lunes, 31 de diciembre de 2012

Adiós 2012

Empezaré con esto ¡YA SE ACABÓ EL 2012 CONCHASUMADRE!
No puedo expresar con palabras lo feliz que estoy de que se haya acabado ese año de mierda, en serio.
Yo sé que es algo simbólico el hecho de "cambio de año, cambio de vida". Se acabó el 2012 pero yo no he perdido 50kg de un día para otro, ni mis ojos se han vuelto celestes ni he encontrado a mi futuro esposo al dar la media noche. Pero si algo es cierto, que esos simbolismos de mierda significan demasiado para mí. Y sí, por eso estoy demasiado feliz que se haya terminado.

He puesto mi reproductor en aleatorio y de pronto escucho una grabación del 2010, cuando yo me moría por él y él no sabía. En fin. Es una de esas cositas que me muestran cuántas cosas han cambiado. Sin querer queriendo han pasado tres años desde que mi vida cambió radicalmente. Cuatro, contando a L y mi pasado tormentoso. Como amo esto de crecer y poder olvidar lo que un día me causó tanto dolor.
Es una canción, la grabación aleatoria, una canción de ensayo. Esa canción hoy en día está cambiada en un 50% y ya no pertenece a él, porque esa canción murió junto conmigo, con él y con todos. Simbolismos de nuevo. No importa. Ojalá pudiese escribir con tanta libertad aquí como lo hago en mis cuadernos, pero no puedo, el hecho es que no puedo y por eso estoy aquí sin escribir nombres. 
La canción se termina después de seis minutos de grabación, mi corazón tiembla y mis manos sudan frío. Me da un poco de pena escribir esto, me da un poco de pena leer lo que escribí el año pasado y ver cuánto he cambiado, cuánto me ha curtido el paso de los meses

Just close your eyes and scream with me, what we do in this life will echo in eternity. La música ha tenido gran influencia este 2012 en mi vida. Mucha más que otros años, por el mismo hecho que me pulí más en la guitarra, avancé sola y aprendí sola. La música fue mi vida todo este año.
Exploré otros lados de mí, viví cosas que jamás pensé vivir. Viajé con alguien que recién conocía por todo el Sur, visité a familia que no visitaba hace años. Creé canciones, dejé mi banda, formé otra. Abandoné y huí de responsabilidades musicales, me ganó la dejadez y la depresión.
No quise estudiar. No estudié. Las cosas se hicieron tal cual las quise en ese aspecto, y fui responsable de mis propias malas decisiones. Hoy ya habría acabado mi primer año de universidad. Ni modo.

Sufrí tanto este año, pero tanto que la escala del 1 al 100 me queda corta. No voy a explicar en qué o por qué sufrí, simplemente voy a decir que sufrí. Me ilusioné y volví a caer. Esperé algo que jamás debí esperar. Me enamoré de la nada misma, me enamoré del aire. Amé. Odié. 
Ojalá pudiese decir que este año conocí a alguien que me cambió la vida, alguien que me enamoró, alguien que me hizo vibrar. Pero no conocí a nadie más que a un pasado amenazante y feroz. 
Pero de todo ello, aprendí más de mí y de mi estúpido comportamiento de niña idiota que cree que lo merece todo, cuando todo lo bueno que tenía lo convertía en trizas. Fui una desagradecida con la vida.

Escapé del suicidio y de los trastornos alimenticios. Me extralimité con las pastillas y engordé. Me deprimí. Lloré. Pero no recaí, gracias a Dios, a la vida, y sobre todo a mí misma, no recaí. No me imagino haber pasado por eso de nuevo esta vez sola. 
Para ser sincera, me asombra que esté viva este 2013.

Me di cuenta que estoy sola. Que mis amigas siempre serán sólo eso: mis amigas. Me di cuenta que no tengo a nadie al lado y que tengo que salir de estas sola, sin nadie que me abrace o que me llame. Y está bien, estoy aprendiendo a lidiar con ello. 

Por todo eso estoy enormemente feliz de que se haya acabado el 2012, el peor año de toda mi vida. Me muero de ganas por escribir todo lo que tengo en mente, pero aún tengo algo de conciencia, de orgullo y de dignidad y no lo haré. Mi vida privada está bastante publicada y vulnerable por todas las redes sociales. Pero cierto es que nadie sabe nada de mí, absolutamente nada ni nadie. Lamentablemnte y gracias a Dios.

Este no ha sido un texto poético, ni difícil de leer. Más bien ha sido mi desahogo de fin de año. Algo incómodo, molesto y a medias. Pero tenía que hacerlo. 

No prometo nada para este año. No prometo hacer dieta, ni no querer desaparecer. No prometo hacer amigos, ni estudiar todos los días. No prometo ser mejor persona ni aprender a tocar batería. No prometo ser mejor hija. No prometo nada porque cada vez que prometo algo me defraudo a mí misma. Este año sólo voy a buscar mi tranquilidad. Sólo eso.

2012, no te voy a extrañar tanto. 

Y ya pues, nunca hubo fin del mundo :(


martes, 25 de diciembre de 2012

Sálvame

Vacío. Un vacío tan profundo que ni siquiera sé si en realidad hay algo más. Humo. Oscuridad. ¿Qué está pasando? No entiendo. ¿Qué hago? Tampoco entiendo. ¿A dónde voy? No sé. No sé. No sé, te juro que no sé. Quisiera saber dónde es que está, dónde es que no está, por qué es que no está. Tengo que buscar mi razón, tengo que buscar mi conciencia, tengo que buscar mi alma. Voy dando vueltas en círculos, como un perro que quiere atrapar su cola, como alguien que busca el amor del amor perdido, el dolor del amor perdido. Inerte a mi naturaleza es el sentimiento de no saber qué sentir. Estoy triste pero no estoy triste. Inseguridad mezclada con seguridad, confianza mezclada con desconfianza, amor mezclado con indiferencia.
Ven. Ven y sálvame. Ven y dime que nada está perdido. Ven y dime que todo estará bien. Ven y por favor enamórame, hazme vibrar, hazme sentir. Ven y ayúdame a vivir. Ayúdame a encontrarme.
Me estoy perdiendo entre bosques que hace un tiempo pinté. A la derecha hay árboles y a la izquierda también, detrás mio no hay nada y frente a mí hay un laberinto en el que me da miedo ingresar.
¡Estoy perdida! ¡Ven! ¡Ayúdame!
Me rehúso a aceptar que ya acepté el hecho de no verte nunca más, de no saborear tus labios nunca más. Me rehúso a aceptar que ya acepté que nunca serás quien fuiste y que nunca volveré a ser quien fui contigo. Quisiera decirte que te amo, quisiera pedirte que te quedes, quisiera decirte que te extraño. Pero no quiero mentir. Ni a ti, ni a mí misma, porque ya no puedo.
Confusión. Lágrimas mentales. Suspiros estúpidos.
Dormir. Sólo quiero dormir y quizás despertar con una nueva idea. Una nueva idea para olvidar que te estoy olvidando, para olvidar que en realidad nunca te he olvidado. Te extraño.
Vacío, dulce vacío. Voy a colapsar. Sálvame.

Y con el paso del tiempo, ellos

El tiempo no cambia a las personas. El tiempo mata a las personas. El tiempo la había matado, había aniquilado cada sonrisa y cada sentimiento. Él la había asesinado; y aunque seguían ahí, ambos sabían que ninguno de los dos estaba presente. Ya no. 
Ella lloraba, su mente era un torbellino y su alma estaba quebrada. Lloraba pensando en por qué nada podía ser como antes, por qué él ya no era él y ella ya no era ella. Lo miraba. Era él, o parecía ser él. Quizás era un robot malvado enviado por algún científico chino para investigar la naturaleza y el dolor humano. Sea lo que sea, ese hombre que tenía frente a ella, se parecía al hombre que un día amó con locura y hoy quería amar. Se obligaba a quererle, mas lo único que podía sentir era una pena más inmensa que la soledad misma. Él la miraba, con los mismos ojos cafés de siempre. Pero sus ojos ya no eran sus ojos, pues su mirada no estaba allí, estaba en ella pero no por ella ni para ella. 
<< Si tan sólo pudiese mirarle como antes, si tan sólo pudiese imaginar que todo es como antes, cuando yo era inocente y él amaba mi inocencia. ¿Cómo hago? ¿Qué hago? Por favor deja de mirarme así, deja de hablarme como si fuese una persona que odias. Estoy segura que a tus amigas o amigos no le hablas así. ¿Por qué no puedo ser su amiga? ¡Dios, dime qué hacer! Me acuerdo cuando caminábamos y ni él ni yo teníamos dinero. Caminábamos y caminábamos y éramos tan felices...>>
El recordar provocó un tierno brillo en sus grandes ojos. Una media sonrisa se posó en su rostro y él lo notó. Comenzó a jugar con su cabello, como antes, y a mirarle, y a mirarle, y a jugar y a mover sus pies como antes. Comenzó a ser la de antes, la que siempre fue, la que seguía siendo, la que el tiempo no había matado del todo.


 - ¿Qué haces? - Preguntó él.
 - Intento mirarte como cuando tenía trece.
 - No te entiendo.
 - No te preocupes, no necesitas entender nada.

La mirada de él no cambió. Se iba alterando poco a poco, como si le molestase que ella pudiese ser la de antes, que el tiempo no la hubiese matado y a él sí. 

 - No te entiendo, ¿para qué haces esto?
 - No estoy haciendo nada. Estoy cansada de mirarte como si fueras un desconocido. Me muero de pena, se me parte el alma de sólo saber que donde hubo fuego ya no quedan las cenizas. Tú barriste las cenizas - explotó en llanto - A veces te odio. Te odio tanto. Te odio por haberme enamorado hasta las patas, de haberme hecho sentir mariposas y de haberme hecho alejarme de mis amigas y de mi familia para pasar días y días enteros contigo. Te odio por haberme hecho tan feliz. Porque hoy de todo lo que fue ya no queda nada. Yo te hice una promesa. Yo te prometí un para siempre. ¿Y qué hiciste? ¿Qué hiciste con esa promesa? ¿Qué hiciste con tu promesa? Eres un mentiroso. Te odio. ¡Te odio!
 - ¿Ya terminaste? ¿Ya puedo hablar?
 - Sí. 
 - Las cosas han cambiado. Tomamos decisiones, elegimos cosas y elegimos a personas. Dejaste pasar el tiempo hasta que te dieras cuenta de todo esto. Dejaste pasar oportunidades. Yo dejé de intentar. Tú ya estás en la universidad y yo viajaré pronto a trabajar en lo que amo. Conocerás a alguien, ya verás, lo sé. Yo ya conocí a alguien, y lo sabes. Me da pena no haber podido cumplir nuestras promesas, pero ya verás que al final de nuestros días, todo va a encajar perfectamente, que este dolor va a tener un sentido. Y quién sabe, quizás al final terminemos juntos. O quizás no. Nadie sabe. Por ahora estoy seguro de todas mis decisiones. Pero no llores, no llores porque eres hermosa cuando ríes. Te lo dije cuando te conocí a los trece y te lo digo ahora, a los dieciocho. Yo te quiero, no dudes que te quiero y que siempre me vas a tener si me necesitas. Pero yo ya no soy tuyo, y tú ya no eres mía. Ya es hora.

Quizás fuera verdad. Las lágrimas corrían por su pequeña carita como un río caudaloso, se atoraba y respiraba con dificultad. El dolor era tan grande que le dolía el pecho, tenía ganas de vomitar, quería rogarle por favor que no se fuera, quería rogarle que se quedara, que lo intentara. Pero sabía, muy en el fondo, que nada de eso funcionaría. 

 - Me acompañas a mi casa, ¿por favor?
 - No puedo. ¿Puedes ir sola? ¿Sabes cómo llegar?
 - Sí, obvio que sé cómo llegar.
 - Claro... Olvidé que ya eres una señorita. - Dijo con una sonrisa en el rostro - Cuídate mucho, ¿me lo prometes?
 - Te lo prometo.

Quizás el tiempo no los había matado, quizás ellos habían decidido fingir un suicidio y seguir caminando. Cada uno por su lado, esta vez.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Fragmento de una cosilla que estoy escribiendo

La sinceridad te dio alas para volar, mi amor, para volar muy muy lejos de mí. Esa sinceridad que por tanto tiempo amé hoy es la única causante de que el corazón se me estruje como un trapo sucio. Es que eso soy, ¿no? Un trapo sucio, un trapo viejo y sucio que decidiste dejar tirado aquí, mientras volabas por aires que obviamente no eran peruanos y saboreabas una nueva lluvia que ya no es la mía.
Esta es una de las tantas cartas que te he escrito y jamás te mandaré. Aunque me muera de ganas, aunque me muera por ti y me mate por ti. Si tan sólo me dieras un indicio, una pequeña pista que me diga que aún me amas, que volverás. Tengo miedo de perder las esperanzas, de perder las ilusiones que me mantienen con vida hoy. Si leyeras esto dirías que soy una exagerada, pero te juro que no, te juro que me muero poquito a poquito cada mañana que despierto y no te veo a mi lado. No resisto.
Hoy me pregunto, ¿quién me va a ver si todos están ciegos? Si tú eras el único con la vista suficiente como para verme y saberme tan bien. Eras la única persona en la que podía confiar. Eras y ya no eres.
Cada día vivo con la esperanza de verte regresar, y cada noche muero sabiendo que no estás. ¿Por qué tuviste que irte? Quisiera saber si hay algo que pueda decir para hacerte regresar.
Ya no sé cómo levantarme e intentarlo. ¿Por qué nunca me enseñaste? Si tan sólo me hubieses entrenado a vivir sin ti, sin tus ronquidos, sin tus manos, sin tus pies, sin tus hermosos ojos cafés.
El día a día se me hace cada segundo más difícil, y no sé cuánto más pueda aguantar. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que te fuiste. No cuento ni los días ni los meses, así cuando regreses, podré fingir que fue a penas ayer que me dejaste aquí, marchitada. ¿Y qué si nunca regresas?


"Carta número 99"
- Fragmento de una cosilla que estoy escribiendo