martes, 1 de agosto de 2017

¿Ya me puedo quitar la escarapela?

Oficialmente nos encontramos en Agosto. He usado mi escarapela desde la quincena de Julio y en verdad no entiendo porqué. Supongo que quería resaltar lo último de patriotismo que quedaba escondido en algunas de las esquinas de mi cuerpo. 
Estuve pensando, todos estos días, en por qué las personas se enojan cuando un peruano se va a vivir a otro país, o usa jergas extranjeras. ¿Por qué les dicen alienados? ¿Por qué les dicen cobardes por "no quedarse en su patria"? ¿Honestamente les preocupa nuestra identidad cultural, o simplemente están envidiosos de no poder estar en su lugar? No estoy segura de ninguna de las respuestas, porque en mi caso, la única vez que le dije alienado a alguien, fue la vez en la que me moría de ganas de estar esquiando en otro lugar y no compartiendo memes en Facebook.


Escuchado llorar la guitarra de Los Morochucos, pensé en qué motivos me había dado mi Perú de amarlo, de sentirme orgullosa de decir "soy peruana"  (y no, no como paloma), de inflar mi pecho y cantar el himno nacional - el cual, por cierto, no me sé de memoria -.

Le deseé entonces felices fiestas patrias, a esos compatriotas que me dijeron gorda en el colegio, a aquellos hermanos peruanos que me dijeron fea a los 11 años, a esos grandes hinchas del país que me gritaron groserías en la calle y me hicieron sentir insegura desde los 12, a ese hermoso compatriota que me metió a un lugar y me quiso manosear, a esos representantes de nuestra nación que se dicen presidentes y que le han robado a mis padres, a mis abuelos y a los padres de mis abuelos... y que me robarán hasta el día en que muera. 


Felices fiestas patrias, le dije a mi alter-ego mientras preparaba un plato de pasta escuchando "Cuenta conmigo Perú"; escuchándoles decir que todos los peruanos somos hermanos y que debemos estar unidos... ¿Unidos? Hermanos unidos que protestan en plena Javier Prado en contra de la igualdad de derechos para la comunidad LGTBQ, pero unidísimos, eso sí. Hermanos unidos para defender la belleza de Machu Picchu, para decirle a los chilenos que el Pisco es peruano y a mucha honra, carajo; unidos hasta para evitar en conjunto ayudar a una persona a la que están asaltando. Todo lo hacemos en mancha, caray.

Este hermoso país que me vio nacer me ha llenado de penas. Este hermoso país que no me dio una educación psicológica, o sexual; sino que me enseñó que si uso falda estoy provocando y que si no quiero tener hijos entonces para qué vivo. Este hermoso país que me repitió durante toda mi infancia que como yo era blanca, seguro iba a conseguir el trabajo que quisiera. El que subestimó mi inteligencia por ser mujer, por ser de Miraflores, por no saber "nada de la calle". 


Pero hay algo que me ha dado mi Perú que no me lo habría dado ni Japón: amores. Este país me ha dado una mejor amiga chilena, la cual evitó que yo tuviera esa  tradición peruanísima de odiar a nuestro país vecino. Me ha dado un amor de novela. Me ha dado una madre limeñísima. Pero por sobre todo: me ha dado arte. 

La nostalgia natural del hombre peruano es lo que aún me mantiene ligada a sentir orgullo de mi país. Orgullosa de la literatura peruana, la belleza del cielo aburrido de Lima, de la neblina de Miraflores, de las construcciones del centro de Lima. 

No sé si estoy enamorada de mi país. Quizás del país como tal, sí. De su cultura, de su música, de su comida, de sus tradiciones y de su literatura. Pero no de la gente. Jamás me he sentido parte de ningún lado, jamás sentí que perteneciera totalmente en algún sitio. Jamás sentí ese calor que dicen algunos sentir al estar rodeados de compatriotas. Nunca. Pero quizás ese es problema mío, y en realidad no haya ningún problema con la gente del Perú. 
Quizás fui yo la que nunca aprendió a adaptarse y prefirió vivir en un país ficticio que empezaba por la Costa Verde y terminaba en mi subconsciente. 

En fin, que ya es primero de Agosto y creo que ya es momento de guardar mi escarapela, ¿no es lo que todos hacen? El orgullo peruano sólo dura el 28 y el 29. Felices no fiestas patrias.


(Fotografía: Renzo Salazar/ Perú 21)

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