lunes, 3 de junio de 2013

Quisiera ser un árbol

La nostalgia de la neblina se cola por mis poros y me hace tiritar. A veces no entiendo porqué sigo viva.
La luz muere más temprano que antes, al igual que yo, al igual que mi felicidad esbozada en una triste sonrisa fingida.

No sé qué hago acá. Hace tiempo que no sigo mis impulsos. Sin embargo hoy decidí venir a este parque que tantos besos ha guardado y tantos secretos ha callado. Las hojas, como hace un año, vuelven a caer desnudando los árboles. A veces siento que soy un árbol. Siempre de pie, a veces más fea, a veces más bella, llena de secretos, de temores, de mentiras y verdades. Ojalá fuera un árbol.
El día no tiene color, al igual que mi rostro que no lleva ni una sola de maquillaje. Es un día simple. Es un día hermoso. Es un día muy triste.
Este lugar es tan recurrido. Eso me hace odiarlo. Sin embargo aún hay un motivo que hace que termine siempre aquí. Me pregunto qué será. Me pregunto, pero no me respondo, porque en realidad sí sé.
Las hojas caen muertas sobre mí. Dicen que atraemos lo que somos. Soy esa hoja muerta que hace un tiempo estuvo llena de vida. Soy esa hoja seca, tiesa y sin pasión.
Estoy aquí, sin embargo no estoy. A veces siento que él está aquí, a mi lado. A veces confundo el viento con sus caricias y el canto de las aves con su voz. A veces sólo necesito cerrar los ojos e imaginarlo, para ser feliz. Ahora puedo ver cuán mediocre es mi concepto de felicidad.
La realidad cae sobre mí como una torrencial lluvia. Cada segundo que pasa es un martirio. Un hermoso martirio.
Me pregunto qué se sentirá temer. Lo más cercano al miedo que pude sentir alguna vez, fue aquel día en el cual él soltó mi mano. Pero luego, años después, aprendí a caminar con las manos en los bolsillos y el corazón en la garganta. Como quien no quiere nada pero lo espera todo. Soy una persona negativa condenada al eterno e ingenuo optimismo. En pocas palabras, soy una idiota.
Ojalá pudiese ser blanco o negro. Estoy cansad de ser la sombra de la niña que fui. Ojalá pudiese dejar de contradecirme alguna vez en mi vida.

Llevo un gorro negro puesto. Como quien no se siente libre. Como quien quiere un abrazo sincero.
Ojalá pudiese vivir en este lugar. No comer, no beber. Morir en el lugar que más me vio vivir. Mi vida se resume en este lugar. Mis sueños han nacido y han muerto aquí. 

A veces siento me falta. Digo a veces por no decir siempre, y digo algo por no decir que me falta todo y no tengo absolutamente nada. Quisiera poder llorar. Quisiera ser sincera conmigo misma. 
A veces necesito ésto. Aislarme de mi realidad y volver al pasado, volver a encontrarme, volver a soñar con ese futuro que tanto planeé y jamás llegará. Quisiera ser un árbol.
Las cosas han cambiado incluso aquí. Todo cambia. Todo menos yo, pues yo sigo siendo aquel árbol torcido que en primavera ves lindo y en invierno ves tan triste y acabado. Ese árbol viejo y torcido.
No me gusta ver cómo todo se mueve a mi alrededor, mientras yo sigo aquí, quietecita sin decir una sola palabra, como quien se esconde de aquel gran asesino que la gente llama realidad.

Siento que cuando me levante de este asiento, habré dejado otra parte de mí aquí. Supongo que seguiré volviendo hasta que ya no me quede nada. Supongo que eso significa que aún me queda algo. No sé. Sólo sé que quisiera ser un árbol.