sábado, 20 de julio de 2013

Tiempo, tiempo, tiempo...

El segundero sigue su curso imaginario. A veces quisiera sacarle las pilas al reloj de la vida.
La vida no para por nadie nunca, y eso me asusta, me asusta muchísimo. La vida no para, el cabello crece y las flores se marchitan. La vida sigue siendo vida y la muerte sigue siendo muerte.
El reloj sólo sabe avanzar, ¿por qué yo no puedo ser igual? A veces es tan difícil seguir. Soy tan cruel conmigo misma, y tan cobarde. Tan cobarde que no puedo acabar con nada. Tan valiente. Tan normal.
Los amigos que se fueron, ¿cómo estarán? Sin duda ellos la pasan mejor que yo, sin duda ellos aprendieron a vivir, mientras yo aprendo cada día a morir. A veces pienso que las personas la pasan mejor cuando están lejos mío. A veces pienso demasiado.
La vida no para nunca, y ese es un problema enormemente grande. ¡Cómo quisiera que se detuviera tan sólo un segundo! Que la vida se detuviera mientras (te) beso, mientras le engaño a mi alma, mientras soy feliz fugazmente. Mientras me miran a los ojos en la calle. Mientras beso (tu) cuello y me besan(s) la frente. Mientras me miran(s) con amor. Que la vida se detenga cuando me toman la mano con fuerza y autoridad, cuando me hacen sentir que estoy donde debo estar. ¡Ojalá la vida fuera eso! Ojalá mi vida fuera en realidad aquel momento de felicidad efímera y perfecta.
Pero la vida sigue su curso. La vida sigue su maldito curso. A veces siento como si estuviese parada en una avenida principal sin moverme, mientras la gente pasa, los autos corren, el sol se va y es reemplazado por la luna. A veces siento que la vida avanza sin mí. Y me pregunto porqué. Porqué y mil veces porqué. Siempre me ha sido tan difícil responderme, cuando sé que las respuestas siguen dentro mío. Y es que todo es un poco más complicadamente simple de lo que parece. Y es hermoso. Y es horrible. Y es eternamente contradictorio.
Es extraño, ¿sabes? Ver que quizás, una amiga a la que no veías hace tiempo, se ha cortado el cabello. O que quizás a la que solía ser tu mejor amiga le creció el cabello corto. O que él se cortó el cabello como cuando le conociste. O que al final, todos vuelven a su estado de natural comodidad, mientras yo aún lucho día a día por encontrar ese estado, por estar conforme sin conformarme. A veces quisiera nunca haber perdido a esas amigas, nunca haber perdido a aquel amor, nunca haber perdido el contacto con aquellas personas que marcaron mi vida. A veces sólo daría mi vida por un segundo con aquel hombre que me mira desde el cielo. La vida es tan injusta, pero tan justa.
Esa niña que tenía granos en la primaria, ahora tiene un rostro terso y hermoso. Aquella que era gorda, hoy es delgada. Aquella que era extremadamente delgada, ahora luce un bikini sensualmente. Todos han cambiado. Sin embargo siento que yo no he cambiado. A veces siento que soy aquella misma niña gordita y tímida que teme profundamente comprar en una tienda y perder a sus abuelos, aquella de mirada seria y ojos grandes que reza noche a noche y que le encanta el helado de vainilla. Nunca he dejado de ser yo. Aparentemente, la vida me hizo saltar esa etapa de la adolescencia que todas mis compañeras del salón pasaron, aquella en la que tenía que haberme vuelto una sensual y hermosa jovencita. Terminé siendo la imitación barata de lo que un día sentí ser. Nunca fui nada. Nunca fui ni mierda.
Cambiar la fecha de mi teléfono celular no va a cambiar la fecha natural. La gente, allá afuera, seguirá su rumbo y yo deberé seguir el mío. El cabello de ella seguirá creciendo, y se enamorará más que nunca. El cabello de él volverá a crecer, pero yo no estaré ahí para verlo. Yo no estaré ahí para ver a nadie.
Quisiera, por un sólo día, volver a ver a todas aquellas personas que perdí o que me perdieron, porque al final es lo mismo. Porque al final si un día quise, nunca dejé de querer. Porque al final si me fallaron, me hicieron daño, pero no eliminaron el cariño que guardé dentro. Porque al final en mi corazón siempre hubo espacio de sobra y siempre me abandonaron. Porque al final todos son más felices lejos de mí.
Quisiera poder detener el tiempo en aquel momento de felicidad total, en una carcajada, en una mañana soleada.
Ojalá la vida fuera más que sólo vida. Ojalá mi vida fuera algo más que un libro lleno de fotos y palabras reproduciéndose una y otra y otra vez en mi cabeza. Ojalá las flores no se marchitaran y los cabellos no crecieran.