martes, 13 de enero de 2015

Buenos días

6:48 a.m.

¿Qué estás haciendo?
Acabo de salir de la ducha y me preparo una taza de té. Aún en toalla, me siento en el borde de mi cama y miro el vacío, ignorando a la taza quemando la palma de mi mano.
Pensaba en lo que tenía que hacer en el día. Era muy extraño para mí estar despierta tan temprano por mi propia cuenta. Hacía mucho, mucho tiempo que no lo hacía. O quizá nunca lo hice. Siempre que despertaba temprano era porque tenía alguna obligación por cumplir. Pero esta vez era diferente, y se sentía tan extraño hacer cosas por mí misma. Sobre todo se sentía muy extraño hacer cosas para mí. Para mí y nadie más.
Ahí estaba. Sentada con una taza infantil sin que me importara realmente. Sintiéndome extraña. ¿Qué estaba haciendo?


7:35 a.m. 

Las cosas no pasan por algo.
Me recuesto y observo el techo. Podría quedarme así todo el día. Estar en toalla me da cierta tranquilidad, no sabría explicarlo. Sin embargo pienso y a pesar de sentirme bien, me siento tan triste. Profundamente triste. Pienso en todo lo que he perdido en los últimos meses, en lo mal que me ha ido. Es muy temprano para lamentarse, pero ahí estaba yo como siempre, dándole la contra a todo.
Me encuentro a mí misma diciéndome "las cosas pasan por algo, todo pasa por algo", para luego darme cuenta de lo mediocre que esto suena. ¿Por qué las cosas siempre tienen que suceder por alguna razón en especial? Entonces me di cuenta. Las cosas no pasan por ninguna razón en especial, no siempre al menos. El universo tiene cosas más importantes que hacer que conspirar para que a nosotros no nos pase algo. Quizá eso que nos molesta no habría pasado si hubiésemos hecho las cosas diferentes. Pero a la gente le encanta excusar sus desgracias. Todo es más fácil si le echamos la culpa a otra cosa. Pero dentro, muy dentro, sabemos que no es así. 
Entendí entonces que el consolarme diciendo que las cosas pasan por algo, en verdad era taparme los ojos y no aprender de mis errores nunca. 
Las cosas no pasan por algo. No siempre, al menos. 


8:16 a.m.

Reinventando. 
El cabello se me aclaró de nuevo. He llevado meses tratando de oscurecerlo. 
Me levanto de la cama automáticamente. Hoy no tengo ganas de nada, sin embargo quiero hacer las cosas. Pongo un poco de música y fabrico mis ganas de vivir nuevamente. Es difícil, para alguien con depresión, poder hacer todo lo que yo hago. He pasado tantos años hundida que creo que es hora de moldear una nueva yo, o al menos creérmelo. 


8:20 a.m.

Tranquila.
Todo va a estar bien. Todo va a estar bien si tú quieres que esté bien. Tranquila. Me lo repito una y otra y otra vez. Hoy va a ser un buen día. Hoy tiene que ser un buen día.