viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre el dolor

"La vida sigue", suelen decir. Hoy esa frase me ha dado vueltas en la cabeza una y otra vez. ¿La vida sigue? ¿Qué me confirma que la vida sigue? Algunos podrán decir que un nuevo amanecer lo confirma, pero esto es algo muy general. Demasiado general para responder a una frase que supuestamente se le dice a una persona que está con algún dolor emocional. 

Entonces me puse a pensar, ¿qué es la vida?
Sin volverme existencial llegué a la sencilla conclusión de que la vida es vivir. Y que vivir implica una cantidad equis de cosas. Y digo equis porque, así como algunos disfrutan de cada pequeña cosa de la vida, otras disfrutan apenas de unas cuantas. Es aquí cuando me doy cuenta de que en el momento en que esas cosas que antes te gustaban han perdido su encanto, es cuando has dejado de vivir. Y no me refiero a vivir como sinónimo de "tener vida" o "estar vivo", porque estar vivo nunca ha sido suficiente. No para mí, al menos. Me refiero a despertar y de verdad querer estar despierto.
Sin embargo, y aclarando, este es sólo mi concepto.


El problema de la vida - y esta vez hablo en sentido general - es que siempre encuentra la manera de sabotear tu felicidad. Sí. No es que sea pesimista (o quizás sí lo soy); es que nunca he podido dejar de ver a la vida como una maldita montaña rusa. Yo sé que muchos la comparan con eso, pero en verdad no sé si entienden completamente lo que eso conlleva.
A mí me gustan las montañas rusas, me gustan los nervios de cuando está por arrancar, la adrenalina de la velocidad, de estar en lo más alto y verlos a todos tan pequeñitos, la sensación en el estómago en los descensos rápidos. Me gustan. Es irónico que no encuentre divertida - no en momentos de dolor, al menos - la analogía vida - montaña rusa. 


Hay veces en las que se muere alguien, te rompen el corazón, te peleas con tu mejor amigo, con tus viejos, con quién sea; en las que sientes que tu vida llegó a su fin. No literalmente - espero -, pero sientes que cada bocanada de aire que tomas es como un puñetazo en la garganta, que unas manos gigantes te estrujan el estómago, que te va a dar un infarto en cualquier momento. Al menos así me siento yo.

Cuando algo - o alguien - me duele, se me cae el mundo. Y creo que una de las principales razones tiene que ver muchísimo con los planes. Los planes. Los malditos planes.
Cuando estoy bien, suelo hacer muchísimos planes. Los haga sola o en compañía, estos son la gasolina que me mantiene en funcionamiento. Estas promesas tácitas de que lo bueno va a durar, de que tiene que durar para poder cumplirlos. Pero la realidad es que muchas veces no duran. O al menos no he tenido la suerte de que duren. Cada que un plan ha tenido la suficiente fuerza emocional como para que agradezca un amanecer, la vida, el destino, o mi autosabotaje interno, han decidido que es tiempo de que algo se termine, se rompa, o se destruya, y que este plan termine en la papelera de reciclaje. Sí, en la papelera de reciclaje. Porque, como muchas personas, siempre guardo esperanzas de poder reconstruirlos.

Yo puedo sobrevivir a un dolor. Sí puedo. Mas a la vida no le basta con uno sólo, no señor. Ella te manda uno tras otro, como si uno no fuese suficiente. Te manda mil. Te acribilla. 

El estar adolorida emocionalmente es agotador. Porque no te queda más gasolina, tu existencia hace ese molesto ruido de un auto que no enciende. Tú no enciendes. Y en ese momento, no estás con vida. En ese momento todas las flores del mundo se marchitan, el sol se opaca, los chistes hacen que nazcan las partes sociópatas en ti, la gente te duele. 

Podría escribir y seguir escribiendo sobre esto. Ese es el tema con el dolor. Que nunca se puede hablar suficiente, porque nunca es suficiente. Aparentemente nunca es suficiente dolor. No hay límites de sufrimiento emocional, y la vida te trata como se le da la reverenda gana.

Honestamente no creo que la vida continúe cuando uno está triste. Más bien, pienso que se estanca. Se queda ahí, quietecita, hasta que en algún momento llegue alguien y te eche gasolina, o consigas fuerzas para echártela tú mismo.  

Mientras tanto, estoy aquí. Oliendo la gasolina tan de cerca, pero sin tener fuerzas para tomarla. Porque tomarla implicaría hacer planes nuevamente.Implicaría retomar el ciclo. Y es agotador.

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