, que no tenía nada por hacer ni por vivir, pues ya todo estaba perdido. Curioso para una chica que quizás nunca tuvo las responsabilidades de un adulto, porque nunca llegó a serlo.
No tuvo tiempo para pensar, porque simplemente se quería morir. Simplemente estaba harta porque decía que ya estaba muerta por dentro, pero lo único cierto era que se moría día a día, pero seguía viva.
Recogió la navaja, y se cortó como nunca antes se había cortado. El primer corte fue lento, vio como poco a poco se iba abriendo la piel y se hacían puntitos rojos que poco a poco se iban formando en gotas que iban escurriendo por lo largo de su antebrazo.


Finalmente sentía el dolor, sentía la sangre correr por sus brazos y terminar en el suicidio, tal cual sus lágrimas, yaciendo en el suelo. Cortes profundos, cortes de dolor. Finalmente podría descansar en paz.
Y antes de debilitarse, abrió su pequeño cajón escondido, y sacó los somníferos que tenía guardados hacía ya medio año. Uno por uno, fue disfrutando de su sinsabor/sabor amargo, sin agua alguna.
Y entre la sangre y las pastillas, quince minutos después, finalmente, pudo cerrar los ojos y dormir...

lunes, 2 de enero de 2012

2012

Dos más dos son cuatro, y mes a mes se va el año. Un año más cerca al fin del  mundo, carajo, moriremos todos en menos de un año. Ay, por favor, ¿en serio se creen ese cuento? Bueno, yo lo creo a medias, pero ese no es el punto.


¿Cómo rayos he llegado sobreviviente y casi sin cicatrices al 2012? ¿Cómo es que después de todas las veces que me he matado, sigo viva? ¿Cómo es que después del mayor rompimiento de corazón, sigo amando? ¿Cómo es que después de la mayor desilusión divina, sigo amando a Dios? ¿Cómo es que después de tanto alcohol, hasta ahora no me he ido a la mierda? ¿Cómo es que después de tantos problemas, aún quiero luchar? Se llama fe, se llama confianza, se llama esperanza. Es esa cosquillita que se esconde en algún lado de mi alma, que me dice que siga adelante, que haga bien las cosas, porque después de todo, tarde o temprano, tendré alguna recompensa. 


Y no, no se trata de que haga las cosas bien por "querer algo", no es nada material. Es simplemente que sé que si sigo como estuve hace un par de meses, podría terminar yéndome completa y enteramente a la mierda. Y es algo que, honestamente, no estoy dispuesta a pasar.


 Ya no voy a hundirme más. Obviamente, eso no quiere decir que no tenga mis días solitaros, que no deje de sentirme sola y sin amor, aunque no sea así. Tampoco quiere decir que estaré diciendo que la vida es bella todos los días, porque, por favor, la vida sólo es bella por momentos. Pero, seré quién soy sin cometer errores garrafales, porque ya no estoy para esas vainas.


Vaya que este 2011 la he cagado, y a colores. Pero también me he enamorado, he aprendido y he luchado.
Aquí las mejores cosas del 2011:
  • La primera, como debe ser, es él. Él fue lo mejor de mi 2011, porque con él lo inicié y con él lo despedí, aunque en distintas maneras. Él me enseñó a amar, me enamoró, con él juré amor eterno, y sin duda, lo sigo jurando, aunque por ahora no haya más que amistad. Él fue el único hombre por el cual suspiré, lloré, reí, soñé, deseé y anhelé, durante unos largos 365 días. Ese chico de contextura media, poco más alto que yo, latino y de cabello largo, de la mirada fuerte y expresiva, de la voz sensual, de las melodías vivaces y melancólicas, de los misterios inacabables, de las pesadillas increíbles, de las manos suaves y cabello ondulado, de los jeans ajustados, de las palabras precisas y carcajadas escandalosas. Ese payaso, que ama a sus amigos y familia, y que lo dio todo por mí. Él fue lo mejor de mi 2011, porque aunque hoy no sea más que un gran amigo y compañero, le agradezco infinitamente el haberme enseñado lo que me enseñó, el haberme hecho sentir lo que sentí, y el haberme enamorado como me enamoró. Y honestamente, después de él, no busco a nadie más.
  • Luego viene el haber visto a Ximena, mi mejor amiga, dos veces en un mismo año. Ella la de las muecas infinitas, frases locas, personalidad original, ropa bonita y abrazos de oso. La que me acompañó durante casi 11 años, aquí y a la distancia. Sin duda Ximena es una de las mejores cosas del año, y de la vida.
  • Cam. Cam, Camilita, Camila. La colombiana que parece americana, una de las amigas que más me entiende aunque me conozca recién dos años. Una amiga incondicional que bien o mal siempre ha estado ahí. Su amistad es una de las cosas más hermosas del año.
  • Juliana, Julia, churrasco. Mi gemela mayor que yo, la que siempre me entiende cada cosa que hago y cada paso que doy, la que me putea y me dice las cosas sin pelos en la lengua. Con la que siempre quedamos en mandarnos cositas y al final nunca nos mandamos nada, pero igual nos amamos. Lo más lindo fue volver a hablar con ella como antes, a ser igual de amigas que antes. 
  • ¡Tetris! Mi nueva y primera banda de música. Donde conocí a Claudia, Angiela, Maria Claudia y Patricia, cuatro chicas completamente distintas unidas por una misma pasión: divertirse. Já, ¿pensaste que diría la música? Pues sí, un poco, también. Estas locas lograron sacarme de casa a tomar alcohol en cantidades innecesarias, a ir a discotecas que nunca pensé ir. Pero, por favor, resaltemos: LOGRARON SACARME DE CASA. Sí, yo la que odiaba ir de party y celebrar un fin de semana como si fuese fin de año.
    Cada una de ellas, a su manera, me ha invitado a creer más en la vida, en el futuro, en la música, en el arte, en luchar por lo que uno quiere. Me ayudaron a darme cuenta que divertirse  sí importa,  que si se puede vivir de la música, que no soy la única que deja de comer dos días seguidos, que jugar siempre es bueno, que una relación no puede destruir tu vida, y que tengo que pisar mejor las cuerdas de la guitarra y no irme de los tiempos. Putas todas, las quiero un montón, estoy feliz de haber llegado a Tetris, de haberlas conocido.
  • Mis amigos que más que amigos ya son hermanos. Gina, con la que me río todas las noches, con la que comparto secretos y puedo ser completamente honesta y decir qué tan bien huelen mis pies, o si tengo ganas de ir al baño. La que me consuela puteándome cuando lloro, y la que me hace reír a carcajadas. Diego, Diegui, mi hermani. El que siempre me dice "pero tranqui nomás", y que borracho este año nuevo me dio el mejor consejo del mundo: "encuéntrate a ti misma Flan, no importa cuán lejos sea el camino, vale la pena, de verdad". El niñoh de Nativo, mi hermanito que me cuida cuando estoy borracha, y me quiere acompañar a dormir a un parque a las 2 de la mañana sólo para que no me pase nada. 
  • Brenda, que llegó y la vi tres veces después de dos largos años. Que vino a endulzarme un poquito de los finales del año.
  • Las personas que marcaron mi año con consejos y risas. La mayoría los conocí en el 2011. Javier (mi amixer), Danixa, Biocore, Giuxz, Zam, Mafer, Gianco. Por ellos que me han visto llorar, me han escuchado lamentar, me han visto hablando tonterías y diciendo que he engordado. Son especiales en mi año.
  • A todas las personas que conocí hace poco, y se están ganando mi cariño. Esas que me hacen darme cuenta que ser sociable es bueno, y que nunca es tarde para conocer gente buena, porque todavía hay.
  • A mi mamá y mi papá, que este año se encargaron de hacer darme cuenta que tengo que valerme por mí misma, porque ellos son inconstantes. Que a pesar de su amor, ya estoy creciendo y tengo que comportarme como alguien de mi edad, que ya no tengo 10 años.
  • Esas personas que me hicieron renegar, reír. Esas que eliminé del Facebook, esas que mandé a la mierda. Esos imbéciles que gritan porquerías en las calles. Esos inbox estúpidos de gente sin autoestima que se pasa la vida insultando gente. Esas que me hicieron más fuerte, que me hicieron dejar de confiar tanto en la gente. Esas que me hacen mirar de reojo y con cautela antes de dar cualquier paso.
  • Dios. Que aunque mi fe nunca fue al 100%, siempre quise esté ahí. Que hoy me he dado cuenta que no me abandona, que me escucha y premia mis esfuerzos. Que sabe mis dolencias y mis pensamientos, que me conoce más que yo misma y sabe bien qué es lo mejor para mí en cada momento. Al cual le entregué lo que más quería en esta vida, al cual le he entregado toda mi vida, porque sé que Él jamás hará algo en contra mío.
    Muchas veces he ido en contra de él, como todos. Pero si algo he aprendido, es que mientras mejor quieras ser, mejor te va a ir. Dios. El incondicional Dios. Sin Él en mi vida mi año 2011 no hubiese sido nada.
  • A mi abuelo, papito, que aunque no esté en este mundo, me ha ayudado a sobrellevar muchísimas cosas. Me ha dejado las mejores lecciones de vida, me ha acompañado en mis llantos, me ha acompañado en mis risas. Ha cuidado de mí desde el Cielo, y ha cuidado de él, por mí. A mi abuela, mamita,  porque la amo y simplemente la amo, y ha tenido buena salud.
  • Y por último, pero no menos importante. A mí misma, porque aprendí que valgo mucho. Que con los miles de defectos que tengo, soy una buena persona en el fondo, que tengo mucho por madurar y por vivir, que tengo mucho por creer y por ver, pero que hasta donde estoy hoy, soy un gran ser humano. Aprendí a quererme para así poder querer a los demás. Un poco tarde, pero lo aprendí.
El año que ya se fue, como está escrito, YA SE FUE. No hay nada para traerlo de vuelta, no hay ningún lugar para volver a vivir momentos hermosos más que en mi mente. Y aunque he sufrido mucho, más han sido los momentos alegres que los momentos tristes, aunque no se note.
He cometido errores de los que me he arrepentido con la vida. Pero aquí estoy, con un nuevo año para intentarlo de nuevo. Para intentar ser un buen ser humano y algo más, para intentar ser buena hija (de mis padres y de Dios), para intentar ser buena novia así no tenga novio, para intentar ser buena amiga, para intentar amarme. ¿Intentar? Mejor reemplazemos intentar por hacer, y así va mejor la cosa.

El 2012 ya llegó, no sé si vayamos a morir todos este año. Lo único que sé, es que no tengo que esperar más para cambiar. El momento es ahora, es hoy. Debió serlo ayer, pero nunca es tarde para mejorar.
Adiós 2011, te voy a extrañar con mi vida. Hola 2012, espero que me sorprendas y puedas superar el año que pasó.

Y bueno, ya me voy a dormir siendo las 3 en punto de la madrugada. Tengo que seguir caminando, seguir andando con mis pies heridos y descalzos sobre un piso lleno de vidrio caliente.. Tengo que seguir luchando por lo que quiero, porque si no lo hago yo, me arrepentiré el resto de mi vida.


Seguiré caminando, pase lo que pase.
Y esta canción me acompañó durante toda la hora que me tomó escribir este post.