domingo, 6 de abril de 2014

La cuestión

Las palabras se escriben, se borran, y se vuelven a escribir. Ojalá fuera así con esta historia. Ojalá pudiese borrar y volver a escribir esta historia. Sin embargo aquí estoy, escribiendo esto por no poder escribirte a ti, por no poder escribirnos a los dos, juntos y sonriendo, como cuando aún vivíamos.

Hace un poco de frío y es domingo, como cada noche que suelo escribir. Tengo esta cosa con los domingos, esta que me hace volver unos años atrás, cuando yo era tan feliz y no me importaba nada. Tantas veces soñé con crecer, tantas veces quise ser mayor, ser independiente. Y jamás, juro que jamás, pensé que las cosas resultarían así, al revés. 
Me pregunto cuántas historias de amor habré escrito ya en mi mente. Yo no suelo ser una persona romántica, sin embargo, supongo que en el fondo soy una romántica sin remedio. Una niña que aún busca su gran historia de amor, y que se pregunta día a día si quizás, ya la tuvo, muy pronta y apresurada.
Quisiera escribir de nuevo esta historia, mi historia, desde el principio. O, al menos, desde que todo comenzó. 
Cuántas cosas cambiaría... Y no quiero pensar que todo pasó por algo, hoy no quiero pensar que algo grandioso me espera. Hoy no quiero tener fe, ni creer en Dios ni en la virgen ni en los santos. Esta noche estoy bien así, pensando en cuán perfecto todo habría sido si yo hubiese sido un poco más inteligente.
Quizás mi alter ego y yo habríamos estado mejor, quizás él no habría partido, quizás hoy por hoy ya estaría casada con él. Quizás yo no estuviese en el hospital hoy, y él no estuviese en París viviendo una vida en la que, estoy segura, vagamente se acordará de mí. Quizás yo habría sabido buscar ayuda en su momento.
Es tonto, cómo todo puede simplificarse simplemente a una persona, cómo una historia puede cambiar repentinamente si alguien, insignificante en el mundo, se va de viaje. Es tonto cómo todo pudo cambiar si yo simplemente le hubiese podido decir "quédate, por favor", en lugar de pedirle que se vaya. Hay errores que llevaremos en nuestras espaldas hasta el día de nuestra muerte.
Y yo... yo sólo quiero sacarme esta mochila de encima y poder respirar con tranquilidad. Como antes, como cuando tenía 15.

Pero la cuestión es que, ya no tengo más 15 años. Ojalá hubiese sabido todo antes. 

Yo pensaba que era inteligente, pero ¿qué tan inteligente fui en el fondo, saboteando mi propia vida? A veces pienso que todos somos seres vivos un poco asustados, y con unas ganas inmensas de escribir algo mejor, de vivir algo mejor.

Pero la cuestión es que, ya no tengo 15 años, y ya no me queda más vida que dar ni a mis historias, ni a mí.