domingo, 22 de marzo de 2015

Así se ven los sueños rotos

Te levantas una mañana y los rayos de sol ya no te hacen feliz. Te estás quemando la pierna y la persiana de mierda que no cierra. 
Tienes una ballena azul al pie de tu cama. Pero tú simplemente no la quieres ver. Así se siente.


Aquella mañana me sentía como ese profesor de matemáticas, que sabía las respuestas a los problemas y sin embargo no podía decirlos. No en voz alta, al menos. Me sentía como el avestruz, intentando que mis problemas no me vean. El asunto es que yo seguía allí. Los problemas seguían allí. Toda la mierda seguía allí. Y no quería decirlo en voz alta. 



Me vi en el espejo y vi unas ojeras que sobresalían incluso con mi fallido bronceado. Vi una cola de caballo deshecha por las mil vueltas que me di al dormir anoche. Vi un granito en la frente y otro en la mejilla derecha. Vi tristeza. 



Mi cuarto era un desastre, tenía toda mi vida regada por el piso y no era capaz de recogerla. Mi teléfono tenía muchos mensajes sin leer, pero ninguno era de él. Tenía muchos mensajes, pero ninguno de mis mejores amigas. Tenía muchos pretendientes, pero ninguno era él. Ninguno se le parecía si quiera un poquito. 



Sales de casa y todo lo que ves son caras, todo lo que ves son miradas que no significan nada para ti. Ves los autos pasar, las luces del semáforo cambiar. Y allí estás, parado en medio de la autopista esperando que un trailer pase sobre ti, preguntándote qué carajos has hecho mal si todo está bien. Es que esta gente de mierda, puta madre. Estás cansado de que te juzguen sin saber. Cansado de la gente que quiere hacerse la interesante, de los que asumen totalmente mal. De los que piensan que extrañas a tu ex si hablas de ella. Estás cansada de los que te dicen puta porque te comiste a alguien el fin de semana pasado. Estás cansado de los planes para el sábado, cuando sólo quieres dormir y ser un avestruz. 




Mis uñas se están despintando y no tengo ganas de pintarlas. Se acerca mi cumpleaños numero veintitrés, ¿qué estoy haciendo con mi vida? Ya debería haber terminado la universidad. Pero sigo aquí. Buscando mensajes, intentando no pensar en lo que antes pensaba me hacía feliz. 



Caminas un poco encorvada, un poco ida. Ya no te importa mucho desenredar tus audífonos ni hacerte una cola de caballo para ir a la universidad. Tienes los mismos jeans que te pusiste ayer, pero ¿qué importa? Te ríes de un chiste que no da risa, pero da igual. Apagas el despertador sin esperar que vuelva a sonar. Te duermes sin esperar un buenas noches de alguien. Porque no tienes un alguien, o quizás si lo tienes. Pero tú no eres el alguien de tu alguien. Eres un corazón roto. Eres más que eso.



Soy un corazón roto. Un alma perdida. No sé si podría explicar lo que se siente ver tu vida, o lo que creías que era tu vida, resbalándose de tus manos, desmoronándose poco a poco y no sentirse capaz de hacer algo al respecto. Pero puedo explicar cómo se ve. Se divisa entre las voces entrecortadas, entre las carcajadas más fuertes de lo normal, entre los shots uno tras otro, entre lavar los platos sin que te lo pidan. Se ve en crecer. Así es como se ven los sueños rotos. Justo así.