sábado, 17 de marzo de 2012

Sentimientos previos a decir ya basta

- ¡Él solía ser mío! - Le dije con lágrimas en los ojos, e imágenes en la cabeza.
- Ya no es, tienes una vida para enamorarte mil veces, en serio, no te gastes ahorita. - Decía ella tratando de hacerme entrar en esa semi-cordura naturalmente mía nuevamente.
- ¡No quiero, no quiero nada! - Dije empezando a hacer aquel berrinche característico de mi tan idiota personalidad.
- Le das mucha importancia, él sabe que te tiene ahí.
- No, yo no quiero nada con él. Puto.
- Entonces, ¿qué te jode? Aún te manda a la mierda lo que él hace o no.
- ¡Que me supere tan rápido!
- Así son. Así lo harás también con otra persona. No significa nada.
- Así no es... Así no tiene que ser... - dije casi susurrando.
- No es justo, lo sé, pero así también pasa.
- Es una mierda.
- No te quedes pensando en por qué las personas son así, porque todas somos distintas. Hay que aceptar no más eso, y esperar a que haya sido con buena fe todo.
- Me quiero morir. - Otra frase típica mía, ahora entiendo por qué la gente se desespera tanto conmigo.
- No seas cojuda, es una persona, no se acaba el mundo.
- Han pasado cuatro meses, pero recién me da tanta cólera. Antes me daba tristeza y pena.
- ¡Ufff! - exclamó, con esa cara de "aún no sabes lo que viene" - falta mucho. Pero, ¿ves? Vas avanzando, así es el desarrollo. Te vas a cansar. La gente se cansa de sentirse mal.
- Tengo miedo...
- Luego se cansa de estar enojado, se cansa de esperar, se cansa hasta de querer sin nada a cambio. Eso es lo bueno de las personas. Al final, no soportamos mucho algo si es que no cambia.


"La gente se cansa de sentirse mal, la gente se cansa de sentirse mal"... sus palabras resonaban una y otra vez en mi cerebro con escasas neuronas, ya que es sábado y los sábados yo no pienso.
¿Por qué nunca me he cansado? Y las pocas veces que me canso, me dejo de cansar poco porque a veces me gusta llorar. Pero no, ya no me gusta llorar, ni sentirme mal. Me he cansado de sentirme mal, pero no siento esas fuerzas para salir de esta. ¿Por qué me jodía tanto lo que él hacía o dejaba de hacer? Si yo, hasta las lágrimas, me autoconvencí de que yo ya no sentía nada por él, que él no era él y que por ende era un pasado sin presente, un pasado inexistente porque él ya no era más que una réplica exacta de lo que un día fue. Una mierda es ahora, una mierda mi situación, una mierda esta cólera que me hace querer ahorcarlo a él, a él y a sus putas de mierda, que seguramente no son putas, pero como buena ex, todas las mujeres que le hablan son putas. ¡PUTAS, PUTAS EVERYWHERE! 
Y por otro lado, ellas, ellas que siempre me joden la cabeza y me joden el cerebro. Ellas, ellas, ellas maldita sea, ellas. Ellas y mis enormes ganas de salir de la monotonía y hacerle caso a mis más bajos instintos. Pero no puedo, no debo, porque al final todas están locas.
No quiero, no quiero un carajo, quiero poder olvidarme de esta mierda llamada sentimientos, pero ¿sabes qué? No puedo. No puedo por el simple hecho que acá mi compadre Diosito, está muy ocupado como para tomarle atención a unos sentimientos destructivos de mierda, porque Él cree que de estas me salgo sola. Porque es mentira, porque nunca pude sola. Porque es mentira que es mentira, porque siempre pude, siempre lo intenté, mas aún no lo he logrado.


¿Entonces? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué? ¿De qué? ¿Nunca? ¿Algún día? ¿Ahora? ¿Mañana? ¿Ayer?  ¿Quién? ¿Tú? ¿Yo? ¿Nadie? ¿Nada? 


Entonces estos se llaman sentimientos previos a decir ya basta, estos se llaman sentimientos previos al cansancio, al hartazgo, y a mandar todo a la mierda y por fin decidirme a ser feliz y cerrar ese capítulo tan dramático, ficticio, irrealmente verdadero, triste, colérico, alegre, y dramático de nuevo, de mi vida.


Acá, veo a mis hermanas jugando a mi alrededor, mientras yo me hundo en el sofá de cuero con la laptop a escribir, llena de cólera, llena de impotencia, llena de ganas, llena de nada y llena de todo. Y mis hermanas juegan en sus vestidos de tul, como yo cuando era pequeña. A ellas no les interesa nada más que yo les invite helado, y las haga girar hasta que lloren y luego me digan: ¡Luciana, vueltas de nuevo, porfis!, y yo les diga que ya estoy vieja, que me duele la espalda y que ya no estoy para esos achaques, y ellas me pongan esos ojitos que yo le ponía a mi ex cuando me decía que no me compraría caramelos de sandía, y él me decía: Ok, Lu, vamos ahora a comprar, entonces les digo que ya, que la última, y salgo de mi concentración total para darles vueltas, marearme, sentarme y seguir escribiendo, hasta las próximas últimas vueltas, que se aburran y se vayan a jugar con su laptop de mentira, o me pidan la mía para jugar con su castillo de la Barbie y montar en su caballo blanco de cola rubia. Yo a su edad jugaba con tasitas de té de porcelana en miniatura, y con comida invisible... Cómo cambian los tiempos, y ahora tengo 23 años y estoy jodida, completamente jodida.


Espero escribir nuevamente algo con un título como: Ya dije basta, y ahora soy feliz. Pero me conozco como si fuese una Acuariana de vocación, inestable y sensible hasta por las huevas. 
Hora de cerrar la laptop e irle a comprar helados a mis hermanas, que ya me jodieron la paciencia.



- Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia-
Gracias a Mer. R. , por aguantarme.