domingo, 27 de octubre de 2013

Inexistir

Día 300 de 365: la caída es tan larga que pareciera que nunca fuera a terminar. Sin embargo termina. Despierto de golpe.

Despierto asustada, un poco desorientada. ¿Dónde estoy? Luego reacciono y me doy cuenta que estoy donde siempre, en mi cuarto. El sol empieza a llenar la habitación y cada vez maldigo más el verano. Me doy media vuelta, intentando volver a dormirme. Acomodo mi cabeza en mi almohada y cierro fuerte los ojos, como quien quiere abrirlos y estar en un lugar diferente, ser alguien diferente. Pienso en él. No, hoy no quiero imaginar. Pienso en que estoy cansada de imaginar. Siento mis muslos y pienso que quizás sería mejor no haber despertado. Me quedo dormida de nuevo.
Despierto nuevamente y pienso que no quiero ir a estudiar. Luego me doy cuenta que es domingo, que hoy no tengo clases y me quedo un rato más en la cama. Un rato que pudo bien haber sido una eternidad, o dos minutos. Así pasa el tiempo conmigo, como si no existiera. El silencio llena mi cuarto. Es domingo y la gente está en familia. Es domingo y mi mamá no está en casa. Estoy sola, y por primera vez, no sé qué se siente estar sola. Es como si no existiera, como si fuera un ente flotante en un mundo lleno de gente. Un ente que nadie ve, que nadie entiende. No, no soy la adolescente incomprendida. Soy alguien normal, que hace cosas normales y que lleva una vida medianamente normal. Pero, si alguien se atreviera a conocerme... En fin.  

Pienso en si es que se habrá equivocado toda la gente que me dijo que era especial. ¿Qué podría tener yo de especial? Es decir, soy sólo un ser humano. Soy sólo una chica de casi dieciocho años. Soy una chica que se soba los ojos al dormir, que a veces no se arregla y que le gusta mucho el café. Soy una chica que le gusta escribir, que no destaca demasiado. No soy de perfil bajo, pero tampoco soy el alma de la fiesta. Soy una chica medianamente normal en un mundo medianamente normal. ¿Qué es lo que tengo de especial? Ser una persona solitaria no me hace especial, ni diferente. Ser una adolescente que se ríe mucho y llora mucho también, no me hace especial. Soy normal, soy común y corriente. ¿Qué tengo de especial?
Pienso en que lo que no importa es ser especial, en realidad, sino sentirse especial. Pero hoy... hoy no me siento especial, porque hoy no existo, y algo que no existe no puede ser ni sentirse especial, ¿o sí?


Me levanto y me quedo un momento sentada en el borde de mi cama. Fiel observadora de mi destino, veo cómo nada parece cambiar en este cuarto. El mismo color de pared de hace tres años, casi cuatro. Las mismas persianas. Pero yo no soy la misma, o sí, sí soy la misma. Quizás sea ese el problema. ¿Qué problema? Si yo no tengo problemas, si mi única obligación es estudiar. No, sí.
Pienso en qué es lo que tengo que hacer. Es domingo, quizás comer algo y sentarme frente al computador a desperdiciar horas de mi juventud, como siempre. Quizás avanzar un par de trabajos, hablar con un par de amigos, nada interesante en realidad.


Camino hacia la cocina, me preparo una taza de café cargado. Mientras espero a que el agua termine de calentarse pienso. Pienso en si estaré desperdiciando los mejores años de mi vida. Pienso en si, quizás, los mejores años de mi vida han pasado ya, y todo lo que queda sea pura monotonía y melancolía. Probablemente no. Estoy a puertas de los dieciocho años, tengo "toda una vida por delante". Toda una maldita vida, pienso. Quizás no sea tan malo, quizás no tenga que ver siempre todo de una manera tan negativa. Después de todo, no soy tan infeliz siempre. Ojalá alguien me conociera de verdad. Pero de verdad, que conociera que no soy una persona tan melancólica, pero tampoco soy tan alegre. Ojalá alguien me conociera y no se espantara. Pero, ¿qué puedo esperar? Quizás debería dejar de subestimar a la gente. Pero cómo no subestimarlas si día a día te demuestran que nacieron para ser subestimadas.

Me siento frente al computador. Todo sigue en silencio y no quiero poner música. Avanzo mi trabajo, hablo con un par de amigos, nada interesante en realidad. Se pasa el día. Los colores en mi cuarto cambian. Blanco, naranja, azul. Ya anocheció. Pongo un poco de música y empiezo a escribir. Se acaba otro día, mañana será lunes, mañana tendré que batallar de nuevo conmigo misma y con los demás. Mañana tendré que volver a existir. Mañana tendré que volver a hacerle creer a la gente que soy una universitaria promedio en una universidad promedio con una vida promedio. Lo usual. Mañana existiré hasta que pueda existir, y luego dejar de existir nuevamente. Mañana existiré, pero no seré.  Quizás eso me haga sentir especial ahora, pero mañana, mañana sin duda no me sentiré especial, pues mañana existiré mas no seré. 

Pienso en que la vida es eso, un constante soñar que te caes y levantarte de golpe. Un constante no existir, existir, ser y dejar de ser. Al menos, eso soy yo, un constante "no sé" y un interminable "quizás".

viernes, 18 de octubre de 2013

¿Quiénes son más ignorantes?

Desde que nací hasta los cuatro o cinco años aproximadamente, mi vida era perfecta, por así decirlo. Tenía la "suerte" de haber nacido "bonita" y de ser tranquila y educada. Mi vida fue perfecta hasta entrar al colegio, donde todo lo que yo creía de mí misma se fue cayendo a pedazos. Así hasta los primeros años de mi adolescencia, donde poco a poco traté de dejar atrás todos los prejuicios sociales que en los diferentes colegios me habían inculcado. 
El punto es que, a pesar de que ninguno de nosotros se considera racista, clasista, sexista, etc., todos, absolutamente todos hemos usado algún "defecto" en forma despectiva para herir a otro. Es decir, ¿quién no le ha dicho "negro" a alguien? ¿Quién no se ha peleado con alguien en el micro quizás, y ha terminado diciéndole "serrano de m..."? ¿Quién no ha insultado a alguien diciéndole que es gorda? ¿Quién no ha excluido a alguien de su grupo de amigos por ser tímido, poco agraciado, gordo, cholo, negro, gay, o incluso por ser mujer? Quien diga que no lo ha hecho es un mentiroso. Todos, absolutamente todos hemos herido a alguien. El problema es en qué momento lo hemos hecho. Es decir, no estoy excusando a nadie, porque nadie se libra de los pecados que ha hecho contra el prójimo, sin embargo me refiero a qué tan conscientes éramos de lo que hacíamos. 
A los cinco años, uno ya es más o menos consciente de lo que es bueno y de lo que es malo. Sin embargo, los niños son los seres más crueles que puede haber, ya que son directos. Pero más allá de los niños, ¿qué hay detrás? Detrás de ellos hay padres que sin pensar en si sus hijos los oyen, discriminan a alguien en la calle, en el mercado, en los restaurantes. Y a nadie parece importarle, porque los adultos "realizados" tienen ese estúpido complejo de superioridad. 
¿Qué acaso nadie se da cuenta del daño que pueden causar? La gente subestima los problemas de autoestima tanto que juegan con ello. Juegan y manipulan la autoestima de los más "débiles", de aquellas personas sumisas que no quieren hacer daño a nadie. Y hablo de todo tipo de gente. 
A los doce años un niño ya sabe lo que está haciendo, ya es consciente del dolor que puede causar. Es ahí donde deberían parar. Pero no, no paran. Y ese es el problema. Que no paran y que nadie los detiene, tampoco. Pueden mandarles una anotación en la agenda diciendo que el niño trató despectivamente a alguien. Pero eso no va más allá. Nunca va más allá. ¿Qué ganan? En estas épocas los padres ya no regañan a los hijos, sino a los profesores. 
Y con todas estas campañas que hay ahora en contra del bullying, ¿estamos haciendo realmente algo al respecto? ¿Qué es bullying para la gente? La mayoría de personas ve el bullying como golpear a un niño indefenso, nadie aun parece tomar conciencia en que las palabras dañan más que diez puñetes. Los golpes sanan, sin embargo, todo aquello que te dijeron quedará en tu consciente o subconsciente por el resto de tu vida. Sí, por el resto de tu vida. Así como yo no puedo olvidar todo lo que me dijeron cuando tenía cinco, ni cuando tenía diez, ni cuando tenía doce, ni hace dos semanas. Las personas no olvidamos, y el que cree que ha olvidado simplemente ha reprimido. 
A los quince años ya tenemos los prejuicios de todo tipo incrustados en nuestra psiquis. Aquí ya nadie puede pararnos, sólo nosotros mismos. Estamos en una época avanzada, ya no somos los niños inocentes de la época de nuestros padres. A los quince años ya se fuma, se toma, se tiene sexo. En esta época estamos, en esta época vivimos y es en esta época en la que debemos tomar conciencia de nuestros actos.
Y aquí es donde me pregunto ¿quién es más ignorante? ¿Es más ignorante aquel que juzga o aquel que no dice nada al ser juzgado? ¿Quién es peor? ¿El que golpea o el que se deja? Al parecer nadie sabe el verdadero significado de ser ignorante. Todos somos ignorantes, pues nadie es dueño de la verdad, todos tenemos cosas que ignoramos. El discriminar a alguien no nos hará superiores, nos hará ver la clase de persona que somos. ¿Y qué somos? Gente que no es feliz con lo que es, gente que cree que minimizando a alguien se sentirá mejor. La discriminación es como una pelea matrimonial. En ella, no hay sólo un culpable, sino los dos. Somos culpables los que discriminamos y los que dejamos ser discriminados. 
En pleno siglo XXI la discriminación y el bullying es un problema que sigue vivo. Y a nadie parece importarle. Han salido leyes en contra de la discriminación, pero a nadie parece importarle tampoco. 
"La educación empieza de casa" suelen decir. Y esto es lo que, como jóvenes, deberíamos hacer. Sacarnos un poco de estos estúpidos prejuicios sociales y empezar a preocuparnos más por quiénes somos y cuánto valemos como personas. Un título no te hace mejor persona. Un título no te va a comprar la autoestima. No tener educación no te hace peor. Ser gorda no te hace menos bonita. Ser gay no te hace menos humano. Ser negro, cholo, chino o blanco, no te hace diferente. Deberíamos sentirnos agradecidos de ser todos diferentes, pues esa es la sazón de la vida. Hay para todo gusto. ¿Se imaginan si todos fuéramos blancos, rubios, de ojos azules y delgados? ¿Se imaginan si todos fuéramos iguales? 
Y en este punto, llamo a una autoevaluación. ¿Quién es peor? ¿Quiénes son más ignorantes? ¿Los cholos o los que choleamos? 

No suelo escribir cosas sobre estas, sin embargo vi un documental en el cual hablaban sobre el racismo en el Perú, y a pesar de saber que no a mucha gente le interesa este tema, decidí escribirlo. El bullying va más allá de lo que la gente piensa. Sólo aquellos que hemos sufrido bullying sabemos cuánto duele y cuánto afecta nuestras relaciones interpersonales y nuestra autoestima. No quiero sonar a libro de auto ayuda, pero en serio tenemos que re evaluar quiénes somos y qué rol jugamos en este mundo. Pero basándonos en nosotros mismos, y no en los demás. Se supone que deberíamos evolucionar, sin embargo sólo evolucionamos para hacerle más daño a las personas. 
Este no es el mundo en el que yo quiero vivir. Este no es el mundo que quiero para mis hijos